¿Está a salvo la democracia europea?

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Europa está viviendo unos procesos históricos y políticos que pueden hacernos preguntar por la salud de nuestras democracias y por su futuro. ¿Está la democracia a salvo? ¿O la evolución de Occidente solo puede llevar a un mantenimiento de una democracia que se expanda por los horizontes más intransigentes? Para responder a estas preguntas traeré a colación tres teorías que nos van a hablar del futuro de la democracia.

Todo desarrollo democrático de los Estados parece partir de la Ciencia. Es fácil comprender que la riqueza de las sociedades parte del desarrollo científico de los Estados. Puede haber casos en lo que evidentemente la riqueza surja en forma de petróleo del suelo, pero este no es la tónica general. La Ciencia, además de satisfacer nuestras necesidades de bienestar, es necesaria para la protección de un país, para su desarrollo militar. Por lo tanto, partimos del hecho por el cual ningún país podría desechar la Ciencia cono algo inútil. Para comprender por qué los países desarrollados científicamente son democráticos, tenemos que reflexionar sobre los cambios sociales que hace la Ciencia. El desarrollo científico requiere de una educación específica: necesita la creación de escuelas, institutos, universidades… Requiere una población educada en el debate, en la discusión, personas que antes de aceptar argumentos de poder pidan pruebas. Como vemos, el mecanismo interno de la Ciencia es democrático, se imponen las ideas que tengan argumentos más sólidos a su favor, independientemente de quien sea quien lo dice. Esa población educada en los debates científicos no aceptarán ser tratados como niños en la vida política, sino que llevarán esa mentalidad científica a los temas políticos.

Talcott Parsons es uno de los sociólogos más importantes del siglo XX. Parsons observó que el desarrollo de la Ciencia hace que la estructura social de un país se vuelva muy compleja. Imaginémonos una sociedad tradicional y campesina. Esta es una sociedad con una estructura social muy simple, formada por una gran masa de campesinos y una pequeña élite de propietarios de tierras. Si esta sociedad deja de ser agrícola, pasa a ser urbana, empieza a haber una clase media, se desarrolla un importante sector terciario, educación, sanidad pública… La estructura social se vuelve muy compleja, la sociedad empieza a estar dividida, no en dos grandes grupos, sino en múltiples grupos, porque además, si esa sociedad empieza a crecer económicamente de una manera muy rápida, atraerá a grandes masas de inmigrantes desde otras sociedades y países. Lo que dice Parsons es que, gobernar en una sociedad donde la estructura social es muy compleja, acaba exigiendo al final la democracia, porque todos esos grupos solo admitirán como juez imparcial entre todos sus intereses a un gobierno democrático que es el que puede mediar entre los intereses de todos esos grupos que ahora son muchos. Luego lo que viene a decir Parsons es que hay como una secuencia causal que sería: desarrollo científico de una sociedad lleva a complejidad social y esta lleva a democracia. Simplificando el primer argumento sería:

CIENCIA                          DETERMINADO TIPO DE EDUCACIÓN                         DEMOCRACIA

Nuestro segundo argumento es:

CIENCIA                                   COMPLEJIDAD SOCIAL                                     DEMOCRACIA

No puede haber una sociedad muy compleja, con múltiples clases sociales, cada una con su propia perspectiva y que no acabe habiendo un gobierno democrático.

Si decíamos que Parsons es seguramente el sociólogo de lengua inglesa más importante del siglo XX, el sociólogo alemán más importante del siglo XX es Weber. Max Weber, en su teoría sociológica, defendía la idea de operar con tipos ideales que nos van a ayudar a descubrir el futuro de la democracia con tres tipos de legitimidad política. La legitimidad tradicional, carismática y legitimidad racional.

– Legitimidad tradicional:

Aceptas que una persona te gobierne porque pertenece al grupo o a la familia que siempre ha gobernado. Es como la legitimidad hereditaria, la legitimidad de las monarquías donde hay una sucesión.

– La legitimidad carismática:

Aceptas que una persona es legítima para gobernar porque le ves con carisma, con capacidades sobresalientes que consideras que tú no tienes y aceptas su mandato. Por ejemplo, si cogiéramos un caso histórico como el de Alejandro Magno, veríamos cómo la legitimidad de Alejandro es una legitimidad tradicional; este gobernaba porque era hijo del rey de Macedonia. Pero seguramente no podríamos explicar el gobierno de Alejandro que se extiende por el mundo si no pensáramos que había un elemento de carisma, de personalidad sobresaliente, heroica.

– La legitimidad racional:

Aceptas que alguien te gobierne porque tú lo has elegido.

En la vida de cualquier sociedad todos estos ideales pueden estar muy mezclados. Si estos son los tres únicos modos de legitimidad racional para gobernar, ¿cuál de estos tres tipos de legitimidad es más compatible con la Ciencia? Weber piensa que la legitimidad tradicional no es compatible con la Ciencia porque se basa un poco en el respeto al pasado. Pero la orientación temporal de la Ciencia es hacia el futuro. La Ciencia no nos enseña a respetar el pasado, sino a criticarlo, a revelarnos contra él. Justamente esperando mejorar nuestra situación, luego parece difícil que en una sociedad donde funcione la mentalidad científica pueda haber respeto por la legitimidad tradicional. ¿Qué ocurre con la legitimidad carismática respecto con la Ciencia? Ocurren dos cosas. En primer lugar, la Ciencia rompe muchos mitos, nos enseña que todos los hombres somos iguales, no nos permite creer en príncipes más sabios que el resto de humanidad. Y además, esta legitimidad tiene un problema y es ¿qué ocurre cuando el líder carismático muere? Pues que ésta acaba derivando en legitimidad tradicional. Las legitimidades carismáticas para pervivir acaban convirtiéndose en legitimidades tradicionales. Por descalificación de sus adversarios la única estructura de gobierno permanente que parece compatible con la Ciencia es la legitimidad democrática.

Todos estos argumentos parecen mostrar que el futuro de la democracia está garantizada por el avance imparable de la Ciencia. ¿Debemos temer por tanto a los grupos políticos más extremos que están ganando posiciones en las listas electorales? ¿Pueden los sucesos históricos que están afectando a Europa durante estos años mermar la salud de la democracia? ¿Es la Ciencia la penicilina de cualquier mal que intente atacar los cimientos de nuestras democracias? ¿O realmente son los procesos económicos, propios de Occidente, los que están haciendo peligrar nuestros modelos de sociedades?

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