¿Por qué ha fracasado la tecnología 3D en los televisores domésticos?

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Corría el año 2009 cuando se estrenaba una película que ese año revolucionó el cine tal y como se había conocido hasta el momento. Esa película no era otra que la archiconocida Avatar, una obra dirigida por James Cameron.

Su estreno tendría lugar en Estados Unidos en mayo del 2009 pero la productora decidió aplazarlo a nivel mundial hasta diciembre de ese mismo año, al comprobar que no existía un parque de salas de cine suficiente que tuviesen tecnología 3D y poder así garantizarse que la distribución fuese un éxito.

La fiebre por el cine 3D que se produjo a partir del triunfo en las carteleras de Avatar fue recogida por los fabricantes de televisores, que comenzaron a introducirlo de forma masiva en sus equipos y redirigieron sus estrategias de marketing a crear la necesidad del 3D doméstico en el gran público.

El primer fabricante que se lanzó a la comercialización del 3D en sus televisores fue Panasonic, pero en seguida se sumaron otras marcas como LG, Samsung o Sony. Cada fabricante sacó al mercado sus productos basados tanto en gafas de 3D activas como 3D pasivas.

Pero menos de una década después se ha constatado que la tecnología 3D en el mercado doméstico ha sido un rotundo fracaso y los pocos fabricantes que todavía lo siguen introduciendo en sus televisores lo hacen sólo en los modelos de gama alta y con una tendencia que se intuye que llegará a la desaparición total en breve.

Varios han sido los motivos que han propiciado este fracaso tan estrepitoso de una tecnología que en sus comienzos parecía que se iba a convertir en un imprescindible en cualquier televisor del mercado.

  • El principal motivo de este fiasco es la falta de producción de contenidos en 3D. Muchos usuarios se encontraron, tras haber adquirido sus flamantes televisores, que no existía apenas en el mercado contenidos en 3D a los que pudiesen acceder. La producción de contenidos en 3D se multiplica por un factor muy elevado en comparación con los contenidos normales por lo que las productoras no se han aventurado masivamente a realizarlos.
  • Tanto los televisores con 3D como los pocos contenidos que se podían adquirir tenían un precio bastante elevado, lo que hacía que muchos usuarios lo considerasen una prestación demasiado cara para la utilidad que satisfacían.
  • Otro elemento de disgusto de muchos de sus usuarios con el 3D es la sensación de incomodidad que les producía su consumo. Esta incomodidad quedaba plasmada en quejas sobre vista cansada, mareos, etc.

Llama la atención que en contraposición con el fracaso del 3D esté el éxito de la misma tecnología en las salas de cine, donde sigue teniendo una gran aceptación por parte del gran público.

Esta dicotomía en la preferencia en el consumo de una misma tecnología les da a los fabricantes una pista para los lanzamientos de futuros avances. No todo lo que un consumidor valora en su ocio es aceptado a la hora de introducirlo en su hogar.

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