Chartres, la fe del Gótico

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Tradicionalmente, se asoció a la aparición del gótico la utilización del arco ojival como respuesta a un problema constructivo: para alcanzar una mayor altura era necesario distribuir las cargas de la construcción a través de un nuevo sistema arquitectónico, basado en el pilar y la columna adosada como soportes, mientras que el muro se aligeraría y desviaría el peso a través de los arbotantes.

Fachada de Chartres. Fuente: http://luciadizni.blogspot.com.es.

Sin embargo, para autores como A. E. Brandenburg y Kenneth Clark, no fue una cuestión técnica la que impulsó a los arquitectos europeos a engendrar la catedral gótica, sino espiritual. En una época percibida por los humanistas del Renacimiento como una época oscura, envuelta en las sombras de la superstición, el hombre medieval se inspiraba en la luz de la fe para dar una respuesta a sus inquietudes físicas, intelectuales y espirituales. Cuando el abad Surges se propuso la construcción de Saint Denis, probablemente lo que despertara su preocupación fuese si en su proyecto se trasluce la figura de Dios, si se alzan lo suficiente sus muros para abandonar la tierra y alcanzar el cielo.

Prueba material de esa mentalidad espiritual del hombre espiritual del medievo es el origen de la catedral de Chartres, uno de los típicos ejemplos del gótico francés. Al parecer, tras su derrumbamiento en el 1194, se desenterró una escultura de la Virgen entre los escombros, que inspiraría la reconstrucción del edificio. Según las crónicas, el ambiente era sumamente fervoroso, con una entrega incondicional a la construcción, en la que colaboraron indistintamente hombres y mujeres, señores y damas. No obstante, hubiera sido imposible de no ser por la contribución de la monarquía francesa, regida bajo la dinastía de los Capetos, y del cabildo de la catedral, que apartaría las rentas durante tres años, acumulando así unas 750.000 libras, lo que constituye una cifra considerable. 1

El sistema constructivo del denominado estilo gótico permite integrar una elevada altura y la presencia de grandes y numerosos ventanales. Fuente: es.pinterest.com.

Dentro, la catedral se muestra imbuida por un halo espiritual. La organización de las tres naves presentó un reto para su ejecución, puesto que la nave central poseía una altura considerablemente mayor que las laterales, de manera que resultaba imprescindible la introducción de otros elementos que asegurasen la estabilidad del edificio. Uno de ellos sería el cambio de la bóveda sexpartita a la bóveda cuatripartita rectangular. La razón estriba en que la bóveda sexpartita, utilizada en otras catedrales francesas como Noyon o Sen, se componen de cuatro puntos de apoyo fuertes y dos débiles, lo que implicaba una alternancia en el grosor de los soportes, que podía resultar perjudicial para la unidad del conjunto. Sin embargo, el maestro de Chartres diseñaría una ingeniosa solución a través de la creación del pilar acantonado: consiste en el uso de un pilar central al que se adosan otras cuatro piezas más, mediante las cuales podía conseguir la conexión entre la columna y las cubiertas de las naves central y lateral, así como de las arcadas que delimitan a ambas. 2

Esta solución arquitectónica permitió garantizar la estabilidad de la nave central sin renunciar por ello a su enorme altura. Fuente: es.pinterest.com.

Sin embargo, la solución más innovadora en ese sentido que introdujo el maestro de Chartres en el proyecto de esta catedral únicamente es visible desde el exterior. Los arbotantes dispuestos entre la unión de transepto y cabecera ofrecen una mayor complejidad, pues de un único contrafuerte nacen dos arbotantes que corresponden a distintos muros. La delgadez de las columnas y los óculos, abiertos en las enjutas, proporcionan una sensación de ligereza de suma belleza. Sin embargo, la inclusión de los macizos arbotantes superiores en el siglo XIII, supuestamente porque los primeros quedaron demasiado bajos, empaña esa ligereza con una pesadez material que desgraciadamente nos impide visualizar nítidamente los elaborados por el maestro de Chartres.

Vidrieras del transepto septentrional. Fuente: http://jaimelafrance.tourisme.fr.

Quizás cambiase la concepción del gótico sin la presencia de las vidrieras que, convertidas en auténticos lienzos, arrojaban luz a una composición semejante a la pictórica, estallando en una explosión de colores. En el centro del rosetón se representa a la Virgen y el Niño, rodeados por el Espíritu Santo, ángeles, los doce reyes de Judá y los apóstoles. Las ventanas inferiores corresponden a Melquisedec, David, Salomón y Aarón. En las enjutas, encontramos curiosamente el emblema heráldico de las coronas francesa y castellana, lo que resulta razonable al saber que la regente de Francia, Blanca de Castilla, las donaría en el 1227. 3

Aunque mucho más arcaicas, Kenneth Clark considera de valor este grupo escultórico como posible indicativo de que se conociesen restos de la antigua escultura griega. Fuente: es.pinterest.com.

En lo referente a la programación escultórica, es interesante estudiar el pórtico central del transepto norte, por leve y, a la vez, importante liberación expresiva que muestran las esculturas de los patriarcas del Antiguo Testamento. Ello les confiere una mayor caracterización individual, en sus rostros y barbas. Sin embargo, para Clark no es menospreciable el pórtico principal, pues aunque palidece técnicamente frente al anterior, sí que se vislumbra una cierta estilización e hieratismo que inevitablemente nos recuerdan a las esculturas griegas arcaicas, lo que podría implicar la posibilidad de que el maestro escultórico de Chartres hubiese visto piezas esculpidas de la antigua Grecia en el sur de Francia. 4

No obstante, la advocación de Chartres a la Virgen María no parece que fuese caprichosa ni puntual. Aunque Carlos el Calvo en el 876 donó a la ciudad una valiosa reliquia, la túnica que vistió la Virgen en la Asunción, lo cierto es que no despertaría un culto atrayente hasta el siglo XII y su presencia en las manifestaciones del arte hasta entonces es escasa. Sin embargo, después de la construcción de Chartres nacieron otras grandes construcciones dedicadas a la Madre de Dios, como en París, en Amiens o en Reims. Tal vez fuese fruto de una lenta transformación de la mentalidad cristiana y no tanto de este templo. Sin embargo, fue ella la motivación de que se erigiera una belleza monumental como la que continúa sosteniéndose firme en Chartres. Y quizás sin esa fe que inspiraba e iluminaba las mentes de la Edad Media, el gótico jamás hubiera resplandecido entre las tinieblas de la época oscura.

Notas:

  1. K. Clark, Civilización, Madrid, Alianza, 2013, pp. 100-104.
  2. J. Salvat (Dirección), El Gran Arte en la Arquitectura, vol.13. El Gótico (I), Barcelona, Salvat, 1992, pp. 609-610.
  3. Ibidem, p. 610.
  4. K. Clark, Civilización…pp. 97-98.

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