La evolución del Informe Anual de Seguridad Nacional

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El Informe Anual de Seguridad Nacional (IASN) 2016, que fue aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional (CSN) el 20 de enero de 2017 y presentado a los grupos parlamentarios el pasado 14 de febrero en sesión de la Comisión Mixta de Seguridad Nacional, es un documento denso (178 páginas) pero que ha evolucionado a mejor desde su primera edición, la correspondiente a 2013. Este proceso en el tiempo le ha llevado a ser un texto con mayor concreción, aunque mantiene distinto nivel de calidad informativa según los apartados de que se trate.

Se trata de un documento útil, que ha mejorado pero que todavía requiere de un perfeccionamiento que solamente los años, por lo tanto la práctica, y la atención a las demandas de los distintos grupos parlamentarios, como representantes de la sociedad, ayudarán a pulir. Igualmente, la consolidación de las estructuras propias del Sistema de Seguridad Nacional (SSN), toda una novedad en nuestra tradición burocrática, no lo olvidemos, ayudarán a que este documento, quizás el más relevante que cada año difunde el Gobierno en esta materia, alcance un nivel de calidad que lo conviertan en lectura imprescindible para cualquiera que quiera adentrarse en este aspecto de nuestro sistema de convivencia.

Jorge Moragas, en la Comisión Mixta de Seguridad Nacional (Foto: Congreso de los Diputados)

Pese a que resulta evidente que su redacción se elabora a base de múltiples aportaciones, de origen muy diverso, aunque coordinadas por el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), el objetivo final debe ser el de conseguir un documento coherente, que transmita un solo discurso y no varios engarzados a duras penas. Eso, como hemos dicho antes, requiere primero que la estructura permanente del SSN adquiera la madurez necesaria que solo el tiempo y el liderazgo político pueden proporcionar y, en segundo lugar, que consiga de verdad ser el referente indiscutible de todos los órganos del Gobierno para los asuntos de Seguridad Nacional. Para esto último, como se apuntó de forma velada en la comparecencia parlamentaria antes aludida, se requiere una dotación de medios que precisa de un gasto en una época difícil para ello, pero para lo cual el Gobierno recibió la oferta de apoyo del portavoz del Grupo Socialista, por lo que no debería ser un gran problema acometerla de forma decidida.

De los apartados concretos, definidos por las doce líneas de acción estratégica que proclama la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de 2013, destaca indudablemente la mejora en la calidad expositiva de los apartados que afectan a la seguridad interior que, exactamente, eran los peor resueltos en los primeros IASN. Sin embargo, destaca por su poca concreción y limitada relevancia el apartado dedicado a la Defensa Nacional. En este apartado concreto sí que sería posible coincidir con el diputado del PNV, Legarda Uriarte, en que lo expuesto es poco más que un refrito de lo que ya se podía haber leído en los medios de comunicación.

Uno de los apartados más interesantes y relevantes, que ha ido mejorando conforme han pasados los años, es el dedicado a la Ciberseguridad. Si algún pero se puede poner a este capítulo sería que le falta un esfuerzo mayor en agilizar y simplificar su lenguaje que, en ocasiones, para los no iniciados se convierte en críptico.
Como novedades, destacadas algunas de ellas por los medios de comunicación los primeros días en que se hizo púbico el IASN, podríamos referir esa campaña lanzada por el Dáesh para captar traductores de español, o la constatación de que servicios de inteligencia extranjeros han incrementado su actividad en nuestro país en un intento de captar nuevas fuentes con acceso a información estratégica, o la confirmación (es la primera vez que se escribe en un informe oficial público) de que se han detectado casos de terroristas que han utilizado la ruta mediterránea de flujo de refugiados e inmigrantes para acceder a países europeos.

Por último, aunque no es una novedad, existe cierta confusión a lo largo del texto en cuanto a la concreción de las que se entienden como zonas vitales para la Seguridad Nacional. En el Resumen Ejecutivo se enumeran tres (Cuerno de África, Mediterráneo y golfo de Guinea) y en el apartado de Defensa Nacional se apuntan cuatro (región euro-atlántica, región sahelo-magrebí, golfo de Guinea y Cuerno de África). Se definen por tanto de forma no coincidente, no del todo incompatibles, pero sí diferente, lo que no ayuda a su comprensión y asimilación.

Resumiendo, se trata de un documento que todavía tiene recorrido para ser mejorado, aunque su lectura pausada (el Resumen Ejecutivo es una alternativa a la lectura completa) aporta una visión de conjunto de lo que hoy se entiende por Seguridad Nacional y a los retos y realizaciones que durante un año se ha enfrentado el Gobierno.

Como sugerencia, los responsables de esta materia deberían analizar en profundidad las actas del debate que la presentación de los IASN 2015-2016 generaron en la Comisión Mixta, porque en esas 12 apretadas páginas del Diario de Sesiones de las Cortes Generales están muchas de las claves para mejorar este aspecto concreto de la herramienta colectiva que es el Sistema de Seguridad Nacional y entender así, y tener presentes, cuáles son los posicionamientos de todos los grupos que, no en balde, representan a los ciudadanos y sus distintas sensibilidades que, también en este asunto, existen en nuestro país.

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