¿Por qué ya no podemos hablar de racismo?

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A día de hoy, y cada vez con más fuerza en los medios de comunicación, se está tendiendo a hablar constantemente del “racismo” debido a ciertos procesos históricos y políticos, cuando el racismo dejó de existir hace ya mucho.

Dentro de lo que podemos calificar como las diferencias entre las distintas culturas del mundo, encontramos dos términos que no son ni comparables ni especulares. Por un lado, tenemos el término raza y, por otra parte, tenemos el término etnia. De las razas se ocuparía la Biología, mientras que de las etnias se ocupa la Antropología. Así, tendríamos que etnia pertenecería al ámbito de lo cultural y social, pero raza pertenecería al ámbito de lo natural y lo biológico. Durante muchísimo tiempo, el concepto de raza como criterio biológico ha sido una idea legítima; se podía hablar de razas, entendiendo que había determinadas diferencias biológicas entre los individuos humanos. Las diferencias tenían que ver con el color de la piel, con determinados rasgos faciales… Era una caracterización estrictamente naturalista y a su vez un concepto taxonómico.

Con la evolución de la Biología esta creencia sobre las razas comienza a desaparecer: a día de hoy la Biología no clasifica así a los seres humanos, por razas. Ha quedado totalmente demostrado que no existe ninguna barrera biológica entre un negro o un blanco, pero tampoco entre un pastor alemán o un chihuahua, por increíble que pueda parecernos. A efectos biológicos todos los seres humanos somos iguales, lo que tenemos son determinadas variaciones morfológicas que tienen que ver exclusivamente con la combinatoria genética y la endogamia. Por tanto, no existen las razas animales, sino la crianza, y con respecto a los seres humanos, todo tiene que ver con la selección natural, las circunstancias de las poblaciones y su aislamiento relativo en la historia que hace que determinados rasgos se vuelvan dominantes dentro de una población (color oscuro de la piel, ojos claros, intolerancia a la lactosa…). La genética de poblaciones es esto lo que viene a mostrar: es verdad que existen ciertos rasgos dominantes en determinadas poblaciones humanas, que muchos de ellos son rasgos visibles, pero también hay otros rasgos que no son visibles. Sabemos que en determinadas poblaciones una mutación genética es más dominante; por ejemplo, en los negros, las fibras musculares están distribuidas de manera distinta a la de los blancos, pero esto no tiene nada que ver con diferencias biológicas, sino por los hábitats, las alimentaciones y la endogamia, entre otras muchas cosas.

Por tanto, todos estos factores que se usaban en esta Biología previa a un conocimiento más ajustado de en qué consiste realmente la constitución biológica del ser humano, todos esos rasgos que eran puramente exteriores pero, eso sí, muy llamativos, pierden su significado biológico. La raza o el conjunto de rasgos externos sobre los que se basaban estas clasificaciones, desde el punto de vista del razonamiento científico actual, no tiene ningún tipo de realidad sustancial. Por tanto, todas esas supuestas predisposiciones psicológicas, o mayores o menores facultades, que se habían ido asociando a las diferentes razas humanas se desmoronan y con ella la teoría de las razas y la del racismo. Ya no podemos hablar de racismo porque estaríamos aceptando de manera indirecta que creemos que los seres humanos no somos iguales, sino que realmente hay razas inferiores y razas superiores. Esta terminología racista ha quedado totalmente obsoleta y es anacrónica a nuestro tiempo, por eso debemos dejar de utilizar la palabra racismo o racista para calificar a ciertas personas o ciertas ideologías. Porque el primero que es un racista es aquel que cree en el racismo, además de ser un inculto biológicamente hablando, o un colonialista decimonónico.

El término racismo ya no tiene ningún significado que nos pueda servir y no puede aplicarse sobre ningún ámbito de nuestra cultura actual. Aunque sigan existiendo las desigualdades entre las personas, los genocidios y las injusticias, hemos avanzado al acabar con creencias falsas que de por sí eran peyorativas, así que no sigamos usándolas para la denuncia o la crítica, ya que estaríamos retrocediendo de nuevo y aplicando la misma mentalidad que aquel que desprecia al otro.

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