Cuando España pudo tener armas nucleares

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Algo había leído, hace tiempo, pero cosas muy poco concretas. Hace escasas semanas encontré en una web una entrevista con el general Guillermo Velarde y no pude resistir la tentación: busqué y compré su libro recién publicado: Proyecto Islero. Cuando España pudo desarrollar armas nucleares. Tiene una gran ventaja esta obra sobre otras que han podido tratar temas colaterales, está contada por su protagonista, por quién dirigió el equipo que diseñó dichos artefactos en la década de los años 60 del siglo pasado. Como dice el autor, es la historia de algo que pudo haber sido y no fue.

Puede decirse que Guillermo Velarde dedicó toda su vida a la investigación de la energía nuclear y que, en diversas etapas, empleó todas sus fuerzas y conocimiento científico en estudiar primero y desarrollar después las diversas formas de construir armas nucleares.
General de División en la reserva, perteneciente al Cuerpo de Ingenieros Aeronáuticos del Ejército el Aire, presidente del Instituto de Física Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid, fue catedrático de Física Nuclear desde 1973 de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid.

Las armas nucleares, en realidad, se utilizan exclusivamente como medio de disuasión y su empleo está descartado más allá de ser un instrumento de respuesta a un primer ataque que prácticamente todos los actores que las poseen declaran no pretender realizar. Y quien no lo hiciera así sabe que no sobreviviría a su uso en primer lugar. De esta ecuación se deduce su carácter disuasorio, siempre que permanezcan en manos de Estados responsables.Cubierta_Proyecto Islero_19mm_270516.indd
Como acertadamente escribe la profesora Natividad Carpintero en el prólogo, los protagonistas de determinados hechos históricos tienen el deber moral de contar la verdad, o al menos lo que vivieron en primera persona, a las generaciones futuras. Este es el gran valor de esta obra. Que narra en primera persona un acontecimiento poco conocido y, sin duda, relevante. Porque igual de importante es saber cómo y por qué se desarrolló el proyecto, como conocer por qué nunca se materializó.

A la vez, el general Velarde realiza un esfuerzo por poner en valor la investigación científica y el meritorio trabajo de muchos profesores e investigadores que, en muchos ámbitos de la ciencia, dedicaron y dedican su vida al progreso, muchas veces sin contar con los medios más adecuados. El prestigio internacional de un país, dice en varias ocasiones, va de la mano de los logros de sus científicos y él reivindica el alto grado de consideración que, fuera de nuestras fronteras, se tuvo de algunos de los que intervinieron en este proyecto que nunca se concretó. Primero la JIA (Junta de Investigaciones Atómicas), luego la JEN (Junta de Energía Nuclear), hoy ya CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas), son los centros en los que trabajaron y trabajan esos científicos a los que se refiere el autor.

La explicación de cómo se llevó a cabo y por qué no acabó hecho realidad, con el aderezo de quienes decidieron encargarle primero el trabajo y luego meterlo en un cajón, además de alguna resurrección posterior que acabó igualmente en abandono, es el hilo conductor de la obra que se lee como una novela pero que, en realidad, narra una parte de nuestra historia científica. Los generales Muñoz Grande, Gutiérrez Mellado, Díez Alegría, Alfaro Arregui, Lacalle Leloup, Olivares y los presidentes Carrero Blanco, Arias Navarro, Adolfo Suárez, los ministros López Bravo, Rodríguez Sahagún, el contralmirante Otero Navasqués, el presidente del INI, Juan Antonio Suances y muchos más, pasan por estas páginas, unos jugando a favor y otros en contra de ese proyecto que nunca fue y que, para la inmensa mayoría de españoles, nunca existió.

Una de las bombas termonucleares caídas sobre Palomares, una vez recuperada
Una de las bombas termonucleares caídas sobre Palomares, una vez recuperada

Franco, por supuesto, juega un papel relevante en esta historia, dado que durante su mandato se ordena su puesta en marcha y es él también quien decide, una vez finalizado sobre el papel, paralizarlo. La entrevista entre un joven comandante que entonces era Velarde y el jefe del Estado, que es narrada con algún detalle de la página 81 a la 89, explica el motivo del cerrojazo: el miedo a la reacción de los Estados Unidos cuando supieran que España estaba en condiciones de sumarse al club nuclear. El mismo Franco, tras comunicárselo a Muñoz Grandes, entonces jefe del Alto Estado Mayor, se lo explica a Velarde durante la entrevista que había sido organizada para que éste le contara, en primera persona, lo que había descubierto tras acudir a la zona de Palomares, donde habían caído cuatro bombas termonucleares, en el accidente aéreo y nuclear más grave que se había producido hasta entonces y que sucedió sobre el espacio aéreo español. Velarde descubre en Palomares algo que luego le llevará a redescubrir, por sus propios medios, el método Ulam-Teller, base de las verdaderas bombas termonucleares. Rusos y chinos también realizaron similares hallazgos con anterioridad, aunque fueron los norteamericanos los primeros en alcanzar ese descubrimiento.

Enviado a estudiar y trabajar a Estados Unidos a finales de los años 50, Velarde permanece en dicho país seis años y es a su regreso, precipitado, cuando recibe en 1963 el encargo de poner en marcha el proyecto ‘Islero’. En 1966 se paraliza y en 1974 se reactiva. Pero habían pasado muchos años. En 1981 España firma los documentos por los que se compromete ante la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a no producir armas nucleares.

Como un dato más de esta historia, resulta relevante el papel que Francia podría haber tenido en el desarrollo del proyecto, dado que la central nuclear Vandellós I, de tecnología francesa, era la llamada a proporcionar el combustible necesario para esas futuras armas nucleares. El general De Gaulle, dice Velarde, apoyaba el deseo español de convertirse en potencia nuclear. Igual que apoyaba el proyecto israelí. Estos últimos lo consiguieron con el apoyo norteamericano, España no.

 

Guillermo Velarde: Proyecto Islero. Cuando España pudo desarrollar armas nucleares. Ed. Guadalmazán. Córdoba, 2016.

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