La catedral de Burgos. Del siglo XIII al XVI

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En España no fuimos responsables de engendrar el arte gótico. Tendríamos que esperar a que nuestros arquitectos adoptasen este atractivo estilo desde Francia. Quien lo introdujo definitivamente en la ciudad de Burgos fue el obispo Mauricio, enviado por Fernando III el Santo a Francia para recibir a su futura esposa, Beatriz de Suabia. Aquel viaje suscitó en el eclesiástico un enorme interés por el desarrollo de las nuevas formas arquitectónicas que lentamente eclosionaban en Europa y pretendía trasladar aquel atrayente estilo a la península ibérica. Por fortuna, el monarca aceptó de buen grado el proyecto y comenzaría su construcción el 20 de julio de 1221, sin prevenir que la obra extendería su crecimiento hasta terminarse definitivamente en el siglo XVI. 1

La fachada principal y la planta denotan esa impronta gótica de las que provienen sus raíces: con tres naves de anchura, cubiertas de bóvedas de crucería; una girola alrededor del altar mayor; cinco capillas pentagonales (aunque solamente se conservan dos del siglo XIII), un cimborrio en el centro; y un marcado crucero compuesto de una sola nave, en el que continúa el triforio, decorado con unas hermosas tracerías que recuerdan al francés. Además de la fachada principal o Real, localizamos otras tres portadas: la del Sarmental del siglo XIII, la de Pellejería, realizada por Francisco de Colonia en el 1516 y, finalmente, la de la Alta Coronería o de los Apóstoles, del siglo XVI.

Gil de Siloé, Puerta del claustro, Catedral de Burgos, s. XIII. (Fuente: www.todocoleccion.net)
Gil de Siloé, Puerta del claustro, Catedral de Burgos, s. XIII. (Fuente: www.todocoleccion.net)

A la planta se asociarían posteriormente otros espacios, como los claustros. El mayor de ellos, ubicado en la parte derecha del crucero, posee una portada, realizada por el escultor Gil de Siloé (1450 – 1501), dividida en dos hojas, también decoradas por profusos relieves, que mereció la alabanza de Edmundo de Amicis, quien las consideró dignas de ofrecer la entrada al Paraíso, junto con las puertas del baptisterio de Florencia. 2

Los artistas flamencos, al fortalecerse el comercio entre España y Flandes, transmitieron su percepción arquitectónica, y se trasladaron a la Península. El prelado Alonso de Cartagena traería consigo a un preciado arquitecto, cuya destreza se mantendría en la siguiente generación: Juan de Colonia (1410 – 1481) realizaría en el siglo XV los chapiteles que coronan las torres de la fachada Real, así como la Capilla de Concepción y Santa Ana. Su presencia tampoco significaría la ausencia de otros excelentes colaboradores en los proyectos: en esa misma capilla, Gil de Siloé nos dejaría un extraordinario retablo en el que se acoge la escena que protagonizan San Joaquín y Santa Ana: el abrazo ante la Puerta Dorada. En cambio su hijo, Diego de Siloé (1495 – 1563), aportaría el sepulcro de su fundador don Luis de Acuña (1519), contraponiendo al estilo flamenco los tintes del Renacimiento italiano. 3

Simón de Colonia (1451 – 1511) dirigiría la construcción de uno de los espacios más destacados en esta catedral: la Capilla de los Condestables de Castilla, doña Mencía de Mendoza y su esposo don Pedro Fernández de Velasco. Aunque terminaría la obra principal en 1494, fue acompañada de otras menores que no finalizarían hasta el 1524.

Simón de Colonia, Capilla de los Condestables. (Fuente: asersaonline.com)
Simón de Colonia, Capilla de los Condestables. (Fuente: asersaonline.com)

La Capilla de los Condestables utiliza un espacio centralizado y octogonal, en el cual distinguimos tres niveles de altura. Unos muros ciegos que flanquean el retablo central, sosteniendo los emblemas heráldicos de los Condestables. Continúan después unos balcones de arcos festoneados, 4 que contienen nuevamente escudos heráldicos. Finalmente, se abren en los vanos unos ventanales decorados con una tracería vegetal, introduciendo así Juan de Colonia un concepto diáfano y amplio de las capillas funerarias, pese a que las coloridas vidrieras góticas tuvieron que ser repuestas por otras carentes de cromática y se perdería ese efecto visual.

A nivel arquitectónico, la bóveda realizada por Simón de Colonia supone el culmen de la también llamada Capilla de la Purificación. Aunque existen precedentes previos a dicha bóveda en Castilla y, por tanto, no es una innovación propia de esta familia de arquitectos, sí que puede atribuirse a Simón la introducción de la decoración de los nervios mediante caireles, extendiéndose su uso en las arquitecturas funerarias. Además, una bella solución aquí aplicada es la construcción de una estrella calada en el centro de la estrella elaborada mediante los terceletes de la bóveda.

Simón de Colonia, bóveda de la Capilla de los Condestables. (Fuente: commons.wikimmedia.org. Autor: Juan Ramón Rodríguez Sosa)
Simón de Colonia, bóveda de la Capilla de los Condestables. (Fuente: commons.wikimmedia.org. Autor: Juan Ramón Rodríguez Sosa)

No hemos de olvidar la labor escultórica compartida por Diego de Siloé y Felipe de Vigarny (1475 – 1543) en los retablos que decoran los muros laterales y central, así como el sepulcro de los Condestables, realizado en mármol de Carrara y el lecho de jaspe por Felipe Vigarny entre 1525 y 1532.

Diego de Siloé, Escalera Dorada, 1519. (Fuente: espirituviajero.com)
Diego de Siloé, Escalera Dorada, 1519. (Fuente: espirituviajero.com)

Otro de los grandes hitos de la catedral lo constituye la escalera esculpida por Diego de Siloé en 1519, resolviendo de una forma elegante e ingeniosa el desnivel que separaba la puerta de la Coronería del suelo de la propia catedral. Para ello dividiría la escalera en dos tiros que descienden hasta cruzarse en el nivel inferior, esbozando una especie de rombo y ocupando el mínimo espacio en comparación con lo que resulta habitual en este tipo de soluciones. La escalera queda decorada mediante ornamentos renacentistas, así como los nichos y el antepecho de hierro. 5

Juan de Vallejo, Cimborrio de la catedral de Burgos, 1567, burgospedia1.wordpress.com)
Juan de Vallejo, Cimborrio de la catedral de Burgos, 1567, burgospedia1.wordpress.com)

El cimborrio actual de la catedral fue construido por Juan de Vallejo en 1567, puesto que el anterior que impulsó el obispo don Luis Acuña se derrumbó por la debilidad de sus soportes. Este ejemplar espectacular retoma la bóveda estrellada que contemplábamos en la Capilla del Condestable, sirviéndose de las trompas para constituir una forma octogonal. Debajo de este imponente cimborrio descansa supuestamente Rodrigo Díaz de Vivar y su esposa, tal y como indica una inscripción en su lápida. A él también le debemos otras capillas de la catedral burgalesa, tales como la de Santiago, ubicada en la girola, entre 1524 y 1534. 6

Aunque la catedral posee otros añadidos posteriores de los siglos XVII y XVIII, lo cierto es que su atractivo reside en las labores que abarcaron la Baja Edad Media, en el apogeo del Gótico y el posterior florecimiento del Renacimiento. Esa imagen es la que perdura en nuestra memoria, y conviene que la preservemos intacta. Valioso debe de ser si así se ha conservado durante siglos.

Notas:

  1. P. Navascués, C. Sarthou, Catedrales de España, Madrid, Espasa-Calpe, 1988, p. 63.
  2. Ibidem, p. 64.
  3. Ibidem, p. 66.
  4. Arco decorado mediante festones. Según el Diccionario de Término de Arte de G. Fatás y G. M. Borrás, “Adorno formado por convexidades yuxtapuestas a modo de onda”.
  5. P. Navascués, C. Sarthou, Catedrales… P. 71.
  6. Ibidem, pp. 70 – 71.

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