Cesáreo o cómo funciona un Servicio de Inteligencia

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Un imaginario profesor de Ética de la Historia, en un no menos imaginario Ateneo, pronuncia una conferencia sobre ‘Estado y espionaje a lo largo de la historia’ ante Cesáreo, también profesor universitario y recién nombrado director del servicio de inteligencia de un país no identificado, y dice: “Cada régimen político desarrolla su específico tipo de agencia. En los totalitarios y los autoritarios nos vamos a encontrar con policías políticas y agencias de seguridad independientes, respectivamente y, sólo en las democracias, habría servicios de inteligencia, sólo en ellas”.

El profesor Antonio M. Díaz Fernández, autor de Espionaje para políticos, le hace decir esto al supuesto profesor Camú pero, en realidad, bajo ese nombre se oculta él mismo. A los que llevamos años siguiendo la obra de este académico de la Universidad de Cádiz, formado en Barcelona y Madrid, pero que comenzó su docencia en la Universidad de Burgos, no nos ha costado nada identificar esa frase que, años antes, ya habíamos leído en su tesis doctoral sobre los servicios de inteligencia españoles.

Esta última obra que acaba de distribuirse, y cuya principal virtud es la facilidad con que se lee, va dirigida a todo aquel que precisa conocer los rudimentos de los servicios de inteligencia, el ABC de esta rama de la Administración, lo que nos lleva a concluir que en ese grupo deberíamos incluirnos todos los ciudadanos, dado que con nuestros impuestos se paga su funcionamiento.

Se trata, además, de una obra pensada y escrita para que cualquiera pueda enfrentarse a su lectura sin miedo. Es una obra de ficción pero en la que, como se dijo en el acto de su presentación en Cádiz hace solamente una semana, todo lo que cuenta es verdad. Es ficción, pero no es una novela. Simplemente el autor se ha inventado a un personaje, Cesáreo, que hace las veces de narrador, un profesor universitario que por el simple hecho de ser amigo del presidente del Gobierno, recibe el encargo de dirigir el servicio de inteligencia de su país, sin tener la menor idea de qué significa ni qué hacen dichos servicios. Y es lo que averigua tras ese preguntar y documentarse, conforme se va dando cuenta de a qué se enfrenta, lo que nos narra el novato director de “La Higuera”, que así se conoce a este servicio ficticio en ese país imaginario.

Con sus meteduras de pata y ante la desesperada paciencia de sus más estrechos colaboradores, Cesáreo va explicando, conforme se lo explican a él, a qué se dedica un servicio como ese que ahora dirige; cómo se recluta a sus integrantes; cómo se les forma; cuál es su estructura; cómo y quién dirige la comunidad de inteligencia; si existen servicios de otros países que puedan considerarse amigos; cómo se asesora al presidente y, elemento trascendental, quién y cómo guarda a los guardianes, es decir, de qué manera se controla a quien tiene encomendada la función de controlar.

espiopoliticosSon escasamente 180 páginas de lectura rápida, aunque aconsejo el subrayador para volver sobre lo relevante tras pasar la última. Al final, además, el autor enumera algunas de las obras que Cesáreo leyó para documentarse tras ser nombrado y que, todas reales, sirven de guía para quien quiera profundizar en esta materia que con tan poca fortuna se trata habitualmente. La contribución del profesor Díaz Fernández a la Cultura de Inteligencia es más que sobresaliente. Les aseguro que, tras su lectura, si se aprovecha y se asimila, cualquier persona puede presumir de conocer lo básico, lo elemental, de cómo funciona, o como debería funcionar, un servicio de inteligencia en un país democrático.

No es esta la primera obra del autor sobre esta materia, a la que se sigue dedicando con pasión. Prueba de ello es el Ágora de Seguridad que, con patrocinio privado, lleva adelante en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cádiz. Pero no menos relevantes han sido sus obras anteriores: Los servicios de inteligencia españoles. Desde la Guerra Civil hasta el 11-M: Historia de una transición, Conceptos fundamentales de inteligencia o Diccionario LID Inteligencia y Seguridad, por resaltar sólo tres.

Sin duda los profesionales y estudiosos reconocerán en las peripecias de Cesáreo muchos detalles e incluso peculiaridades del servicio de inteligencia español, como por ejemplo la descripción de su control judicial. Pero Díaz Fernández aporta también su conocimiento de otros servicios, fundamentalmente de nuestro entorno cultural, lo que le lleva a reconocer como el nombre más hermoso que un servicio de inteligencia pueda asumir, el de los servicios de la República Federal de Alemania: “Oficina Federal para la Protección de la Constitución”.

Entre muchas de las frases que el autor hace pronunciar a sus ficticios personajes, a través de las cuales nos va desgranando lo que entiende debe ser un servicio de inteligencia, me quedo con la que Vargas, supuesto jefe de la División Antiterrorista de “La Higuera”, le lanza a su jefe, Cesáreo, en una reunión de los primeros días: “La clave del trabajo de la inteligencia a inicios de este siglo está en gestionar la incertidumbre, identificando y alertando sobre los riesgos”.

Ah, se me olvidaba. No hay que saltarse el prólogo del libro, lo firma un anterior director del CNI: el embajador Jorge Dezcallar quien, en las trece páginas que ocupa, deja perlas como esta: “En un Estado democrático el servicio de inteligencia debe ser capaz de conjugar la defensa del Estado con el respeto de los derechos y libertades individuales que en algunos lugares nos ha costado tanto conseguir”.

 

Antonio M. Díaz Fernández: Espionaje para políticos. Ed.: Tirant Humanidades. Valencia, 2016.

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Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Master en Paz, Seguridad y Defensa por el Instituto Universitario "General Gutiérrez Mellado". Profesor Honorario de la Universidad de Cádiz. Miembro de ADESyD

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