Rusia: un pasado que reclama un futuro

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Gorbachov soñó con salvar el imperio soviético transformándolo y fracasó. Yeltsin, que retomó lo esencial del proyecto de Gorbachov aunque arrebatándole el poder sin ningún miramiento, inscribió su actuación exclusivamente en el espacio ruso. Ambos, con un carisma inmenso, se enfrentaron violentamente y hasta se odiaron, pero sus dos trayectorias resultan inseparables e imprescindibles para entender la historia reciente de Rusia. Esta es, muy resumida, la conclusión a la que llega la profesora Hélène Carrère d’Encausse en su reciente obra Seis años que cambiaron el mundo. 1985-1991. La caída del imperio soviético.

jeltsin02La especialista francesa en Rusia y Asia Central se introduce e introduce al lector de forma pormenorizada en los acontecimientos más relevantes de esos años, y algunos después, hasta llegar a las primeras elecciones que ven la ascensión de Vladimir Putin. Resulta apasionante su inmersión en esos años realmente convulsos en los que el lector occidental, poco acostumbrado a los entresijos de la política palaciega primero soviética y luego rusa, en ocasiones se siente perdido, aunque recobra el hilo cuando se alcanzan los acontecimientos más relevantes que sí trascendían fuera de las fronteras del país más grande del mundo.

No deja de ser apasionante su paseo por las intrigas que tanto uno como otro protagonista tuvieron que soportar, e incluso protagonizaron ellos mismos, para mantenerse en el poder o intentar evitar que los destronaran de su posición. Como es sabido, Yeltsin fue quien consiguió desbancar a Gorbachov. La imagen de este último entregando el maletín nuclear al ministro de Defensa de la nueva Rusia, dado que Yeltsin se negó a ir personalmente a recibirlo, es una de las imágenes más impactantes de la obra que tiene otro apartado relevante en el proceso de unificación alemana tras la caída del Muro de Berlín.

Aunque la profesora norteamericana Mary Elise Sarotte ya nos había desvelado en 2014 lo relevante del episodio de la supuesta promesa rota por los países occidentales (fundamentalmente Estados Unidos y la República Federal de Alemania) en cuanto al avance de la OTAN hacia el este, en este nuevo trabajo el asunto cobra relevancia una vez más al insistir en que Gorbachov, que no quería ni oír hablar de la unificación de las dos Alemanias, se aviene a negociar dicha fusión a cambio de que la Alianza Atlántica no avanzara sus fronteras.

yeltsinEn las negociaciones, según la autora, el canciller Helmut Kohl adquirió un gran protagonismo y consiguió, al fin, que Alemania se unificara y entrara el antiguo territorio de la RDA en la Alianza Atlántica a cambio de una sustancial ayuda económica en marcos para solventar una real angustia financiera de la todavía URSS.
El secretario de Estado norteamericano, James Baker, fue otro de los protagonistas de estas negociaciones. Una vez aceptada la unificación y que el territorio de la RDA se integraba en la OTAN, quedaban pendientes posibles ampliaciones hacia los países que se habían deshecho del yugo de la URSS. Las seguridades dadas por Baker personalmente a Gorbachov, de palabra, en Moscú, de que no habría extensión de la jurisdicción de la OTAN hacia el este, fueron remachadas por el propio líder soviético señalando que la ampliación del territorio cubierto por la Alianza era inaceptable, en todo caso.

La clave de lo que sucedió años después se halla, según Hélène Carrère, en que nadie se preocupó, Gorbachov tampoco, en poner esas seguridades por escrito, lo que es calificado por la autora como una verdadera ligereza. De hecho, en un breve salto en el tiempo, llega a comentar que: “A principios del siglo XXI, Vladimir Putin no tendría ningún texto que oponer a los ucranianos o a los georgianos que reclamaban su voluntad de unirse a la OTAN”. No tendría textos, pero la sensación de haber sido engañados o, cuando menos, burlados, o peor, comprados, ha guiado algunas actuaciones posteriores que hoy aún se arrastran con consecuencias todavía nada claras.

Las acusaciones de traición contra Gorbachov en el interior de su país fueron moneda corriente en aquellos años. La vuelta de las tropas soviéticas de los países del este con la sensación de que no lo hacían con orgullo, sino casi expulsadas. La desintegración, poco a poco, aunque en tiempo histórico rapidísima, de la URSS, a base de sucesivas declaraciones de soberanía e independencia de las antiguas repúblicas integradas en el mundo soviético, llevó a que los acontecimientos desbordaran a un Gorbachov que había animado la ‘perestroika’ y la ‘glasnost’ como herramientas de su nueva política. Esas mismas herramientas serían utilizadas para desbancarlo del poder tras un intento de golpe de Estado que Yeltsin desbarató y de cuya acción sacó el máximo provecho. Una de las más significativas conclusiones de ese intento de golpe fue la autodisolución del Comité Central del PCUS y la dimisión de Gorbachov como secretario general del partido, al no haber sido capaz dicha organización de frenar e incluso estar involucrado en la intentona golpista.

imagen-27El nacimiento de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) que pretendió suceder a la antigua URSS, no prosperó y fue en realidad Rusia quien sucedió a la URSS en sus responsabilidades internacionales y en su poderío, incluido en el sillón del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Así como en el botón nuclear, una vez retiradas de las antiguas repúblicas soviéticas que las albergaban las lanzaderas de misiles estratégicos.

Gorbachov, que intentó mucho más tarde regresar a la primera línea de la política, llegándose a presentar a unas elecciones y siendo humillado por los electores con un resultado insignificante, fue y es un líder nada querido por sus conciudadanos. Mientras, por el contrario, Boris Yeltsin ha sido –en opinión de la autora de esta obra- mal conocido en el exterior. Ambos, concluye Hélène Carrère, serán colocados por la historia de Rusia en el lugar que les corresponde como dos dirigentes que se empeñaron en modernizar su país.

Las 350 páginas de este libro, obra de quien es considerada la mejor historiadora occidental de Rusia, merece ser leído con detenimiento. Se llega, al final, al íntimo deseo de que este gran país se merece un futuro de progreso del que todos nos beneficiaremos.

 

Hélène Carrère d’Encausse. Seis años que cambiaron el mundo. 1985-1991. La caída del imperio soviético. Ed. Ariel. Barcelona, 2016.

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