La educación de la que llegó a ser reina

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Doña Isabel de Castilla (Madrigal de las Altas Torres, 22 de abril de 1451- Medina del Campo, 26 de noviembre de 1504) fue hija del segundo matrimonio de su padre, el rey don Juan II de Castilla (1405-1445), con doña Isabel de Portugal, y llegó a ser la tercera en la línea de sucesión real por detrás de su hermanastro el príncipe de Asturias don Enrique (futuro Enrique IV) y de su hermano menor el infante Alfonso.

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Isabel I. Fuente: Wikipedia.

La educación de Isabel estuvo al cargo del noble Gonzalo Chacón pero, sobre todo, estuvo en manos de frailes: el dominico Lope de Barrientos, el jerónimo Gonzalo de Illescas, prior del monasterio de Guadalupe, y el agustino Martín Alonso de Córdoba, que escribió en 1468 el libro El jardín de las nobles doncellas para la joven infanta.

Su educación moral, como en todas las mujeres de su tiempo y condición social, estaba limitada bajo un principio claro: el de la primacía del hombre sobre la mujer, que podemos corroborar en la citada obra de Martín Alonso, donde expone que una mujer debía ser “vergonzosa, piadosa y obsequiosa” y que su deber para con su reino incluía guardar castidad, aun dentro del matrimonio, pero tener hijos que “sostengan a sus padres y al reino”.

Su formación intelectual fue limitada deliberadamente. Es posible que aprendiera lo básico, esto es, a leer y escribir (tanto en castellano como en portugués), más algunas nociones de cálculo. Pero, sobre todo, se le adiestró en las habilidades que la capacitarían para su alta vida social, como la danza, la retórica (buena conversación), la música, las artes en miniatura y labores de aguja, de las que su madre fue experta… De su padre heredó el gusto por la lectura de las novelas de caballerías como Tirant lo Blanc o Amadís de Gaula de Joanot Martorell y García Rodríguez de Montalvo, respectivamente.

Siendo reina fue consciente de sus conocimientos incompletos, como nos cuenta el humanista siciliano Lucio Marineo Sículo, quien en 1492 escribió: “Hablaba el lenguaje castellano elegantemente y con mucha gravedad. Aunque no sabía la lengua latina, holgaba en gran manera de oír oraciones y sermones latinos porque le parecía cosa muy excelente la habla latina bien pronunciada. A cuya causa, siendo muy deseosa de lo saber, fenecidas las guerras en España, aunque estaba de grandes negocios ocupada, comenzó a oír lecciones de gramática, en la cual aprovechó tanto que no sólo podía entender a los embajadores y oradores latinos, mas pudiera fácilmente interpretar y transferir libros latinos en lengua castellana”.

De esta forma, y dado su afán de saber, tomó lecciones de otra ‘varona’, Beatriz Galindo, ‘la Latina’, considerada una de las mujeres intelectualmente más brillantes de su tiempo; y, cómo no, de Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana por su aspiración de que se convirtiera en la “lengua del imperio”. Por tanto, hay que destacar los esfuerzos que Isabel acometió para suplir las carencias de su formación e intentar estar a la altura de su alto cometido, tomando la prudente vía de acudir a los mejores maestros de su tiempo; y que siendo reina todopoderosa no tuvo reparos en continuar con su educación, también para preparar la muy esmerada que proporcionó a sus hijos.

 

Bibliografía recomendada:

QUERALT DEL HIERRO, María Pilar, Isabel de Castilla. Reina, mujer y madre. Madrid, 2012.

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