Cambios en los hábitos de lectura y las nuevas tecnologías

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Allá por el año 1440, el orfebre Johannes Gutenberg revolucionó la historia de la humanidad inventando la imprenta. Hasta entonces, la creación de libros era un arte lento que se restringía a los ámbitos eclesiásticos y que tenía por principal objetivo la copia de libros religiosos. Con el tiempo la imprenta generalizó la difusión de libros, lo que fue clave para que se llegasen a producir una serie de cambios y avances sociales.

La aparición de las nuevas tecnologías ha generado cambios en las formas de comunicación y, por ende, cambios en los hábitos de lectura. Hasta la llegada de Internet y las redes sociales, la lectura se definía como un proceso de comunicación unidireccional, en el que el emisor (escritor) trasladaba su mensaje o historia al receptor (lector).

Este proceso se mantiene igual en los libros electrónicos, unidireccional entre emisor y receptor, pero se modifican las condiciones de generación y sobre todo de distribución de libros.

Los formatos tradicionales de edición en papel suponían unos costes de impresión y distribución que generaban unas enormes barreras de entrada a escritores nóveles, restringiendo así el acceso de los lectores a nueva oferta literaria. Las nuevas opciones de autoedición y distribución online han permitido que cualquier creador pueda poner su obra a disposición del público y que sea este el que pueda elegir entre toda la oferta existente.

Aunque las encuestas del CIS nos revelan que estos nuevos medios no terminan de calar en la sociedad española, el 62% de los encuestados afirmaba en el Barómetro de septiembre que jamás había leído a través de un dispositivo electrónico y el 50% no creía que iba a hacerlo en ningún momento.

Esta encuesta revelaba un dato que es también preocupante: el número de lectores habituales ha decrecido en los últimos años. Existen muchas voces que llevan alertando hace tiempo de que la caída de los lectores habituales puede venir en parte provocada por la aparición de las redes sociales. Redes sociales como Twitter, donde el debate se reduce únicamente a 140 caracteres, pueden estar atrofiando las capacidades cognitivas de los lectores, especialmente de los más jóvenes.

Un estudio realizado por Microsoft ha puesto en evidencia que el uso de móviles, servicios de mensajería instantánea y algunas redes sociales, han provocado una disminución en la capacidad de concentración de los usuarios. Vivimos en la era de la rapidez en la comunicación, donde escribimos las palabras comiéndonos letras, donde hurtamos a las frases todas aquellas palabras que no consideramos imprescindibles y donde le damos prioridad a los mensajes simples obviando las formas.

Esta simplificación de la comunicación y de la transmisión de conceptos nos lleva a atrofiar la capacidad de concentrarnos en textos extensos con mucha profundidad de ideas. En general, los avances tecnológicos no suelen ser en sí mismos ni buenos ni malos, es el uso de los mismos el que los define.

La aparición de medios que nos permiten difundir más información, de forma más rápida y barata es, a priori, una gran oportunidad para aumentar el conocimiento de la sociedad pero si restringimos la capacidad de interiorizar conceptos a ideas de 140 caracteres, entonces es posible que estemos enfrentándonos a un enorme retroceso.

Como siempre, ¡el debate está servido!

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