La ‘mujer traidora’: Doña Marina o la Malinche

0
647

Tras tres años de continuos enfrentamientos, en 1521, Hernán Cortés junto a su tropa conquistó y destruyó en su totalidad el Imperio Azteca, un importante y gran imperio militar que era conocido por el resto de pueblos por el gran poder y riqueza que habían conseguido desde su fundación en 1325.

Maqueta de la Plaza Mayor de Tenochtitlán (Museo Nacional de Antropología).

Pero, fue en 1519 cuando Hernán Cortés desembarcó en estas nuevas tierras junto a su tripulación. En ese momento, el emperador de Tenochtitlán 1 era Moctezuma II, 2 quien pensó desde el primer momento que Hernán Cortés, el jefe de la tropa que había desembarcado cerca de sus territorios, era un antiguo dios colonizador, que venía a dar por finalizado su Imperio. A pesar de que la intención era la misma, no se trataba de un antiguo dios colonizador, aunque eso Moctezuma nunca lo supo. A su llegada, Hernán Cortés fue recibido como tal, por ello, el pueblo le realizó una serie de rituales vistiéndole con preciosos ropajes y adornos. Hernán Cortés pidió ver a Moctezuma, el cual desconfiaba por completo de él. Finalmente el emperador cedió y se dio cuenta del gran poder que estos aventureros recién llegados a sus tierras tenían en sus manos. Ya desde hacía un tiempo, una serie de sucesos mágicos periódicos le habían ido indicando a Moctezuma el fin de su Imperio. Desde el pensamiento de Moctezuma, lo único que podía hacer para evitar este trágico y ‘mágico’ final, era apartarse, e intentar a través de una serie de brujerías y regalos, que Cortés abandonara las tierras y volviera de nuevo a cualquiera que fuese su lugar de origen, cosa que no sucedió.

La relación entre aztecas y españoles no fue en ningún momento buena. El pueblo azteca se cansó de que su gobernador Moctezuma tratara a los nuevos extranjeros como si fueran dioses, mientras que ellos sospechaban de sus malas intenciones. Moctezuma fue asesinado por su propio pueblo a pedradas. Tras la muerte de Moctezuma, otros dos gobernantes llegaron al poder, poder que les duró poco tiempo. La rebelión estaba asegurada.

Un suceso destacado de la conquista de Tenochtitlán fue la ‘Noche triste’, en la cual, el pueblo azteca se sublevó contra las tropas españolas, teniendo éstos que escapar y esconderse en un territorio amigo cercano. Cuando se produjo esta sublevación, Cortés estaba ausente, pero a partir de ese momento, tanto Cortés como sus tropas planificaron la conquista final: ya no había vuelta atrás. Gracias a la ayuda de algunos pueblos mexicas, como Tlaxcala, Hernán Cortés pudo planificar esa destrucción final del gran Imperio Azteca.

Sinceramente, lo que más le sorprendió a los aztecas de estos aventureros extranjeros fue la mujer que los acompañaba. Una mujer que hablaba su lengua (el náhuatl), por lo que desde un primer momento también pensaron que ella era una diosa, porque dominaba el don de la palabra.

Esta mujer que acompañaba a Hernán Cortés es conocida con el nombre cristiano de Marina y, a pesar de que no consta, se piensa que su nombre original era Malinalli Tenépatl. Marina era una joven muchacha que tuvo una breve vida y que perteneció al siglo XVI. La época en la que vivió era horriblemente machista, al igual que la sociedad que la rodeaba, por lo que se conocen muy pocos datos biográficos sobre ella. Se sabe que nació en un pequeño pueblo cercano a Coatzacoalcos, al oriente de la ciudad del actual México. Sin duda alguna, fue la mujer más importante de su tierra y de su generación.

Marina fue ignorada por completo durante aproximadamente tres siglos tras su fallecimiento. Fue durante los siglos XIX y XX cuando paisanos mexicanos la resucitaron para contar su historia a través de la mitología, para contar su vida desde un punto de vista imaginario, con datos inexistentes, realizando así obras novelísticas o de teatro. Se podría decir que actualmente la figura de esta mujer sigue viva en México, o se la ama o se la odia, haciendo pervivir su recuerdo. Marina fue apodada con la palabra “malinche”, palabra peyorativa que hace referencia a los traidores y, sobre todo, a las personas que prefieren los gustos extranjeros antes que los gustos nacionales.

Marina perteneció a la clase social azteca de los pipiltin, una clase social equivalente a los hidalgos españoles, por lo que tenía un buen estatus. Además, sus padres eran señores de un conjunto de pueblos de la región.

Su nombre azteca originario tiene una procedencia exacta. Su primer nombre, Malinalli, hace referencia a la hierba, mientras que su segundo nombre, Tenépatl, significa “aquel que tiene facilidad de palabra”. No se sabe por qué el nombre cristiano escogido fue Marina, quizá fuera por su semejanza.

Hay numerosas biografías de Marina de distintos soldados-cronistas de su época, como por ejemplo Bartolomé de las Casas o Bernal Díaz del Castillo, pero no todos hablan con sinceridad de su historia. Este personaje femenino ha desatado numerosas teorías sobre su propia vida, debido a su papel fundamental en la conquista del Imperio Azteca.

Supuestamente, durante la mayor parte de su vida, Marina fue una esclava, ya que siendo muy joven su madre la vendió a unos mercaderes (una acción muy común en aquella época y cultura). Seguramente fue una esclava muy joven, teniendo en cuenta que nació alrededor de 1500 y se encontró con Hernán Cortés en 1519. La esclavitud en el mundo mesoamericano no era tan dura como la que se practicaba en Europa u Oriente, pero seguía siendo esclavitud, por lo tanto, la víctima estaba a la merced de su amo.

Finalmente, en 1519, fue entregada a Hernán Cortés, tras haber estado varios años vagando de amo en amo. Fue entonces cuando fue bautizada, cambiando así su nombre original de Malinalli Tenépatl por el de Marina. A partir de su llegada a la tripulación española, se entregó totalmente a su nuevo oficio, el cual la llevaría a una alta posición. Uno de sus objetivos principales, probablemente, era vengarse del mal trato que había recibido de los suyos durante un largo periodo. Marina sirvió para los españoles de traductora, ya que conocía todas las lenguas de aquellos territorios tan desconocidos.

Marina descubrió desde un principio su valor dentro de ese ‘grupo de aventureros españoles’ que la trataban con una consideración a la que nunca antes había estado expuesta, realizando bien su trabajo y consiguiendo cada vez mejor lugar entre los españoles. Se sabe que fue amante de Hernán Cortés y que ambos tuvieron un hijo, Martín Cortés, considerado uno de los primeros mestizos de la Nueva España.

Sin duda alguna, hubiera sido muy difícil, o casi imposible, que Hernán Cortés y su tropa hubiesen podido conquistar el Imperio Azteca sin la ayuda de esta mujer, tan poco conocida en la Historia.

“Marina, sin los españoles […] habría seguido siendo una esclava más entre las decenas de miles que existían en el mundo maya o azteca en los primeros decenios del siglo XVI. Y la hueste de Cortés, sin Marina, muy probablemente hubiera pasado a engrosar la larguísima lista de fracasos militares españoles registrados durante la Conquista de América sobre los que la Historia suele guardar un piadoso silencio”. 3

Notas:

  1. Capital de Imperio Azteca.
  2. El antepenúltimo emperador azteca.
  3. HERREN RICARDO, Doña Marina, la Malinche. Barcelona, Planeta, 1992.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.