La ‘City’ de Londres y el Brexit

0
858

Las intervenciones de la primera ministra británica, Teresa May, este fin de semana, en lugar de arrojar luz sobre el proceso que su país debe afrontar de cara a desligarse de la Unión Europea, lo que ha hecho ha sido sumir en una consistente bruma londinense, de las de antes, el futuro de esa negociación que se presenta, como poco, complicada.

Tras señalar, en un recorrido que le ha llevado desde las pantallas de la BBC, a las páginas del Sunday Times, para finalizar en la tribuna del Congreso del partido conservador, todo eso en dos días, que a finales de marzo activará el artículo 50 del Tratado de la UE, que ya es algo, ha rizado el argumento señalando que antes de eso propone el inicio de unas “negociaciones informales” para conseguir que a nadie le pille por sorpresa lo que pretende plantear.

Como señaló The Times el lunes, lo que busca es que los 27 no le digan directamente que no cuando plantee su lista de demandas para una salida ordenada. Vamos, que lo que intenta es suavizar las cosas antes de la fecha de inicio de las negociaciones oficiales y evitar que le devuelvan el papel tal y como lo presente a finales de marzo. Lo que pretende, resumiendo, es evitar un primer revolcón. parlaDesde Bruselas no han tardado ni 24 horas en contestarle que no habrá negociaciones informales y que hasta que no presente la carta, la que pone en marcha el proceso previsto en el artículo 50, nadie se va a sentar a mirar un solo papel ni a discutir nada.

La primera ministra May se encuentra entre dos grupos de presión bien definidos: los que le jalean para que sencillamente plantee las cosas de forma cruda y directa y quienes, incluso desde el Parlamento y hasta algunos de su propio partido, le indican que la esperan en la Cámara de los Comunes, donde debe presentar sus proyectos legislativos. Ante la amenaza de que, a lo mejor, sus planteamientos son derrotados en la Cámara legislativa, ella contesta que el pueblo ha hablado y a ver quién es el guapo que se atreve a ir en contra de lo decidido por la ciudadanía en el reciente referéndum.

Como ven, si aquí estábamos entretenidos con el Comité Federal del PSOE, en Londres están más que ocupados con un proceso que nadie había creído posible que se tuviera que materializar y que, desde luego, nadie había diseñado y ahora todo indica se está improvisando. De momento, y aunque es verdad que la lista de todos los males que se había anunciado podían precipitarse sobre Gran Bretaña si ganaba el sí al Brexit no se ha materializado, la libra de momento se ha devaluado como hacía tiempo no caía en su cotización frente al dólar y al euro, monedas de referencia de su negocio.

Los que saben de esto, es decir, los analistas financieros, señalan con el dedo a la ‘City’ de Londres como la clave de toda la negociación que está por comenzar. Londres no es solo la capital financiera de Gran Bretaña, lo es de la Unión Europea. Según Emilio Ontiveros, catedrático de Economía de la Empresa, las tres cuartas partes de los ingresos de la City proceden de sus transacciones con países europeos y la clave va a estar en las posibles decisiones de deslocalización que se adopten por parte de los agentes financieros, hoy asentados en la capital británica, si dejan de tener pasaporte europeo. Esa va a ser, en su opinión, la gran batalla que, además, será larga. Giles Tremlett, periodista británico residente en España desde hace casi veinte años y actualmente corresponsal de The Economist, coincide con Ontiveros en que la discusión va a centrarse en los pasaportes bancarios y apuesta porque se va a producir, al final, un Brexit ‘light’.

Sea como fuere, esta es una historia por escribir y de la que puede depender el futuro, no sólo de la economía, sino también de la construcción europea. Que no cunda el ejemplo británico es una de las obsesiones de los que todavía creen en Europa como algo más que una asociación de mercaderes. Gran Bretaña forma parte de Europa, y lo seguirá siendo en el futuro, porque eso lo determina la geografía y por lo tanto la historia. Pero lo cierto es que nunca ha sido europeísta.

Compartir
Artículo anteriorEl tiempo
Artículo siguienteLa generación olvidada
Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Master en Paz, Seguridad y Defensa por el Instituto Universitario "General Gutiérrez Mellado". Profesor Honorario de la Universidad de Cádiz. Miembro de ADESyD

No hay comentarios

Dejar respuesta

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.