Una defensa moderna: la ciudadela de Pamplona como ejemplo de fortificación moderna

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Cuando se avecinaban tiempos de guerra era habitual que surgiera una enorme preocupación por revestir con un armazón las fronteras del reino, construido a base de fortificaciones y defensas, temiendo la posible invasión que amenazase a su gobierno. Así ocurrió en Navarra, que en el siglo XVI constituía la primera línea de defensa ante nuestros vecinos franceses, al otro lado del Pirineo, y cuya actual capital Pamplona contiene uno de los restos patrimoniales que nos sirve como testigo de la renovación arquitectónica que se desarrolló a raíz de la evolución técnica militar: la ciudadela.

Contexto histórico, la revolución militar y su respuesta en España 

Retrato de Fernando I de Aragón e Isabel I de Castilla. (Fuente: commons.wikimedia.org)
Retrato de Fernando I de Aragón e Isabel I de Castilla.                 (Fuente: commons.wikimedia.org)

El siglo XV de la Historia de España culmina con enormes acontecimientos, tanto para su futuro como para el desarrollo de Europa. Tras su victoria en la Guerra de Sucesión por la Corona frente a la dinastía de los Trastámara, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, más conocidos como los Reyes Católicos, se alzarían definitivamente como los gobernantes de España al finalizar con un proceso de Reconquista que se había prolongado ochocientos años, culminando con la toma de Granada (1492). En ese mismo año, financiaron la expedición de Cristóbal Colón, una inversión que les obsequiaría con el descubrimiento de América, fundamental para obtener unos ingresos que sostendrían al Imperio de los Habsburgo. Así ellos comenzaron a desarrollar una política que unificaría aquellos grandes reinos y los convertiría en una de las principales potencias europeas.

La evolución de la artillería implicó una revolución militar que exigía a las principales potencias europeas una reorganización del ejército, capaz de ofrecer un servicio permanente a la corona y de sus construcciones defensivas. Con respecto al primer punto, los Reyes Católicos sustituyeron las mesnadas nobiliarias por la Guardia Real, 1 atendiendo a las advertencias de Alonso de Palencia 2 sobre la indisciplina militar y al modelo de infantería suizo, que rápidamente copiarían el resto de potencias europeas. No obstante las defensas medievales quedaron obsoletas ante los avances técnicos. Durante la Edad Media los castillos demostraron su eficacia forzando los asedios mediante elevados muros que impedían una carga directa de la caballería. Sin embargo, eran demasiado débiles frente al fuego de artillería, lo que pudieron observar Isabel y Fernando en sus asedios frente al Islam.

Mapa sobre la disposición de fortalezas en Navarra (Autor: J.J. Martinena).
Mapa sobre la disposición de fortalezas en Navarra. Aunque en número formasen una enorme red, realmente fueron solamente unos 25 castillos los únicos útiles desde el punto de vista militar.              (Autor: J.J. Martinena).

Fue entonces cuando decidió reformar las defensas del reinado de Navarra, colindante con la frontera de Francia y, por tanto, las primeras expuestas a una ofensiva. Previendo un posible conflicto con ella (lo que no tardaría en suceder), 3 Fernando de Aragón derribó los castillos abandonados o que hubieran sido enajenados a la Corona a causa de las luchas banderizas y comenzó a construir y reformar los que sí fuesen útiles para su campaña militar. 4 Los posteriores monarcas, de la dinastía Habsburgo, prosiguieron con la labor constructiva, conscientes de su vital importancia: el emperador Carlos V impulsó la actualización de los fuertes navarros, mientras que su hijo Felipe II determinó la construcción de la ciudadela, así como la contratación de arquitectos especializados provenientes de Italia y la autorización para la instalación de una “Academia de Mathematicas y Arquitectura Militar” en 1582 en el Real Alcázar de Madrid, con objeto de instruir especialistas nacionales. 5

Los arquitectos de la ciudadela

El emperador Carlos V, que ya había impulsado la actualización de los baluartes navarros, encargó al capitán Luis Pizaño que visitase las principales plazas fuertes del norte de España para dar un informe sobre su estado. Militar formado en la campaña de Nápoles a las órdenes de Gonzalo de Córdoba, apodado como el Gran Capitán, contempló las virtudes de las fortalezas italianas, lo que trasladaría a nuestras construcciones. Así en 1542 redactaría dos informes que destacan las reformas urgentes para la defensa española. 6

Casi tres décadas más tarde, Vespasiano de Gonzaga propuso un proyecto que llamaría la atención de Felipe II, integrando la posibilidad de adquirir agua dentro de la propia fortaleza y la construcción de un hospital militar, considerado el primero de España. No obstante, la dirección de las obras recayó finalmente en Giacomo Fratín y sus hermanos, que asumirían el cargo por orden expresa del rey, y que se alejó de las directrices marcadas por Gonzaga, lo que se traduciría posteriormente en críticas. 7

Situación de la fortaleza en 1587 (Fuente: Archivo General de Simancas).
Situación de la fortaleza en 1587 (Fuente: Archivo General de Simancas).

Estructura y funcionamiento

¿Qué elementos introduce una fortificación moderna? ¿Cuál es su cometido? La fortaleza abaluartada constituye el principal modelo de construcción defensiva en la Edad Moderna, prolongándose su uso hasta el siglo XIX. Las confrontaciones bélicas del siglo XVI solían basarse en el establecimiento de sitios: aislar una ciudad con objeto de impedir el paso de suministros y debilitarla lentamente hasta encontrar una oportunidad idónea para su conquista. Así pues, el baluarte ofrecía una mayor resistencia, contrarrestando la potencia de la artillería y prolongando el sitio, lo que podía desgastar los recursos del agresor gravemente, como indicó el inglés William Davison tras la victoria de Don Juan de Austria en Gembloux (1578): “Una ciudad bien defendida basta para arruinar a un poderoso ejército”. 8

Observemos ahora la siguiente imagen:

Esquema de las distintas parte que compone la ciudadela. (Fuente de imagen: http://www.guiailustradadenavarra.com/)
Esquema de las distintas partes que componen la ciudadela. (Fuente de imagen: http://www.guiailustradadenavarra.com/)

El elemento fundamental es el baluarte (A). Consiste en introducir en la esquina en que convergen dos cortinas (B) una fortificación que se compone de cuatro caras: dos dispuestas hacia el exterior, de manera que la artillería pueda repeler al ejército enemigo, y otras dos unidas al muro, de manera que pueda realizarse un fuego cruzado, cubriendo todos los espacios. A veces se añadía un baluarte en el centro de la cortina, lo que ayudaba a cumplir esta tarea con mayor eficacia. 9

También se reformaría el espacio circundante: el foso (C) ampliaría sus dimensiones, dificultando un posible asedio. No obstante, es preciso recordar que los progresos de la artillería habían sustituido el asedio tradicional, abriendo brechas en las defensas y penetrando entonces los atacantes. Para dificultar la ejecución de esta táctica, se crearon glacis (D), un espacio ligeramente escarpado, ubicado entre el terreno exterior y la ciudadela, que impedía al enemigo posicionar correctamente su artillería y, por tanto, consiguiendo que sus disparos sean menos certeros. 10

En el centro se dispone la plaza fuerte (E), que debía permitir el abastecimiento de agua, alimento y munición. Solía disponerse en terreno llano con objeto de evitar verse expuesta ante la artillería enemiga, si ésta lograba tomar posiciones dentro de la propia fortaleza, y facilitando al mismo tiempo el traslado de las provisiones adonde fuesen requeridas. En cuanto a la forma estrellada del baluarte, aunque llamativa, resultaba bastante habitual en este tipo de proyecciones, puesto que nos situamos en la época del Renacimiento, asumiendo los arquitectos como criterio de construcción el orden, la geometría y su funcionalidad. 11

Notas:

  1. La Guardia Real constituyó un proyecto dedicado al reclutamiento de soldados que pretendía permanecer activo de forma constante, sustituyendo únicamente la décima parte más longeva de este ejército cuando fuese preciso por nuevos reclutas. Predominaba la infantería sobre la caballería, constituyendo así la fuerza principal del ejército, al contrario que sucedía en la Edad Media, y adaptándose por tanto a las exigencias bélicas de aquellos tiempos. Para más información consulte R. Quatrefagues, La Revolución Militar Moderna. El Crisol Español, Madrid, 1996, pp. 35 – 57.
  2. Este obispo escribió el Tratado de la perfección del triunfo militar en 1459, a través de figuras alegóricas que ilustraban qué virtudes debían imperar en un ejército: junto al Triunfo, debía situarse el Orden y la Obediencia. Ibidem, pp. 68 – 72.
  3. Luis XII de Francia acometería una campaña militar contra Milán (1500), repartiéndose el reino de Nápoles con el Católico. Aunque por las victorias del Gran Capitán, el aragonés recuperaría lo perdido y firmaría el tratado de Bois en 1505, casándose con Germana de Foix. Posteriormente, continuaría la pugna por Italia con su sucesor Francisco I frente al emperador Carlos V. Para más información, P. Molas; J. Bada; E. Escartín; F. Sánchez Marcos; V. Gual y A. Martínez, Manual de historia moderna, Barcelona, 2011, pp. 212 – 215.
  4. J.J. Martinena Ruiz, “Del castillo al baluarte. Nuevos planteamientos de la defensa de Navarra en el siglo XVI”, en El patrimonio fortificado pirenaico [s.XVI-XIX], Pamplona, 2014, pp. 16 – 19.
  5. P. Mora Piris, “Tratados y tratadistas de la fortificación: siglos XVI al XVIII”, en Cartografía histórica en la Universidad de Sevilla, Sevilla, 2010, pp. 12 – 17.
  6. J.J. Martinena Ruiz, “Protagonistas de la Pamplona amurallada”, en Fortificaciones de Pamplona: La vida de ayer y hoy en la ciudad amurallada, Pamplona, 2012, p. 65.
  7. Ibidem, pp. 66 – 71.
  8. P. Mora Piris, “Tratados y tratadistas de la fortificación: siglos XVI al XVIII”, p. 23.
  9. Ibidem, p. 21.
  10. Ibidem, p. 22.
  11. Ibidem, p. 22.

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