Mis muros de fuego son: La Alameda de Osuna

0
494

Antes de que el distrito municipal de Barajas fuese tal y como hoy lo conocemos tuvo diferentes ocupaciones de las que aún hoy se conservan restos bastante simbólicos. La más monumental es el castillo llamado de la Alameda, situado en un pequeño cerro desde donde se puede avistar parte de la ciudad; no obstante, este castillo no es la primera presencia humana que habitó aquí.

Con las excavaciones realizadas durante los años 2006-2010, cuyo objetivo era la restitución y musealización de dicha fortificación medieval, se hallaron restos de un poblado de la Edad de Cobre o, lo que es lo mismo, del Calcolítico. Su localización se debía a la cercanía de recursos tanto naturales -cerca se encuentra el arroyo de Rejas y zonas fértiles- como materiales y aprovecharon el valle del Jarama para obtener nódulos de sílex con los que tallar instrumentos. 1

www.artedemadrid.com
www.artedemadrid.com

Como en otras zonas del valle del Jarama, por ejemplo de Gózquez, las viviendas que se localizaron en la zona del foso del castillo eran de planta circular con un zócalo de piedra que servía de base para el muro de la misma; las paredes y techo estaban construidos mediante ramas y barro, y el suelo estaba cubierto con esteras y pieles para aislarlo de la humedad.

Además, en el actual foso de la fortificación, que también fue foso de ese primer asentamiento, se encontraron huecos excavados en el suelo que posiblemente se utilizaran como silos, ‘despensas’ que al comenzar a desmoronarse los muros cambiaron su uso a basurero; modificación importante, pues aporta valiosa información sobre la dieta alimenticia y los utensilios empleados por ese poblado.

Posterior a este primer poblado calcolítico, abandonado hacia el 1500 a.C., también hubo presencia humana tanto de la Edad de Bronce como de la Edad de Hierro, comprobada gracias a los restos cerámicos que fueron apareciendo durante las diferentes excavaciones. Y un poco más tarde, con la romanización, comenzó a desarrollarse una nueva organización administrativa en torno a las grandes ciudades, siendo Complutum (Alcalá de Henares) el gran centro urbano de la zona. 2

Debemos dar un gran salto desde el gran Imperio Romano hasta la Edad Media para comprender el porqué de las fortificaciones que se van construyendo en el reino cristiano. Los territorios de frontera entre Al-Ándalus y Castilla requirieron de grandes estructuras para defender la zona sobre la que se asentaban y, así, evitar de nuevo el avance musulmán; además, junto a esas grandes manifestaciones de poder se generaban pequeñas aldeas que estaban bajo la protección del señor feudal que habitaba en la fortaleza. La repoblación de la Alameda tiene lugar en la segunda mitad del siglo XIII, pero de esa etapa nada queda a no ser por las huellas documentales, por ello debemos seguir hasta el año 1400, puesto que es ahora cuando el almirante de Castilla, Diego Hurtado de Mendoza (padre de Íñigo López, marqués de Santillana), gracias a la cesión de este territorio y otros derechos jurídicos y económicos, decide levantar la fortaleza de la Alameda, a la cabeza de su señorío.

El castillo, como todos los que fueron construidos por estas fechas, consta de los siguientes elementos: 3

  • Una torre de homenaje de la que solamente se han conservado sus cimientos y parte del pavimento de ladrillos, pero que se supone que debía constar de tres plantas: la segunda albergaría la cámara del propietario, la primera tendría un gran salón donde el señor recibía el ‘homenaje’ de sus vasallos y la planta baja se destinaría a bodega y almacén. Además tenía que ser más alta que los muros que la bordeaban.
  • Un reciento de dos plantas con estancias auxiliares dispuestas en torno a un patio. Estas podrían ser la cocina, letrina, capilla y cuarto para los guardias. Como el castillo es de pequeñas dimensiones las habitaciones ocuparían solamente dos de los cuatro lados del mismo, dejando, como ya se ha dicho, un espacio como patio, donde habría un pozo para el autoabastecimiento de agua, y otro más incrustado en uno de sus muros.
  • Una barrera o barbacana donde se encontraba la liza o camino de ronda.
  • Un gran foso defensivo con las paredes en talud.
  • Y un puente no levadizo, ya que hoy todavía pueden verse restos del apoyo del mismo. Es decir, estaría formado por una parte maciza y por otra de madera que, en caso de ser atacado, podría destruir para borrar el acceso a la plaza.

A todo ello hay que sumar la entrada acodada del mismo. Si el atacante llegara a superar la barrera, para lograr acceder al recinto interno del castillo, tendría que rodear la torre del homenaje mientras se expone al continuo fuego de los defensores del castillo para entrar ya en el corazón del mismo; esto se asemeja bastante a la forma que adoptan las casas islámicas, para preservar la intimidad del hogar levantaban un zaguán que daba acceso al patio de la vivienda por medio de un pasillo acodado o con forma en ‘L’.

www.hoypormadrid.com
www.hoypormadrid.com

En cuanto al tipo de piedra que se empleó podemos destacar los mampuestos de sílex, piedra que durante la Prehistoria se usaba para fabricar utensilios y, también, para conseguir fuego al golpear dos piedras entre sí; debida a su abundancia, Madrid las empleó para construir sus murallas, de ahí que uno de sus lemas más conocidos sea “mis muros de fuego son”, lema que podemos aplicar también al castillo de la Alameda.

No obstante, tanto la propiedad del castillo como su aspecto se han ido transformando a lo largo del tiempo. Al morir Diego Hurtado de Mendoza en 1404, el señorío de Barajas y la Alameda pasan a manos de su prima y amante Mencía de Ayala que, al casar con Ruy Sánchez de Zapata y al aportar la dote, automáticamente cambió a manos de esta nueva familia. Así, entre 1555 y 1580 esta gran fortificación comenzó una evolución que acabaría en un palacio rural de estilo renacentista.

www.blasonari.net
www.blasonari.net

Los cambios más significativos fueron que el foso que tenía un acceso directo al palacio por medio de un pasadizo se amplía y pasa a ser un lugar de deleitación ya que se planta un jardín donde crecían cipreses, fresnos, nogales y plantas aromáticas como las rosas, lirios, azucenas y tulipanes. 4 Además no solo se añade flora, sino que se construye un sistema de canalizaciones que recorría todo el foso y que abastecía a las fuentes que se colocaron en las esquinas del mismo; incluso se instaló la llamada “fuente de burlas” que eran unos surtidores de agua, que apenas se apreciaban en el pavimento, y que se activaban (de manera manual) como por arte de magia para gastar bromas a la persona que paseaba.

Con los nuevos tiempos llegaron las nuevas necesidades y gustos, de ahí que poco a poco la función defensiva fuera perdiéndose y, en contraposición, se generara un nuevo estilo de vida más cómodo y despampanante.

Ya en el siglo XVII la Alameda tiene nuevos propietarios, la familia de Osuna, cuya historia estaba estrechamente ligada al señorío. Los Zapata no solo crearon un espléndido jardín en el foso, sino que también lo llevaron fuera del mismo, es decir, en el sur del castillo consiguieron crear un estanque en cuyo centro había una isla artificial para pasear en embarcación.

www.wikipedia.org
www.wikipedia.org

Pero debido a la fidelidad que esta familia profesaba al rey, tuvieron que prestar en varias ocasiones su residencia para que algunos personajes caídos en desgracia pasaran allí el tiempo a modo de prisión, entre los que podemos destacar a Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, y Pedro Téllez-Girón, III duque de Osuna. Este último acabó falleciendo durante su encarcelamiento y fue enterrado en la isla artificial arriba mencionada. Por ello, transcurrido más de un siglo, en 1785, sus descendientes decidieron recrear la leyenda del III duque de Osuna en el parque que levantaron y que denominaron como “El Capricho”, pero no solo reprodujeron la leyenda al colocar un recuerdo a dicho duque sino que se levantó el nuevo parque con las piedras del ya ruinoso castillo.

www.blog.pepecar.com
www.blog.pepecar.com

El estado en que quedó esa majestuosa fortaleza después de su expolio fue decadente y mantenida hasta hace apenas unos años, cuando finalmente se decantó por realizar un proyecto de recuperación de este patrimonio derruido pero rico. De este modo, se realizaron diversas campañas de excavaciones para reunir información necesaria para la posterior revalorización; de hecho, con esta actuación no solo se recuperaron restos medievales sino que también se puso en estima las intervenciones que durante la Guerra Civil se realizaron en los restos de la fortaleza (nido de ametralladoras y diversos orificios en los muros).

www.madrid.es
www.madrid.es

En definitiva, podemos estar más o menos de acuerdo en la forma de intervención y reconstitución de los muros, pero en lo que sí coincidiremos es que el castillo de la Alameda supone un buen ejemplo de recuperación y difusión del patrimonio, modelo que ahora requiere de su conservación y estima de la ciudadanía.

Notas:

  1. Sáez Lara, Fernando (2016): El castillo de Madrid. Castillo de la Alameda, Ayuntamiento de Madrid.
  2. Sáez Lara, Fernando (2016): El Castillo de la Alameda, Ayuntamiento de Madrid.
  3. Sáez Lara, Fernando (2016): El castillo de Madrid. Castillo de la Alameda, Ayuntamiento de Madrid.
  4. Marín Perellón, F. J. (2010): Única fortificación medieval en el término municipal. Desde el siglo XIV, el castillo de la Alameda, en Barajas, Ilustración de Madrid, nº18.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.