Los orígenes del terror: Un viaje a las entrañas de Dáesh

0
1337

Sami Moubayed, historiador sirio, se empeña a lo largo de su obra Bajo la bandera del terror en explicar lo que para los occidentales resulta casi inexplicable. En una buena parte, este libro es un libro de historia del salafismo y de cómo surge en Siria esta corriente islámica. El Estado Islámico, ISIS o Dáesh, hunde sus raíces ideológicas en los orígenes del islam. No es algo nuevo, aunque tal y como hoy lo conocemos se conforma organizativamente en 2014 aunque comienza a formarse tras la invasión norteamericana de Irak, en 2003. El concepto de salafismo surge originariamente en el siglo XIX como reacción al aumento de la influencia europea en el mundo musulmán, afirma el autor. Instaurar una teocracia global, gobernada por una visión rigorista de la fe musulmana, es su objetivo último.

Del wahabismo moderno es de donde extraen las teorías para conformar el ISIS que hoy conocemos y todos los movimientos yihadistas suníes. La influencia de Arabia Saudí en la extensión de esta interpretación del islam la recalca Moubayed en varias ocasiones y la apoya en datos objetivos: entre 1982 y 2005, el Rey Fahd financió 210 centros islámicos, 1.500 mezquitas, 202 facultades islámicas y 2.000 escuelas, desde Nigeria hasta Malasia. Sólo en 2013, destinaron 35.000 millones de dólares para escuelas en el sureste asiático, donde residen mil de los mil doscientos millones de musulmanes de todo el mundo.

LibroDaeshMoubayed mantiene que la proclamación de al-Baghdadi como califa en 2014 se debe a la ausencia de líderes carismáticos en la comunidad suní, en contra de lo que sucede en la chií donde sí existe un líder claro. “Los musulmanes suníes de hoy están donde estaba el chiísmo hace casi cuarenta años. Se sienten débiles, sin líder, victimizados y abandonados. Sienten que necesitan un califa”, afirma.

La rama siria de los Hermanos Musulmanes (HM) hacia 1940, mantiene el autor, aportaron las raíces ideológicas a los grupos yihadistas que operan en Siria. La primera generación de HM intentaron acceder al poder por la vía democrática, la segunda por la vía militar y fueron masacrados por el régimen baazista de Damasco. “Una generación entera de islamistas sirios fue asesinada, encarcelada o se exilió”, afirma Moubayed. Una tercera generación nació y se formó en Europa y la cuarta surgió tras el 11-S. La quinta son miembros de Jabhat al Nusra y del ISIS.

“La nueva yihad empezó en 2011 para acabar con el régimen sirio, antes de convertirse en algo más complejo y extenderse a otras partes de la región”, mantiene el autor. No deja de tratar el historiador sirio los orígenes de Al Qaeda como grupo yihadista y lo hace con amplitud, pero igualmente sostiene que esa organización no es hoy quien protagoniza el movimiento islamista salafista en la región y en el mundo. “El mundo –dice- cambió dos veces en una década, el 11 de septiembre de 2001 y con la invasión estadounidense de Irak, en marzo de 2003”. De hecho, señala que tras el ataque a las torres gemelas, los servicios de inteligencia sirios y norteamericanos se intercambiaban activamente información, pero que esa relación terminó cuando se produjo la invasión de Irak. Nadie sabe, afirma, cuantos yihadistas cruzaron la frontera sirio-iraquí entre 2003 y 2006. Las autoridades sirias incluso alentaron la penetración yihadista en Irak, sin adivinar que esos mismos combatientes llevarían la guerra a su territorio años después.

Le dedica un capítulo de su obra al nacimiento y desarrollo del Frente al-Nusra y a su ideólogo Abu Musab, aunque su fundador fuera Abu Mohamed al-Golani, nacido en Siria.
Fieles a Al Qaeda, se convirtió en la rama siria de esta organización. De al-Nusra nace la iniciativa de conformar estructuras propias de un Estado en los territorios que ocupa, así como de organizar una verdadera red de medios de comunicación. Las luchas por el poder entre al-Golani y al-Baghdadi se llevan hasta el extremo de incitar a militantes a cambiar de organización mediante la oferta de mejor salario, además de producirse incluso enfrentamientos armados entre ellos. Más del 70 por ciento de los combatientes de al-Nusra acaban pasándose al ISIS, dice el autor. En noviembre de 2014 acuerdan una tregua y posteriormente unen fuerzas contra el Estado sirio, haciéndole sombra de forma definitiva a Al Qaeda.

El ISIS, dice Moubayed, ha borrado las fronteras de Oriente Próximo, al menos entre Irak y Siria. Al Zarqawi fue quien estableció el Estado Islámico (EI) en Irak, cinco meses antes de ser abatido. El tinglado, afirma el autor de este libro, se empieza a desmoronar y en vísperas del levantamiento sirio, el EI en Irak se había convertido en un actor menor a escala iraquí.
Destaca el grave error de cálculo estadounidense que supuso el desmantelamiento del ejército iraquí tras la caída de Sadam Husein y el abandono en que se dejó, sin pensión ni expectativas, a las decenas de miles de soldados suníes del ejército de Sadam, dado que el nuevo fue conformado básicamente con chiíes. De ahí que la estrategia del EI se haya basado en reorganizar un ejército desmantelado más que en adiestrar unas tropas desde cero. Por eso el EI ha podido desarrollar tácticas militares clásicas, junto a las terroristas y guerrilleras, además de practicar lo que define como una “yihad mecanizada”. El uso de artillería, misiles y carros de combate forman parte de sus recursos habituales.

ISISLejos de ser dos caras de la misma moneda, ISIS y al-Nusra, afirma, tienen diferencias de planteamiento, estructura y visión. Los integrantes de al-Nusra son islamistas convencidos todos ellos. Mientras ISIS, que cuenta efectivamente con acérrimos salafistas, también encuadra a laicos con máscara islamista y una mayor experiencia de combate. Al-Nusra es, dice, más sirio que el ISIS. La diferencia entre ISIS y Al Qaeda estriba en quien considera cada uno su principal enemigo. ISIS, dice Moubayed, prefiere perseguir al enemigo cercano, por eso se centra en el régimen chií de Bagdab y el baazista/alauita de Damasco. Mientras al Qaeda considera las matanzas de ISIS demasiado extremas y las ha criticado.

El verano de 2014 es considerado por este historiador como lleno de éxitos para el ISIS, llegando a controlar el 60 por ciento de los campos petrolíferos de Siria, con una producción de 90.000 barriles/día que vendía en el mercado negro a un precio muy inferior al del mercado y de donde se financiaba principalmente, aunque no era su única fuente de ingresos. Igualmente, señala que el negocio del petróleo del ISIS depende de la posibilidad de utilizar las fronteras turcas. Ofrece la cifra –en el momento de escribir esta obra- de 25.000 extranjeros luchando en las filas yihadistas en Siria, de los que unos 3.000 son europeos. De estas cifras señala que los árabes suníes iraquíes suman la mayor cifra, seguidos de tunecinos y saudíes. En quinto lugar apunta que se sitúan los marroquíes. España, dice, aporta 300 yihadistas.

No hay marcha atrás, afirma tajante, y opina que sólo existe un Estado para los combatientes yihadistas y ese Estado es el de Abu Bakr al-Baghdadi, que lo lidera desde el 16 de mayo de 2014 en que se proclamó califa.ISIS02
Pese a que trata y no se olvida de la presencia del ISIS en Libia, señalando que con ello ha alcanzado las costas del sur del Mediterráneo, destaca que al-Baghdadi es un buen estratega que no aprieta más de lo que puede abarcar, por lo que se niega a ofrecer otra cosa que no sean consejos técnicos a sus aliados del norte de África, sin haberse dejado arrastrar por las peticiones de ayuda recibidas de Libia y Egipto. “ISIS no va a ir a ninguna otra parte en el futuro inmediato”, señala convencido.

Lo que califica como células durmientes y lobos solitarios son los instrumentos que emplea ISIS para llevar la lucha al corazón de Europa. Pero lo más relevante para ISIS es la influencia de la radicalización sobre el proceso de integración de los musulmanes en Europa. “Poner en peligro la paz social en Europa es una amenaza mucho mayor que un atentado aquí o allá”, concluye.

La adhesión al ISIS de masas de creyentes la explica por la desintegración de las sociedades en que viven y porque sus dirigentes habían permitido que se pudrieran en la pobreza y la ignorancia. Una de las bases de esa desesperación la centra en el fracaso del baazismo, generador de corrupción a todos los niveles de la sociedad. “El ISIS no es algo que vaya a desaparecer en el futuro inmediato”, dice, aunque en las últimas líneas de su libro desarrolla la teoría de que el problema no es el Estado Islámico, sino su líder, Abu Bakr al-Baghdadi y que su desaparición (¿?) podría traer consigo que el nuevo líder que le sustituyera pudiera dar un giro a ISIS y éste acabara siendo reconocido con unas fronteras delimitadas y hasta ingresando en las Naciones Unidas. “La historia está llena de Estados fundados por malhechores armados con grandes espadas y tácticas brutales”.

 

Sami Moubayed: Bajo la bandera del terror. Un viaje a las entrañas de Dáesh. (Península, 2016).

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.