La belleza de los números: Alberti y Santa María Novella

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No siempre comprendemos cuál es la belleza de las construcciones. A veces, nos resultan demasiado frías porque realmente no conseguimos sumergirnos en la mente de un arquitecto, observando los esculpidos, deteniéndonos a contemplar las piezas patrimoniales, sin observar cuál es el propósito fundamental del arquitecto, la clave en la cual se sostienen y en qué convergen todos los elementos de una construcción: la organización del espacio. En el devenir de los siglos, y desde la Historia Antigua, el dominio del espacio requería una destreza abstracta, capaz de conjugar número y proporción en sus fórmulas y teorías. Los matemáticos se convertirían desde entonces en arquitectos. Hoy nos introduciremos en los sistemas de construcción construidos a partir de números, una breve pincelada sobre su desarrollo en la Grecia clásica y su continuidad a través de Alberti.

Sistemas de proporción y número

Desde entonces, se han empleado dos sistemas de construcción, basados en estos dos factores, y que se han empleado alternativamente: el más habitual lo constituye el sistema de número y proporción conmensurable, según el cual todos los elementos que constituyen una construcción adquieren dimensiones proporcionadas con una pieza particular que sirve como común denominador al resto, obedeciendo a escalas fácilmente perceptibles por el ojo humano; el sistema de número y proporción inconmensurable no utiliza ese denominador común, empleando proporciones cuya percepción es más complicada, y se deriva de la sección áurea. Sobre el primero plantearía Vitrubio, famoso tratadista romano, su teoría arquitectónica, que contempla las principales dimensiones como submúltiplos del conjunto del proyecto. 1

Tras el ocaso del Imperio Romano, se perderían los conocimientos de la pagana sabiduría grecolatina, en favor de las imponentes catedrales románicas y góticas, hasta que el Renacimiento desenterraría del olvido sus tratados teóricos, recuperando así nuevamente los órdenes clásicos, el concepto de antropocentrismo y continuarían diseñando nuevas fórmulas sobre los números y la proporción, respetando el legado que había proporcionado la Antigüedad.

El antropocentrismo renacentista y la arquitectura en Alberti

Retrato de Leon Battista Alberti, Escuela Florentina, 1600- 1650, óleo sobre lienzo. (Fuente: commons.wikimedia.org)
Retrato de Leon Battista Alberti, Escuela Florentina, 1600- 1650, óleo sobre lienzo. (Fuente: commons.wikimedia.org)

Leon Battista Alberti (1404 – 1472) nació en el seno de una familia adinerada de mercaderes en Florencia, rápidamente proscrita a causa del convulso panorama político. Por fortuna, en 1428 fue suprimida la orden que les impedía volver a Florencia y así Alberti pudo trasladarse a Roma para comenzar a formarse como arquitecto, entre 1432 y 1436. En una época brillante para el Humanismo, Alberti procuraría abarcar todos los ámbitos posibles de conocimiento que estuvieran dispuestos a su alcance, sin renunciar por ello a la acción: para él, la arquitectura desempeñaba tanto una función práctico-defensiva, que consistía en resguardar a sus ciudadanos, como ofrecía también un placer estético, un deleite visual. Probablemente había bebido del utilitarismo que imbuía el arte romano. 2

Además de escribir un tratado sobre la historia de la pintura con respecto a la perspectiva, realizó un tratado, compilado en diez volúmenes, en los que desarrolla su concepto de arquitectura armónica, que incluye tres factores: números, proporción, organización. Es decir, que un edificio cuya intención sea alcanzar la perfección estética debe integrar estos factores en sus diseños. No obstante, Alberti no justificará su postura a través de la matemática, sino del cuerpo humano, siempre de la mano de las teorías de Vitrubio. Lean:

“El cuerpo humano ha sido creado por la naturaleza de tal manera que la cara desde la barbilla hasta la frente y las raíces del pelo es una décima parte de la altura del cuerpo donde las demás partes del cuerpo también tienen sus propias medidas de proporción […] De un modo similar las partes del templo deben tener sus dimensiones estrechamente relacionadas con la magnitud de la totalidad”. 3

El hombre vitruviano de Leonardo Da Vinci, alrededor de 1490. Aberti afirmaba que si un hombre se levanta estirando los brazos y las piernas, al trazar una circunferencia los dedos rozarían sus bordes. De igual manera, su altura y brazos extendidos permiten construir un cuadrado perfecto.
El hombre vitruviano de Leonardo Da Vinci, alrededor de 1490. Aberti afirmaba que si un hombre se levanta estirando los brazos y las piernas, al trazar una circunferencia los dedos rozarían sus bordes. De igual manera, su altura y brazos extendidos permiten construir un cuadrado perfecto.

Alberti participaría en construcciones de peso durante el siglo XV: en el 1447 recibió el encargo de remodelar para Segismundo Malatesta la Iglesia de San Francesco en Rímini. Volviendo a su lugar natal, Alberti diseñaría en Florencia otros proyectos, tales como el Palacio Rucellai (1446 – 1455), realizada para Giovanni Rucellai basándose en un criterio que priorizaba belleza estética y la comodidad frente a la ampulosidad, o la capilla Rucellai ubicada en la Iglesia de San Pancracio (1467). 4 Sin embargo, el proyecto que mejor se identificaría con la proporción y la matemática sería Santa Maria Novella.

Esta iglesia ya tenía proyectada su base desde la época gótica, concretamente en el año 1246, para sustituir otra cuyas dimensiones resultaban demasiado pequeñas, 5 pero su fachada continuaba vacía en el siglo XV. Giovanni Rucellai, que se había convertido en un fiel mecenas de Alberti, le otorgó suficiente presupuesto como para culminar por fin el edificio, retomando la obra en el 1456. Respetó lo que se había conservado hasta entonces y se centró exclusivamente en el alzado de la fachada.

La geometría es predominante en un sentido decorativo: el frontón triangular y las circunferencias provocan un contraste con la robustez de los cuadrados y rectángulos que componen casi toda la fachada, definidos mediante una alternancia de colores blanco y verde entre sus piezas.

Fachada de Santa María Novella, 1456 (Fuente:www.laslaminas.es)
Fachada de Santa María Novella, 1456 (Fuente:www.laslaminas.es)

No es la decoración en sí misma la verdadera culpable de la atracción que ejerce la obra: es la armonía de sus proporciones, la disposición ordenada y simétrica de sus componentes, la que genera esa sensación agradable al observarla. La parte inferior se organiza mediante un gran rectángulo, que comprende tanto el espacio intermedio, compuesto de quince cuadrados dispuestos simétricamente, como la puerta flanqueada por muros decorados mediante arquerías ciegas y vanos huecos, que continúan esa alternancia bicolor, utilizando pilastras y entablamentos como marco para organizar el espacio. El largo de este rectángulo equivale a dos veces su altura, mientras que la parte superior supone un 1:4 de la fachada. 6 Por tanto, todas sus piezas se hallan correctamente proporcionadas y la sensación que nos suscita es de equilibrio, de belleza. Para concluir su proyecto, Alberti decidió utilizar dos volutas que unen de forma coherente ambas partes del alzado, otorgando así una continuidad de arriba abajo, facilitando el paso de nuestra mirada de una zona a otra.

Las teorías matemáticas continuaron su transcurso. Palladio prosiguió las teorías de Alberti, mientras que Le Corbusier, ya adentrándonos en el siglo XX, realizó el Modulador, buscando nuevamente establecer proporciones con el cuerpo humano. Si no nos convence la belleza de un edificio por lo tosco de su apariencia externa, busquemos entonces en introspectiva: en las abstractas matemáticas que los arquitectos concibieron en sus mentes prodigiosas.

Notas:

  1. Hernán Barría. “Número y proporción en arquitectura: Desde Vitrubio a Le Corbusier”. Arquitecturas del Sur, 26 (1997), pp. 23 – 26.
  2. Juan Salvat (direccción). El Gran Arte en la Arquitectura, volumen 16: El renacimiento (I). Barcelona, Salvat, 1992, p. 759.
  3. Hernán Barría, “Número y proporción en arquitectura: Desde Vitrubio a Le Corbusier”. Arquitecturas del Sur, 26 (1997), pp. 23 – 26.
  4. Juan Salvat (direccción). El Gran Arte… Barcelona, Salvat, 1992, pp. 762 – 763.
  5. Francisco Martín. “Arte con ojos matemáticos: Santa María Novella. Armonía bicolor”. Revista Suma, 64 (2010), pp. 81 – 84.
  6. Hernán Barría. “Número y proporción en arquitectura: Desde Vitrubio a Le Corbusier”… pp. 23 – 26.

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