Los baños árabes

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“Toda cultura o civilización descansa en la que la precedió inmediatamente en el tiempo y en el espacio”. 1 La tradición de los baños árabes arranca en la época grecorromana y su arraigo en la cultura islámica fue tan profundo que seguía fielmente el esquema constructivo de las termas, incluso se llegaba a usar la terminología latina. 2

Según Henri Pérès, se debe distinguir los hamma de los hammamat (en singular hammam). Los primeros eran baños naturales, manantiales de agua caliente y mineral que abundaban en tierras granadinas; mientras que los segundos eran los baños clásicos, lo que hoy denominamos ‹‹baños turcos››. 3 Para que los segundos tuviesen acceso al agua debían ubicarse en las zonas bajas de la ciudad por su cercanía al río, pozo, acequias… o en caso de situarse dentro de la medina, debía proporcionarse también agua mediante las conducciones acuíferas urbanas, ya que requería más agua que las mezquitas, cuyas necesidades se cubrían con aljibes.

Tragaluces (www.diariodelviajero.com)
Tragaluces (www.diariodelviajero.com)

Por tanto, los baños o hammamat eran edificaciones para la higiene corporal, cuyos materiales de construcción estaban destinados a proteger del agua y a mantener el calor de las salas de baño propiamente dichas. Para ello son necesarias instalaciones sólidas como muros de gran espesor hundidos en la ladera de una montaña o colina (protege de las inclemencias del tiempo) y materiales impermeables, como por ejemplo, suelos de mármol o piedra, paredes de cerámica, tragaluces de cristal, hornos, etcétera. En el supuesto de encontrarse dentro de la ciudad, el baño estaría en una calle céntrica, será de fácil acceso y público para todos los habitantes del barrio, ciudad, campo y también para los viajeros. 4

No obstante, estos hammamat presentan algunas diferencias con respecto a las termas romanas, pues durante la etapa emiral-califal (siglos VIII-XI) se impuso la reorganización del sentido de las salas; es decir, se pasa de la planta axial a una planta acodada y paralela, formando un rectángulo o cuadrado de menores proporciones, ya que se eliminan estancias complementarias. La descripción de las salas restantes -las que quedaron tras dicha etapa- se hará como si fuésemos nosotros los usuarios del mismo.

Normalmente los elementos de un hammam corresponden a un esquema constante
Normalmente los elementos de un hammam corresponden a un esquema constante (El hammam musulmán en Al Ándalus, R. Azuar Ruiz)

El apoditerium, al-bayt al-maslaj o entrada, normalmente acodada para dar mayor privacidad a los bañistas, solía tener grandes dimensiones y estar ornamentada mediante pórticos, arcos de herradura, pinturas, la indispensable inscripción donde figuraba el nombre del hammam, alguna mención a su origen y un versículo del Corán o tradición atribuida a Mahoma (hadiz); si fuese privado también figuraría el nombre de la personalidad que lo costeó. Es el lugar perfecto para desvestirse -servía de vestuario y guardarropa- y para comenzar el proceso del baño. El cliente traería ropa limpia para, una vez finalizada toda la operación del baño, vestirse con ella, dejando la sucia en un hato que se llevaría consigo; también portaría jabón, peine, guante para frotarse (el proceso de baño consiste en la sudoración mediante frotación), hoja de afeitar… Las toallas (dos concretamente: una para la cintura y otra para pecho y cabeza) o bien podría traerlas con él o se las proporciona el baño.

Continuo a esto, de forma que separa el vestuario de la sala fría, podría estar el barbero, tal y como hoy se sigue viendo en algunas partes del Magreb, puesto que el cuidado del cabello y la barba también contribuía a un mayor grado de limpieza. 5

La siguiente sala sería el frigidarium o al-bayt al-barid (sala fría). Es la sala más estrecha de las tres principales que conforman el hammam. Es una nave de tránsito, ya que aquí estarían dispuestos los retretes o evacuatorios (aguas sucias) que se limpiaban mediante el agua fría que corría bajo los mismos. Antes de entrar el bañista ya llevaría puesta su toalla y unos zuecos de madera sujetados a los pies por tiras de cuero; a pesar de que es una sala de tránsito, como ya se ha dicho, su importancia es máxima, puesto que contribuye a la limpieza completa.

Hipótesis de un baño hispanomusulmán completo.
Hipótesis de un baño hispanomusulmán completo (Tratado de arquitectura hispanomusulmán, CSIC)

El sistema por el que se separaban estas salas será mediante puertas de madera que posiblemente llevasen un sistema de cierre automático que obedeciese a la ley de la gravedad, “o bien se inclina el eje de la puerta hacia la dirección del cierre, de forma que gire el gozne, que será un pivote en el suelo, o se pone un peso con una polea que arrastrará siempre la puerta hacia su cierre”. 6 De esta manera no se pierde el calor que ya comenzaría a sentirse en las próximas salas.

La sala templada era el tepidarium o al-bayt al-wastani. Es la estancia más amplia de todas puesto que aquí es donde más tiempo pasa el bañista. Por este motivo, se disponen a lo largo de la misma unas tarimas de piedra o cemento para que los usuarios se tumben y reciban los masajes y frotes de limpieza; sin embargo, en el turno de las mujeres no había masajistas, sino que entre ellas se encargaban de masajearse. Además, también había una serie de piletas de un metro de largo y unos setenta centímetros de profundidad en las que los bañistas se refrescaban (metiendo cabeza, brazos o el cuerpo entero) o aprovechaban para sacar los baldes de agua necesarios para el posterior enjabonamiento.

Sección del Baño Real del Palacio de Comares. Alhambra
Sección del Baño Real del Palacio de Comares. Alhambra (www.aquifuetroya.com)

Y al-bayt al-sajun o caldarium era la sala caliente. Es la que mayor temperatura alcanza y se caracteriza por tener una piscina de la que posiblemente saliese vapor. Por ello, los bañistas solían sentarse en sus bordes o metían progresivamente las piernas; el periodo de tiempo que pasaban en esta estancia era breve debido al calor. En cuanto a sus características constructivas no variaba con respecto a las anteriores.

Para conseguir que este hammam fuese tal y que las salas hiciesen honor al nombre que recibían, se deben destacar dos elementos más que, en realidad, van unidos: praefurnium o al-burma y el hipocausis o al-furn. El primero correspondería a la caldera, que sería una estructura independiente con una entrada también separada del acceso principal del baño. Su ubicación suele ser detrás o bajo la sala caliente. Como complemento a la misma hay que destacar el depósito de combustible, ya que sin él esta estructura no funcionaría. En cuanto al segundo elemento, heredado de los romanos y conectado directamente a la caldera, consistía en una construcción subterránea de ladrillos que recorrería toda la sala caliente y, en algunos casos, la sala templada, permitiendo así el flujo del aire caliente generado en al-burma.

Restitución hipotética del horno y y funcionamiento de la caldera. Fuente Tratado de arquitectura hispanomusulman (CSIC).
Restitución hipotética del horno y y funcionamiento de la caldera (Tratado de arquitectura hispanomusulmán, CSIC)

En definitiva, el hammam no tenía solo como misión la limpieza corporal, siempre presente y obligatoria en la vida de todo musulmán, llegando incluso a destacar los habitantes de Al-Ándalus por lo mismo, sino que también era un lugar vinculado al hedonismo, o lo que es lo mismo, al placer: 7

“Nuestro hammam es abrasador como la estación
de la canícula, pero al mismo tiempo encierra
en ella el frío vivo que no hace mal.
Dos contrarios entre los cuales el cuerpo humano
experimenta una gran voluptuosidad, como la rama
que goza conjuntamente del sol y de la lluvia.”

Notas:

  1. Pavón Maldonado, B. Tratado de arquitectura hispanomusulmana. CSIC. Madrid, 1999.
  2. Vílchez Vílchez, C. Baños árabes. Los libros de la Estrella. Granada, 2001.
  3. Vílchez Vílchez, C. Baños árabes. Los libros de la Estrella. Granada, 2001.
  4. Azuar Ruiz, R. ‘Introducción. Baños árabes en el país valenciano’, El hammam musulmán en Al-Ándalus. Valencia, 1989.
  5. Azuar Ruiz, R. ‘Introducción. Baños árabes en el país valenciano’. El hammam musulmán en Al-Ándalus. Valencia, 1989.
  6. Azuar Ruiz, R. ‘Introducción. Baños árabes en el país valenciano’. El hammam musulmán en Al-Ándalus pág. 16. Valencia, 1989.
  7. Vílchez Vílchez, C. Baños árabes. Los libros de la Estrella. Pág. 17. Granada, 1989.

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