La autoría y el arte: Alonso Cano y Granada

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A veces la Historia del Arte resulta mucho más compleja de lo que se ofrece aparentemente. Como seres humanos, necesitamos establecer categorías sobre la realidad para comprenderla mejor, pero una simplificación excesiva también nos lleva a cometer errores torpes y a etiquetar con demasiada ligereza, sin criterio alguno. Y así sucede continuamente: si nadie duda en afirmar que Velázquez es uno de los grandes pintores de la escuela pictórica española, tampoco nadie sabría explicar qué razones le motivan la afirmación de esta idea.

Tal caso concierne a la autoría de las catedrales. Estas imponentes construcciones necesitan un gran periodo de gestación, endureciendo sus membranas mediante hiladas de piedra y tejiendo sus cubiertas con la carne de las bóvedas hasta alcanzar sus colosales dimensiones. Mientras transcurren los siglos, son múltiples los arquitectos que intervienen en el proyecto, que procuran amoldar sus propias ocurrencias a los huecos vacíos del edificio y que jamás contemplarán con sus propios ojos el culmen de su creación: Gaudí todavía sigue esperando, desde que falleció en el 1925, a que la Sagrada Familia se deshaga del esqueleto de grúas y andamios que aún rodean su preciada obra. Y es que para una catedral, cuyo ciclo de vida se mide en centurias, la vida humana no resulta más que un suspiro.

Alonso Cano, posible réplica réplica de autorretrato Óleo sobre lienzo 72 x 67 cm Museo de Cádiz
Alonso Cano, posible réplica de autorretrato.
Óleo sobre lienzo.
72 x 67 cm.
Museo de Cádiz.

La fachada de la catedral de Granada, que nos ocupa hoy, se supone testigo del movimiento barroco español del siglo XVII. Hasta entonces se había caracterizado por la austeridad, tanto decorativa como material, debido en cierta manera al empobrecimiento de la sociedad española. Sin embargo, a mitad de este siglo se comienza a introducir más ornamentación en los edificios. Y precisamente entonces aparecería Alonso Cano (1601 – 1667), un artista versátil que dominaba las tres disciplinas estáticas: arquitectura, escultura y pintura.

En marzo de 1664 su proyecto sería aceptado para realizar la construcción de dicha fachada, pero sobrevendría entonces una enfermedad sobre él que lo debilitaría lentamente hasta llevárselo a la tumba en septiembre del mismo año. Muerto Alonso Cano, la dirección de la obra tuvo que ser encomendada a otros arquitectos dispuestos a proseguir con los trazos marcados por su predecesor, siendo José Granados de la Barrera quien finalizara con este proyecto en 1684. 1

Catedral de Granada. Fachada atribuida a Alonso Cano. (https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwjrtuSxwKPNAhXD7RQKHShsCKYQFggeMAA&url=https%3A%2F%2Fen.wikipedia.org%2Fwiki%2FGranada_Cathedral&usg=AFQjCNG152p2UnIHGIzinQWODnB_QGJoWw&sig2=FUQ8mAPiaWehKPkeuJcFYg Autor: Berthold Werner)
Catedral de Granada. Fachada atribuida a Alonso Cano.
Autor: Berthold Werner.
Fuente: Wikipedia.

La estructura de la fachada ha sido alabada en diversas ocasiones por los críticos, que la atribuyen directamente a este arquitecto. Sin embargo, para cuando Alonso Cano había logrado el aprobado de su diseño para la construcción de la catedral, ya existían modelos precedentes que lo inspiraron para abordar su tarea. Diego de Siloé (1495 – 1563) comenzaría a intervenir en la catedral en 1528, fecha en la que ya se había definido el perímetro de la planta por Enrique Egas (1455 – 1534), quien fue despedido ese mismo año por las reticencias que despertaba su proyecto ante el Cabildo. 2 Siloé esbozaría la estructura retraída que suele calificarse de original y genuina, cuando era en realidad un modelo habitual en el plateresco del siglo XVI, y existen varios ejemplos en la Península, tales como Santa Engracia (Zaragoza). Sin embargo, cuando Cano alcanzó la dirección de la obra, solamente se había construido el altar mayor y el extremo este, lo imprescindible para realizar allí oficios religiosos, así que todavía podía intervenir y dejar su impronta en la fachada que Siloé pretendía alzar. Así prescindió de los contrafuertes, mantuvo el sistema de ventanales e introdujo una decoración rigurosa, basada en el retraimiento o sobresalida de los elementos decorativos en el muro. 3

En cuanto a la decoración, Alonso Cano logró efectuar un interesante juego de claroscuros, basándose en ese retraimiento que mencionábamos anteriormente sobre los elementos que constituyen el resultado final de la fachada, acentuando templetes, óculos, pilastras y entablamentos. El predominio de la rectilínea aporta un carácter sobrio, muy habitual en el Barroco español de aquel entonces, aunque se contrapone al sistema de ventanales que invaden el muro y que aparecen acompañados de otros relieves circulares que acentúan esa oposición entre curva y recta, incluyendo entre ellas el gablete que alberga la Anunciación diseñada por Cano.

Los Reyes Católicos ya comenzaron a elucubrar sobre la construcción de una catedral. Tras una primera edificación, decidieron suplantar la mezquita aljama por un proyecto que se alargaría y viajaría de arquitecto en arquitecto hasta el siglo XVIII. (Imagen: www.temporamagazine.com)
Los Reyes Católicos ya comenzaron a elucubrar sobre la construcción de una catedral. Tras una primera edificación, decidieron suplantar la mezquita aljama por un proyecto que se alargaría y viajaría de arquitecto en arquitecto hasta el siglo XVIII.
(Imagen: www.temporamagazine.com)

Tras su fallecimiento, otros arquitectos quisieron meter baza y dejar su firma en los huecos que quedaban por perfilar. La decoración escultórica fue realizada en el siglo XVIII por Michel Verdiguier (1706 – 1796) junto a su hijo Louis, introduciendo unos medallones que encierran a los evangelistas en los pilares del cuerpo inferior y añadiendo una representación de la Asunción y la Visitación en las puertas laterales. Es verdad que la Anunciación pertenecía a Cano y podríamos afirmar entonces que este sirvió como fuente de inspiración a los dos franceses del siglo XVIII. Pero en el siglo XVI ya existían precedentes sobre la utilización de medallones como decoración arquitectónica: el Palacio de Carlos V construido por Pedro Machuca, así como los que se ubican en el patio del Hospital de Santa Cruz, indican que era una tradición arraigada en el Renacimiento español y, en consecuencia, tampoco resultaría ser invención propia sino más bien una reelaboración. 4

Parecería entonces que Alonso Cano se atribuyó inmerecidamente los méritos de la obra. Sin embargo, respetó y cuidó la estructura que Siloé había diseñado previamente, modificando únicamente lo estrictamente necesario para readaptarlo a los gustos de su época. Hizo lo que cualquier aprendiz con un cierto sentido del honor hubiera hecho: proseguir los pasos de sus maestros.

Notas:

  1. Wethey, Harold E. Alonso Cano. Pintor, escultor y arquitecto, Madrid, Alianza Forma, 1983, p. 98.
  2. Sarthou, Carlos; Navascués, Pedro, Catedrales de España, Madrid, Espasa-Calpe, 1988, p. 132.
  3. Wethey, Harold E. Alonso Cano. Pintor, escultor y arquitecto, Madrid, Alianza Forma, 1983, pp. 98 – 99.
  4. Wethey, Harold E. Alonso Cano. Pintor, escultor y arquitecto, Madrid, Alianza Forma, 1983, pp 98 – 99.

2 Comentarios

    • Muchas gracias Christina, me alegro de que te haya gustado.

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