Una evaluación del panorama periodístico

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Datos de penetración EGM 2015 (aimc.es).
Datos de penetración EGM 2015 (aimc.es).

Decir después de ocho años de crisis económica que vivimos una época difícil para el periodismo suena a broma. No porque estemos perfectamente, sino porque hemos tenido tiempo de sobra para explorar diferentes opciones y ajustar los modelos. De hecho, donde la crisis del periodismo ha sido implacable es en el ámbito de los medios escritos, principalmente en la prensa diaria en papel. Es siempre útil consultar los datos del Estudio General de Medios (EGM) para hacer un balance de la situación. Uno de los datos interesantes es la penetración, que nos indica el porcentaje que la audiencia que representa un tipo de medio en relación a la población total. Si observamos la penetración de la prensa diaria ha caído desde un 42,1% en 2008 hasta el 28,9% en el último EGM de 2015. Por contra, los datos de internet no paran de crecer desde el 29,9% en 2008 al 64,8% donde se sitúa en 2015.

Recuerdo que en los primeros años de mis estudios de periodismo se decía que las ediciones digitales de los periódicos eran sostenidas económicamente por el papel. Sin embargo, habría que analizar la situación actual, que probablemente variará de unos a otros. Pero no cabe duda de que estamos en una transición a nuevos modelos periodísticos, y que la tendencia se está revirtiendo, siendo el ámbito digital el que alimenta las cuentas de las empresas editoras. En los últimos años encontramos ejemplos de medios sostenibles sólo con ediciones digitales.

El primer ejemplo es eldiario.es, que publicó sus cuentas hace pocos días, indicando que no paran de crecer los datos de suscriptores al periódico —ya tienen 14.231 socios— y también la audiencia. Por cierto, hacer públicas las cuentas es una costumbre, a mi juicio, saludable. Pero no sólo eldiario.es es un caso de éxito. El periódico digital InfoLibre también ha presentado sus cuentas en el mes de marzo. En su caso, todavía se encuentran en una situación de pérdidas, aunque decrecientes respecto a los dos años anteriores. Su número de suscriptores también es menor que el de eldiario.es, aunque sus modelos son diferentes. Por último, en 2015 nació un periódico digital fundado por Pedro J. Ramírez, El Español, que desde su fundación ha tenido un gran apoyo por parte de lectores-accionistas, y que acumula éxitos desde el primer día.

Cabecera de 'eldiario.es'
Cabecera de ‘eldiario.es’.

Aparte de estos tres periódicos exclusivamente digitales hay otros, aunque estos representan tres modelos de empresa periodística diferentes. En el caso de eldiario.es no llaman suscriptores a quienes apoyan del medio con una pago anual o semestral, sino socios. En su caso, los socios no reciben un producto exclusivo a excepción de una revista temática trimestral en papel. Tampoco tienen como ventaja leer artículos que los no socios no pueden leer. De hecho, todos los contenidos que publican lo hacen en abierto. Sin embargo, los socios reciben adelantos, acceden a la web sin publicidad y sus comentarios aparecen destacados en las noticias. Parecería que son pocos beneficios para ellos pero, como indica el director, Ignacio Escolar, no buscan clientes, sino cómplices. Y con ese eslogan y filosofía han logrado algo que parecía impensable: con un producto abierto y gratuito, lograr un respaldo social tan amplio como más de 14.000 socios en tres años.

Cabecera de 'InfoLibre'
Cabecera de ‘InfoLibre’.

El segundo modelo es el de InfoLibre. Ofrecen un producto en papel, igual que el eldiario.es, aunque con periodicidad mensual. Pero no todos los socios, como también son conocidos sus suscriptores, la reciben, sino que existen dos opciones: una incluye la revista mensual y la otra no. Pero sí existe como ventaja principal que sólo los asociados pueden acceder a ciertos contenidos, con un esquema similar al de su socio francés: Mediapart. Lo que persigue el modelo propuesto por este periódico digital, encabezado por Jesús Maraña, es que se pague por el periodismo y los que paguen sean quienes accedan a los contenidos más relevantes. Es, quizá, la inclusión en España de las ideas que se están estableciendo en Francia. No sólo con Mediapart, que es un caso de éxito indiscutible, sino con nuevos proyectos que saldrán a la luz próximamente.

Cabecera de 'El Español'
Cabecera de ‘El Español’.

El tercer modelo es el de El Español. En su caso, no ofrecen nada en papel para los suscriptores. En este caso, no se utiliza la palabra socios, que está reservada para los accionistas del diario. Su apuesta está fundamentada en el modelo estadounidense liderado por The New York Times. Consiste en ofrecer un producto digital muy cuidado, con aplicaciones para todos los dispositivos móviles que ofrecen una experiencia de lectura diseñada de manera específica para ellos. Los contenidos los pueden leer gratis todos los usuarios, pero con un límite de artículos cada mes. En el caso de El Español, son 25. También han apostado por inclusiones publicitarias diferentes al anuncio tradicional de internet. En esta línea, tienen contenido patrocinado y publirreportajes, que están siempre identificados como tales, como la ética periodística requiere. Además, los suscriptores tienen ventajas adicionales, como el acceso a un producto conocido como «la edición», que cada día pueden consultar: un periódico diseñado para los dispositivos móviles. También pueden acceder a una serie de promociones y participar en el sorteo de entradas para el espectáculos culturales o eventos deportivos.

Estos ejemplos representan tres modelos periodísticos que están bastante implementados en internet y demuestran ser viables. Sin embargo, donde encuentro un problema mayor es en la prensa diaria en papel. El pasado día 3 de marzo, Antonio Caño, director de El País, publicó una carta abierta en la que explicaba que el periódico iba a hacer una transformación para ser «un medio esencialmente digital». Esto preocupó a muchos expertos. En mi opinión, Caño está apostando por un caballo que sabe ganador, internet, pero no está evaluando el impacto de su anuncio. Es verdad que El País tiene una audiencia en internet extraordinaria, de más de 5 millones de usuarios únicos al mes, y que sólo sabe aprovechar mediante la inserción publicitaria, ya que no ofrece ninguna ventaja a suscriptores digitales más que poder leer la edición diaria en papel en dispositivos móviles. Es decir, ver el PDF del periódico, un producto nada adaptado a estas tecnologías como podrían ser los de El Español o The New York Times. No sabemos exactamente en qué consistirá la nueva redacción repleta de perfiles diversos, como anuncia en su carta. Pero sí tengo dudas sobre si ha evaluado la situación correctamente y, sobre todo, si está proporcionando la respuesta adecuada.

Sin duda, es preciso tomar medidas. La prensa diaria en papel cada vez es consumida por menos usuarios. En parte se debe a los cambios en los hábitos de consumo, que se han desplazado mayoritariamente a internet gracias, en gran medida, a las redes sociales. Pero también a que los productos informativos impresos tienen una caducidad casi inmediata. Ya no es que no sirvan al día siguiente —a excepción de pocos textos—, sino que quedan obsoletos a las pocas horas de imprimirse. Entonces cabe preguntarse si el esfuerzo de editar un periódico impreso cada día, con la huella ecológica que supone —quizá no es algo en lo que piensan normalmente los editores— merece la pena. Todavía hoy se lee el periódico, aunque no nos lo parezca. De hecho, el EGM da una audiencia global para la prensa diaria impresa de casi 11 millones y medio diarios. Y, para el caso de El País, de 1 millón y medio.

Pero, nos guste o no, el periódico diario, y me gustaría subrayar lo de diario, terminará desapareciendo o, al menos, quedando reducido a una cantidad muy pequeña de cabeceras. No me atrevería a ponerle fecha, pero sucederá. Dentro de cinco años o de cincuenta. Pero no creo que el papel esté condenado a sucumbir a estos tiempos tan marcados por las tecnologías digitales. No es algo nuevo lo que voy a decir, pero parece tener vigencia en los procesos de transformación o creación de medios impresos: el papel quedará para el análisis detallado de temas de actualidad, para grandes reportajes, entrevistas o firmas de opinión.

Portada del número 25 de 'Ahora'
Portada del número 25 de ‘Ahora’.

Esto lo ha demostrado un periódico semanal, Ahora, dirigido por Ramón González Férriz. Sale los viernes y en él se publican textos de análisis que permiten una lectura más reposada. He de ser sincero, y decir que llevaba años queriendo comprar el periódico en papel, y no lo hacía porque ninguna apuesta informativa me parecía lo suficientemente buena. De modo que era lector habitual de revistas como Cambio 16 o algunas internacionales como Time, The Economist o Foreign Affaris. Pero, ahora, cada viernes voy a comprar Ahora. A veces, se me acumula una edición con la de la semana siguiente, pero todavía tiene vigencia.

Así que quizá la prensa diaria en papel debe buscar una nueva orientación a dar noticias en internet y a analizar en papel. No tienen que temer al papel, ni demonizarlo, porque hay público para ello. Pero sí es necesario que reconsideren lo que hacen y que tengan dos objetivos: hacer periodismo y crear medios económicamente sostenibles. Recalco lo de hacer periodismo porque existen casos en los que la creación de medios digitales, especialmente en el ámbito local, es sinónimo de hacer copia y pega de las agencias o de las notas de prensa que reciben, sin ninguna vocación periodística más que publicar textos con cierto carácter noticioso lo antes posible. La elaboración de las noticias, aunque sólo respondan a las 5 ó 6 uves dobles, debe corresponder a los periodistas. Estos profesionales son quienes pueden seleccionarlas y redactarlas de manera correcta, no sólo en el sentido de la ortografía y la gramática, sino de hacerlo con el mayor grado de objetividad posible.

Por tanto, trasladar las noticias del papel a internet no significa ahorrar en costes de personal, sino sólo en los gastos de papel. Es lo que hicieron en eldiario.es, donde la mayor parte del presupuesto se destina a los periodistas que trabajan en la redacción. Luego ya corresponderá a las empresas escoger un modelo, que puede encajar en cualquiera de los tres que comentamos antes o a otros completamente nuevos. Y, por supuesto, no olvidar que el papel no está condenado a morir, sino que se debe buscar una nueva utilidad que puede pasar por publicar ediciones semanales, quincenales o mensuales que permitan una lectura pausada, que se pueda degustar, y que no caduque al instante. Y, para ello, nada mejor que el análisis.

En este artículo no hemos hablado de la televisión y la radio porque se sustentan sobre otros géneros que no son exclusivamente periodísticos. La televisión se mantiene en unos niveles altos de penetración (88,4% en el último EGM), y la radio también (60,2%). En el caso de la televisión sólo 0,1 puntos menos que en 2008, y en el de la radio 7,1 puntos más. De modo que es la prensa la que debe ponerse las pilas. Además, no hay que olvidar que tradicionalmente la prensa ha sido la vía por la que los ciudadanos han podido informarse de manera más rigurosa, y que los otros medios se han apoyado en ella para fundamentar sus espacios informativos, de debate u opinión. Así que sin una prensa de calidad, el modelo mediático cojea.

Sólo me queda apuntar una reflexión final. Casi todos vivimos sumergidos en las redes, que tienen muchas ventajas. Pero tenemos que darnos cuenta de que estamos continuamente bombardeados por estímulos que nos hacen informarnos de manera rápida, dando credibilidad prácticamente a todo. Nos basta, en muchos casos, con leer un titular para crearnos una opinión sobre un tema concreto. Tenemos acceso a más información que nunca, probablemente, en toda la Historia. Pero no estamos mejor informados, en la misma proporción. A este fenómeno se le conoce como infoxicación, término creado con las palabras información e intoxicación. Por tanto, los editores de prensa escrita deben ser conscientes de que gran parte de la ciudadanía reclama medios en los que pueda comprender la realidad de una manera más lenta frente a una velocidad que llevamos en el día a día que, realmente, no podemos digerir.

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