‘La metafísica del amor’ de Arthur Schopenhauer

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Baudelaire dijo una vez: “El amor es el anhelo de salir de uno mismo”. Mientras tanto, Galdós, se preguntaba: “¿Por qué, si el amor es lo contrario a la guerra, es una guerra en sí?”. Y Ortega se lamentaba reflexionando que: “Hay quien ha venido al mundo para amar a una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella”. Pero fue Cortázar quien se acercó de manera sublime a la descripción del amor: “Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. Él nos hará”. 1

Pero, ¿qué sucedería si por un instante nos parásemos a reflexionar y descubriéramos que el amor no existe, que todos aquellos ideales románticos de anhelos inalcanzables, noches en vela, el desgarramiento del alma a través de los sentidos y, por supuesto, lo sublime de la vida, se desvaneciera y se convirtiera simplemente en lo que Schopenhauer llamaba ‘la voluntad de vivir’?

Evidentemente el amor en sí no existe, al igual que no existe la paz o la justicia. De manera tangible no podríamos abrazarlo, pertenece al mundo platónico de lo inteligible. Pero pensamos en él como algo bello y hermoso, casi como lo que mueve al mundo, como lo único que podría redimirnos; solo tenemos que girar los ojos hacia Pigmalión. No cabe en nuestra cabeza que el amor pueda tener unas connotaciones negativas o que éste nos use a nosotros como medios para alcanzar un único fin: la procreación. Pero era así como crudamente veía el amor Schopenhauer, ya que “todo enamoramiento, por etéreo que afecte ser, sumerge en realidad todas sus raíces en el instinto sexual”. 2 El amor se ve, por lo tanto, como “una voluntad individual, que se transforma en voluntad de la especie”, 3 una voluntad a la que también podemos calificar como voluntad de vivir, para componer la generación venidera, la cual contendrá en ella misma “una misma voluntad que aspira a vivir en un ser nuevo y distinto” 4 cerrándose así, constantemente, el círculo de la existencia humana.

Cuando dos miradas recíprocas se encuentran, dice Schopenhauer, nace un primer germen, un germen frágil, que sustenta una idea platónica de hijo venidero. Y esa pasión que condensa en sí ese ser en potencia, que desea vivir, se materializa en la pasión que sienten los enamorados el uno por el otro, que parece impedir que se separen, para evitar que olviden, ni por un instante, su razón de ser para con él. Por eso nos sentimos atraídos hacia aquello que nos parece más perfecto o ideal. Nuestra mente, en el subconsciente, hace un balance comparativo y mezcla de manera imaginada cómo sería ese ser si las dos personas, con sus distintas cualidades y defectos, se mezclaran en una sola. Si la mezcla resulta ser explosiva el instinto huye para no salir herido. “El amor, por su esencia y por primer impulso, se mueve hacia la salud, la fuerza y la belleza, hacia la juventud, que es la expresión de ellas, porque la voluntad desea ante todo crear seres capaces de vivir con el carácter integral de la especie humana”. 5 Y todo aquel otro amor que se sustente simplemente en el goce, se materializa en el amor vulgar que no va más allá del desahogo de las pasiones puramente sexuales. Schopenhauer lo defiende así: “Si el placer de los sentidos no ocultase más que la satisfacción de una necesidad imperiosa, sería indiferente la hermosura o la fealdad del otro individuo”. 6

Reflexiona Schopenhauer diciendo que “el egoísmo tiene en cada hombre raíces tan hondas, que los motivos egoístas son los únicos con los que puede contarse de seguro para excitar la actividad de un ser individual” 7 y es aquí donde el instinto nos engaña, nos hace ver en la otra persona ideales únicos, felicidades extremas, andanzas cervantinas que nos lanzan a un maravilloso deleite de los sentidos que nos invade y que culmina en ese tan hermoso fuego que nos consume. Pero en realidad todo son vanas quimeras que esconden el fin último de la voluntad de la especie, que alcanza su fin engañándonos cruelmente y que nos hace obrar en pos de su tesón convirtiendo a los amantes en “unos traidores que trabajan en secreto para perpetuar toda la miseria y todos los tormentos que sin ellos tendrían un fin próximo, fin que pretenden hacer vano, cual vano lo hicieron otros antes que ellos”. 8

Notas:

  1. Todas las frases han sido extraídas de la página Iberlibro.com. Pasión por los libros. URL: http://www.iberlibro.com/blog/index.php/2014/02/13/20-citas-de-grandes-escritores-sobre-el-amor/ (Última visita: 02/03/2016).
  2. SCHOPENHAUER, Arthur. Metafísica del amor, metafísica de la muerte. MAGORIA, 2002, Barcelona (España), pág. 17.
  3. Ibídem, pág. 19.
  4. Ibídem, pág. 20.
  5. Ibídem, pág. 23.
  6. Ibídem, pág. 25.
  7. Ibídem, pág. 25.
  8. Ibídem, pág. 59.
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Estudiante de Humanidades y Patrimonio en Toledo. Intento de futura escritora. "Que prosiga el poderoso drama, y que tú puedas contribuir con un verso".

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