Historia del Museo del Prado

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En el artículo de hoy veremos uno de nuestros más emblemáticos edificios del Arte, el Museo del Prado. El Museo del Prado es una síntesis de la pintura española, que contiene en sus trazos la inspiración de artistas que supieron imprimir en sus lienzos magistrales pinceladas, composiciones brillantes y el espíritu del Arte. Pero ¿por qué la fundación de este espacio museístico? Esta vez no analizaremos las características formales del edificio, sino que viajaremos a través del tiempo para comprender la esencia que sustenta los muros de esta pinacoteca.

Juan de Villanueva (1739-1811) y el Real Gabinete de Ciencias e Historia

Juan de Villanueva (1085) Francisco Goya Óleo sobre lienzo 90 x 67 cm Real Academia de Bellas Artes San Fernando (Wikimedia)
Juan de Villanueva (1085)
Francisco de Goya
Óleo sobre lienzo
90 x 67 cm
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
(Wikimedia).

En 1785, el conde de Floridablanca, quien fuera secretario de Estado de Carlos III, designó un ambicioso proyecto a uno de los arquitectos con más pericia del momento. Juan de Villanueva, hijo de un renombrado escultor con el mismo nombre, aceptaría el encargo del conde. Villanueva fue uno de los grandes representantes del Neoclasicismo 1 en España, instruyéndose en la cultura grecolatina durante su estancia en Italia (1759-1764), e iniciando a su regreso su proyección como arquitecto en sus intervenciones en el Escorial, lo que le valdría para obtener numerosas titulaciones, entre otras, director de la obra de los paseos imperiales de Madrid (1777), arquitecto de príncipes e infantes (1777) y arquitecto mayor del rey con ejercicio en los palacios y sitios reales (1789). 2

La proyección del Museo del Prado obedecía, en realidad, a los deseos del monarca de construir el Real Observatorio de Astronomía, el Real Jardín Botánico y el Real Gabinete de Historia Natural, en el terreno que se extendía frente al Convento de San Jerónimo. Este terreno presentaba desniveles y accidentes naturales que Villanueva debía superar y modificar para construir un espacio transitable y organizado, que integrara las tres instituciones. Optó por crear un muro de contención que sirviera como un marco de referencia para planificar el resto del proyecto, allanando la superficie de construcción, y creando dos soluciones distintas para acceder al conjunto: el acceso del sur, correspondiente a la Academia de Ciencias, se situaba enfrentada al Jardín Botánico, mientras que la puerta norte, perteneciente al Museo-Galería de Historia Natural, respetaba la pendiente natural del terreno, situándose a una cota superior. 3

Museo del Prado, una de las fachadas proyectadas por Villanueva. (http://madripedia.wikis.cc/)
Museo del Prado, una de las fachadas proyectadas por Villanueva. (http://madripedia.wikis.cc/)

El edificio se compone de un cuerpo central, conectado a otros cuadrangulares mediante largos corredores. El cuerpo central es rematado por un semicírculo que contiene un salón. Uno de los rasgos más sobresalientes es la libertad con la cual Villanueva conjuga los órdenes clásicos, disponiéndolos a su antojo. En la portada que sale al Paseo del Prado, Villanueva emplea un orden dórico, basado en los modelos de columna de El Escorial. Sobre éstas, se dispuso un relieve rectangular, cuyas esquinas se retraen, configurando un juego de luces y sombras. 4

Historia del Museo

¿Cómo surgió la idea de crear el Museo del Prado? Mientras las guerrillas y los conflictos se sucedían entre españoles y franceses por alcanzar el gobierno efectivo de España durante la Guerra de Independencia (1808-1814), el monarca José Bonaparte I impulsó la creación de un edificio que guardara el patrimonio artístico expoliado durante la desamortización que ejecutó a las distintas órdenes clericales. En un principio el edificio fue utilizado como caballeriza improvisada para el ejército napoleónico, pero posteriormente fue elegido para la creación del Museo Josefino. Con la expulsión de los franceses, Fernando VII retornaría como el legítimo sucesor de la corona española, retomando el proyecto que Bonaparte se vio obligado a abandonar. Así, en 1818 inauguraría el Museo del Prado, abierto al público con una exposición de 311 obras de origen español y subvencionado por el propio monarca. 5

Fernando VII 1814-1815 Vicente López Portaña Óleo sobre lienzo 107.5 x 82.5 cm (Wikimedia: Trasamundo)
Fernando VII
1814-1815
Vicente López Portaña
Óleo sobre lienzo
107.5 x 82.5 cm
(Wikimedia: Trasamundo).

A la muerte de Fernando VII, la propiedad del Museo del Prado se desvaneció, puesto que en su testamento afirmaba el monarca que se consideraban bienes de libre disposición. Advirtiendo el riesgo de perderse la institución y el patrimonio que conservaba, al alcanzar Isabel II la mayoría de edad en 1843, formó una comisión que discutiría sobre esta cuestión, resolviendo que se adquiriese por compra los bienes heredados por Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la reina Isabel II, de manera que se concentrase nuevamente el patrimonio en las manos del monarca. Sin embargo, la comisión dictaminó asociar el Museo del Prado a la Corona española, en lugar de a la figura personal del monarca, eliminando así un nuevo conflicto sobre la posesión del museo. 6

En aquel entonces había nacido otro espacio museístico en la España del siglo XIX, el Museo de la Trinidad, llamado así por estar ubicado en un convento con igual nombre, aunque también se le conocía como el Museo Nacional de Pintura y Escultura. Las piezas eran adquiridas a través de las Exposiciones Universales y las desamortizaciones de conventos, pero con la nacionalización del Museo del Prado en el 1872, estas obras fueron destinadas al Museo del Prado, pues carecía de sentido que existieran dos Museos Nacionales. La abundancia de tanto patrimonio en un espacio tan reducido obligó a buscar soluciones: en 1876 se crearía un reglamento del Museo, del que es digno reseñar la exigencia de una serie de requisitos para asumir la dirección del Museo: ser pintor, miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y obtener una medalla en la Exposición Universal. Además, para descargar el abusivo patrimonio allí conservado, se crearía un Museo de Arte Contemporáneo, en 1894, que recibiría la mayor parte de obras del siglo XIX para configurar su exposición. 7

Fotografía tomada a comienzos de la Guerra Civil, trasladando un mural. (abcblogs.abc.es)
Fotografía tomada a comienzos de la Guerra Civil, trasladando un mural. (abcblogs.abc.es)

La Guerra Civil amenazó seriamente la existencia del Museo del Prado. El gobierno republicano trasladó las obras de arte, en condiciones precarias, a Valencia, y posteriormente lo haría a Cataluña, hasta que en 1939 el Comité Internacional para el Salvamento de los Tesoros de Arte Españoles decidió refugiar las obras en Ginebra mientras el conflicto se mantuviera abierto, evitando así la destrucción del ríquisimo patrimonio que conforma el Prado. Al final de la guerra, el Comité devolvió lo custodiado al gobierno de Madrid, y el Prado volvería a abrir sus puertas el 7 de julio de 1939. 8

En fin, este Museo ha sobrevivido a la fatalidad de la Historia, y continúa ejerciendo su rol como el templo por excelencia de la pintura española. Y precisamente son sus pinturas las que han dejado marcadas sus huellas, o más bien trazadas sus pinceladas, sobre los escritos de nuestra Historia.

Notas:

  1. El Neoclasicismo es un movimiento artístico que surge como reacción a las excentricidades del Barroco. Aunque en principio pretendía retomar los principios de la cultura grecolatina, como ya lo hiciera el Renacimiento, a raíz de los descubrimientos de Pompeya, no fue un movimiento tan creativo como sus antecesores. Martín González, J. J., Historia del Arte, vol. I, Madrid, Gredos, 1982, p. 371-373.
  2. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Recuperado de Museo del Prado. (2016). www.museodelprado.es
  3. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Recuperado de Museo del Prado. (2016). www.museodelprado.es
  4. Martín González, J. J., Historia del Arte, vol. I, Madrid, Gredos, 1982, p. 384.
  5. Alberto Pancorbo, “Breve Historia del Museo del Prado”. En Á. Aterido, D. Blanca, R. González, M. D. Jiménez, J. Pancorbo, & J. M. Riello, La Guía del Prado (págs. 8-17). Madrid: Museo Nacional del Prado, p. 10.
  6. Alberto Pancorbo, “Breve Historia…”, p. 13.
  7. Alberto Pancorbo, “Breve Historia…”, p. 14-15.
  8. Alberto Pancorbo, “Breve Historia…”, p. 15-16.