Patrimonio, responsabilidad de todos

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¿Qué es el patrimonio? ¿Le afecta su destrucción o es algo totalmente ajeno a su vida? ¿Concebiría su ciudad o pueblo sin ese elemento tan característico que posee? ¿Podría vivir sin él?

Una de las grandes dificultades que se plantean siempre que se habla de patrimonio es responder la primera cuestión aquí planteada, su definición: “El Patrimonio Cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas, sugeridas del alma popular, y el conjunto de valores que dan sentido a la vida, es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo; la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas”. 1

Es decir, aquellos elementos que forman parte de la identidad de un conjunto de personas, ya sea mayoritario o minoritario, presente o pasado a nuestro siglo. Un ejemplo de que no es necesario el paso del tiempo para que algo sea considerado patrimonio, para aquellos que no estén del todo convencidos, es Abbey Road, el paso de cebra que emplearon The Beatles como portada de uno de sus álbumes, pues fue declarado Bien de Interés Cultural poco después, ya que marcó todo un hito.

Otro de los inconvenientes que hay en torno al patrimonio es su protección. ¿Considera que está bien preservado? Tenga en cuenta que su salvaguarda no solamente está en manos de su propietario, ya sea público o privado, sino también en las suyas. ¿Cree que el ciudadano es consciente del efecto que causa en el patrimonio? Por mostrar un ejemplo, las visitas a yacimientos arqueológicos que no tienen ningún vigilante. Obviamente, cuando un excursionista va hasta uno, lo que desea ver son ruinas: restos de muros, bases de columnas, mosaicos si los hubiere… Pero, ¿qué ocurriría si dichos elementos estuviesen tapados con lonas o geotextil? ¿Lo destaparía o se conformaría con lo que está descubierto?

La falta de consideración hacia el patrimonio radica en la poca importancia que le dieron desde que tenemos uso de razón. En el colegio pocos eran los docentes que hacían referencia a la necesidad de respetarlo y, también, los castigos por destruirlo; por suerte las cosas están cambiando, a un ritmo paulatino, pero cambiando al fin y al cabo.

Algunas fórmulas empleadas para conseguir ese respeto e interés que tanto precisa el patrimonio son los talleres infantiles que se imparten en numerosos yacimientos arqueológicos o la difusión de dibujos animados como Patrimonito, entre otras propuestas, y que no solo intentan generar ese afecto hacia el patrimonio, sino que pretenden ser un modelo de cómo gestionar el mismo. Además, se intenta enseñar que el patrimonio no es un elemento pasivo, sino todo lo contrario, es algo con lo que se puede interactuar y aprender, y por supuesto, nada aburrido.

Siguiendo esta línea, algunos yacimientos y museos que han puesto en práctica estos talleres infantiles o familiares y que están obteniendo buenos resultados son:

En definitiva, el patrimonio, al igual que el mundo, está pasando por una situación muy compleja. Diversas noticias nos lo muestran, por ello, es necesario que se deje de usar como arma política y se inculquen valores esenciales desde pequeños, pues si se destruye, solamente quedará el recuerdo de lo que un día hubo.

Notas:

  1. Declaración de la UNESCO en 1982.

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