El Guernica y su clamor por la paz

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En el año 1881 nace en Málaga el pintor vanguardista más importante para la historia del arte español, Pablo Ruiz Picasso. Su larga vida y su interés intelectual por el arte hicieron de él un verdadero explorador de lo artístico. Tanto es así que entre sus creaciones encontramos los periodos rosas y azules, la creación del cubismo tanto analítico como sintético, el surrealismo y en su última etapa el expresionismo del que más profundamente nos ocuparemos aquí.

En 1936 comienza el conflicto bélico más terrible para la historia de España, la Guerra Civil, que enfrentó al bando republicano y al bando sublevado comandado por Franco. El conflicto duró casi tres años y España se convirtió en un campo donde todo se reducía a disparos, presos, asesinatos… La muerte acechaba detrás de las esquinas y la incertidumbre política se alzaba como una nube gris sobre la España del XX. Al año siguiente, en 1937, coincidiendo con el gobierno de la II República, en París se montó una exposición para mostrar los avances tecnológicos propios de la Europa de la época. España fue invitada a participar, pero el gobierno de Largo Caballero, “Presidente del Consejo de Ministros, vio en el Pabellón español para la Exposición Internacional de París de 1937, la oportunidad de conseguir apoyo económico y político exterior”, ya que todos los países de Europa habían firmado el pacto de no intervención y únicamente la Unión Soviética administraba dinero y armamento al bando republicano. La clara desventaja del partido republicano parecía premonizar lo que más tarde sucedió: la caída de un gobierno libre dirigido por la democracia en el más absoluto oscurantismo de la dictadura franquista. Así se creó una pequeña comitiva artística que ayudara a mostrar el horror de un país sumido en la guerra. El elegido para decorar el pabellón español fue Pablo Picasso, que pasó los meses siguientes sumido en la incertidumbre de qué representar. Hasta que una luz terrible, las luces que producen las bombas al caer sobre la ciudad, alumbró la capacidad creativa del artista. “El día 26 de abril de 1937 aviones de la Legión Cóndor de las fuerzas aéreas alemanas, en apoyo a las tropas nacionales sublevadas bajo el mando del general Franco, lanzaron bombas incendiarias sobre Guernica”. El impacto que esto supuso, tanto para la población española como para la población europea, dio a Picasso la excusa perfecta. No para representar el bombardeo de la pequeña ciudad, sino para representar, como ya hizo Goya en los fusilamientos del 3 de mayo, el horror y la barbarie de la guerra.

“Desde el punto de vista formal, es una obra que recoge la herencia de las experimentaciones cubistas, pero con una carga dominante de distorsión expresionista”. Debemos resaltar, además, que esa capacidad expresionista del cuadro convierte a este en un cuadro sonoro, como ya adelantó Munch con su Grito. Otra de las características formales de esta pintura, que además se convierte en una reivindicación del propio autor, es la falta de color, ya que todo queda reducido a grises, blancos y negros.

Debemos comenzar diciendo que todas las interpretaciones que podamos dar sobre cada uno de los personajes de la obra de Picasso, son simplemente interpretaciones. Algunas más quiméricas que otras, las cuales, tal vez, no comprenden el mismo significado que el propio artista quiso dar, o incluso carecen de una explicación y son simplemente más figuras que se retuercen tras el horror de la guerra. Teorías de las que el arte no puede desligarse ya que estas son la condena de pertenecer al ámbito de la metafísica más creativa del ser humano.

Dividiremos a los personajes de esta composición piramidal como ya lo hizo el historiador del arte Anthony Blunt: por un lado los animales y por otro los seres humanos. Si empezamos a analizar el cuadro por la izquierda, el primer animal que nos encontramos es uno de los seres que puebla el mundo artístico de Picasso, el minotauro, al que dedicó unas setenta obras. Como todos los vanguardistas, Picasso no dejó atrás el hecho de representar sus propios miedos y obsesiones en figuras que le persiguen hasta el final de su carrera. El minotauro siempre quedó recogido en los cuadros del artista como una concepción de sí mismo y como un escape de aquello que más le atormentaba, su infidelidad con Marie-Thérèrse, la cual, como Dora Mar, pareció convertirse en un objeto de culto sexual y lascivo para el propio artista. Aunque el minotauro del Guernica no parece estar rodeado por un aura de sexualidad desenfrenada, su figura queda reducida a la de un toro, que con los ojos y la boca abierta en una mueca de desesperación, observa todo lo que le rodea mientras se retuerce en una composición totalmente cubista. Picasso, en algunas de sus entrevistas, explicó que para él el toro representaba oscuridad y brutalidad, tal vez la misma brutalidad derivada de la tauromaquia, donde de nuevo tenemos que remitir a las imágenes de Goya. Al lado de la cabeza del toro encontramos la figura puramente lineal de la paloma, cuyo cuerpo casi puede solo percibirse por el trazo blanco que decora una parte de su pecho. La paloma podría representar la paz, una paz que, herida, abre el pico dejando escapar un aterrador grito de lucha contra la sinrazón. Y por último, el caballo, el animal que más se retuerce en la agonía. Su cuerpo queda atravesado por una lanza y su lengua se convierte en un pequeño puñal muy afilado que de nuevo nos lleva a escuchar ese grito de terror que realmente nos desgarra.

Observemos ahora a los seres humanos. Si de nuevo comenzamos por la izquierda, podemos ver una de las figuras más terroríficas, la madre que clama al cielo mientras sostiene entre sus brazos a su hijo muerto. De nuevo la lengua afilada del horror se dibuja en la boca de la mujer y sus ojos han quedado convertidos en dos gruesas gotas de llanto. Para la interpretación de esta figura solo tenemos que preguntarnos ¿cuántas madres tuvieron que recoger en el siglo XX entre sus brazos los cuerpos inertes de sus hijos, que salieron en su lozanía a luchar por los intereses y enfrentamientos de unas pocas élites despiadadas? Algunos han visto en esta figura la representación de la Piedad que sumida en el llanto sostiene a Jesucristo muerto entre sus brazos. Bajo sus pies el segundo cuerpo humano, destrozado, como Dalton Trumbo retrató a Joe Bonhams, el soldado que con una fuerza descomunal agarra la empuñadura de la espada rota de la que nace una flor que se perfila muy tenuemente. Una flor que brota de la sangre de la desesperanza como un símbolo de lucha contra la guerra. Cerca de esta figura una mujer parece entrar corriendo por la puerta abierta de la derecha. Su rostro es de pura incertidumbre, realmente no sabe bien lo que está contemplando. Ella es una víctima indirecta de la guerra, tal vez sea la madre del soldado muerto, que con ojos ciegos no ve donde posar su desdicha. A través de una ventana se asoma una mujer que sostiene en su mano un pequeño candelabro. ¿De nuevo una representación de la esperanza? ¿Hay alguna luz de salvación en los oscuros corazones de los hombres? Y por último, la mujer que se quema dentro de su casa, que alza sus manos en una muestra de total desesperación hacia el cielo, que grita y grita, pero es un grito que queda amortiguado por el eco de los demás sonidos que se reproducen en la pequeña habitación. Ya no hay salvación para ella.

Una de las figuras que más controversias ha causado a la hora de la interpretación del cuadro es la bombilla con forma de ojo que parece alumbrarlo todo. Algunos la interpretan como un símbolo de esperanza de luz entre las tinieblas. Pero a nuestro parecer es la representación de algo más tremebundo, es el ojo de dios, pero no del dios cristiano, sino del nuevo dios que condenó a los hombres del siglo XX y que sigue condenado a los del siglo XXI. La tecnología, gracias a la cual todo se volvió más cruento, más insensible. Y así, bajo la fría luz de una bombilla, que alumbra todo por igual, podemos contemplar el horror de una guerra que se volvió más terrible por el uso despiadado que dimos a los inventos. Una guerra encerrada en una pequeña habitación llena de ángulos cortantes y puntiagudos que amenazan con atravesarnos.

El Guernica es una de las obras con mayor carga antibelicista que se han pintado jamás en la historia de nuestro mundo. Es el grito desgarrador que clama incesante contra la barbarie humana.

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Bibliografía

Las citas incluidas en el texto pertenecen a: http://www.museoreinasofia.es/sites/default/files/salas/informacion/206_6_esp.pdf. (Consulta: 19/12/2015) y VV. AA. Historia del Arte. Tomo 9. Salvat Editoriales S.A. Barcelona, 1976.

Fernández Palmeral, Ramón. La cara atroz del Guernica de Picasso. Palmeral. Alicante, 2006.

http://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/guernica. (Consulta: 19/12/2015).

http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/23/pablohuerga_es.pdf.

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