Política contraciudadana

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A pesar de las constantes afirmaciones en los medios por parte del Gobierno de que estamos en fase de recuperación económica, muy pocas son las familias que realmente están notando una mejora en su economía doméstica. La caída salarial es una realidad y cada vez es más difícil llegar a final de mes, incluso teniendo trabajo. Esta situación provoca la aparición de iniciativas ciudadanas basadas en la solidaridad, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de quienes participan. Es así como surge, por ejemplo, el consumo colaborativo.

Fuente: secondbaby.org
Fuente: secondbaby.org

El consumo colaborativo es una alternativa al sistema predominante de propiedad privada e hiperconsumo, basada en el acto de compartir o alquilar. Según la entidad Diseño Social, responde a una nueva mirada respecto a los recursos económicos y al sistema de consumo actual, que supone dejar a un lado el principio de propiedad individual, muy arraigado en nuestra sociedad. De este modo, el intercambio de objetos, el alquiler o compartir se convierten en parte de la vida rutinaria de muchas personas.

Esta nueva forma de vida no sólo debería ser facilitada por la Administración, sino que debería promoverla, puesto que favorece una sociedad más inclusiva, al facilitar el acceso a bienes y servicios por parte de personas que de otra forma no podrían acceder, y promueve el consumo crítico y moderado, puesto que ya no necesitamos disponer de todo en propiedad y los objetos se reutilizan. No obstante, lejos de apostar por un modelo social y ecológicamente más responsable, la Administración aplica medidas que lo dificultan. Este es el caso de los nuevos parquímetros que regulan las denominadas “zona azul” que se están expandiendo por España.

Tradicionalmente, estas máquinas tienen un funcionamiento muy simple: introducir el dinero hasta disponer del tiempo necesario y presionar el botón para obtener el tique. Recientemente, me he encontrado con otras máquinas que obligan a introducir la matrícula del vehículo. Sin la pretensión de entrar en el debate sobre si debemos pagar por aparcar en la calle, este hecho me parece del todo inadmisible, puesto que, según ha sucedido en algunos municipios, si la matrícula del tique no coincide con la del coche, es sancionable. Por lo tanto, si una persona a la que le ha sobrado tiempo quiere regalar su tique a otra que en ese momento va a estacionar en la misma zona, no puede hacerlo o, quien lo recibe, se arriesga a ser sancionado. Un tiempo que, por cierto, ya está pagado.

Estos pequeños gestos muestran qué tipo de sociedad defiende la Administración Pública, en la que prima el afán de recaudar, incluso con medidas que son contraciudadanas. Los parquímetros pueden ser un hecho anecdótico, pero sin duda, a nivel más general, encontramos medidas que también van en ese sentido, como las dificultades que está preparando el Gobierno para el autoconsumo de energía solar. ¿En qué momento permitimos que la política dejara de servir al bienestar de la ciudadanía para volverse en contra de ella?

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