Comunicar sobre Seguridad: una necesidad

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Para quienes no se han parado nunca a reflexionar despacio sobre Comunicación y Seguridad, este binomio les suena imposible. Por lo general, aunque ese pensamiento ya pertenezca al pasado, se asume que lo de la comunicación pública está muy bien menos cuando toca asuntos tan delicados como la seguridad nacional.

Quien así piensa o no ha reflexionado despacio o simplemente desconoce cual es la finalidad última de la comunicación corporativa, institucional o como queramos llamarla.

Al final, y al principio, comunicamos para compartir y para conseguir adhesiones. Comunicamos porque es consustancial a nuestra naturaleza, porque sin comunicación entre los seres humanos no existiría evolución y, llegados a este punto, no existiría la democracia.

Los asuntos de seguridad requieren el mismo consenso para su desarrollo que cualquier otra política gubernamental. Sin conocimiento cierto por parte de la ciudadanía de lo que está en juego, sin información relevante de nuestro entorno, sin análisis contrastado de las posibles amenazas y riesgos y sin convencimiento de que la seguridad es cosa de todos, difícilmente ningún Gobierno podrá llevar a cabo una política de seguridad eficiente que se sienta y asuma como propia por la población.

Medio centenar de profesionales asistieron al 33º Congreso de periodistas del Estrecho (Foto: L. Romero)
Medio centenar de profesionales asistieron al 33º Congreso de periodistas del Estrecho (Foto: L. Romero)

Sin el respaldo ciudadano, no hay política de seguridad que se sustente. Y sin comunicación suficiente sobre los asuntos de seguridad, en toda su extensión, no puede existir ese respaldo porque no habrá opinión pública informada.

Cuando se producen las crisis o simplemente los momentos en los que hay que adoptar decisiones relevantes sobre asuntos de seguridad nacional, hay que tener los deberes hechos. En ese instante, no podemos comenzar a implementar una política de comunicación al respecto. Ya es tarde. La comunicación de lo estratégico, que es como me gusta definir este asunto, más que comunicación estratégica o estrategia de comunicación, que son cosas diferentes, es una tarea a largo plazo, que no da rédito visible hasta que surge una crisis. Entonces es, y solo entonces, cuando sabremos si el trabajo ha estado bien hecho durante los meses o años anteriores.

Esto es un problema, políticamente hablando. Lo que no se puede mesurar en el corto plazo, es complicado que obtenga el visto bueno de los responsables de turno para invertir lo necesario. Pero nadie dijo que fuera fácil.

Hay dos patas de esta ecuación fundamentales, imprescindibles diría yo, para que esto que estoy narrando brevemente pudiera llevarse a cabo. Una es una decidida y convencida voluntad política, sin la cual nada sería posible. La otra, la especialización de los intermediarios, de los comunicadores, de los profesionales de la información. Que deben estar y cubrir puestos a ambos lados del escenario.

Sobre estos últimos y respecto a quienes se colocan en el lado de los medios de comunicación, de todos, incluidos los que hoy ya son imprescindibles: las redes sociales, les quiero hablar ahora.

Como una iniciativa más, modesta pero decidida, la Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar acaba de celebrar su 33º Congreso de Periodistas del Estrecho, en colaboración con la Asociación de Periodistas del Norte de Marruecos, que ha versado íntegramente sobre la cooperación en torno a los nuevos desafíos en seguridad.

Han sido cuatro días que, utilizando un símil deportivo, han creado afición. Ha contribuido decididamente una cuidada selección de los ponentes y un nivel de participación en los coloquios muy superior al habitual.

En sus conclusiones, los periodistas participantes han asumido que la seguridad depende de todos, pero también que nuestra propia seguridad depende de la de los demás, sobre todo de quienes más cerca están de nosotros por compartir espacios estratégicos. Compartimos amenazas, aunque una vez se traducen en riesgos éstos pueden variar de acuerdo con las características y peculiaridades de cada actor.

La cooperación, la interdependencia, la gestión de la incertidumbre, el cuidado en el uso del lenguaje para no caer en trampas nada inocentes, han sido algunos de los asuntos tratados, así como el convencimiento de que la tolerancia debe convertirse en una actitud permanente, no reñida con la voluntad decidida de defender las libertades individuales que tanto sacrificio nos ha costado conquistar.

Hay que comunicar sobre la base de unos conocimientos mínimos y bien asentados. Y hay que tener la voluntad política de difundir cuales son nuestros intereses para así, llegado el momento, poder defenderlos. No hay mejor disuasión que la firme y pública voluntad de actuar decididamente en defensa de nuestra seguridad, que es lo mismo que decir de nuestra libertad.

La libertad y la seguridad no están reñidas. De hecho, lo que de verdad pone en riesgo nuestra seguridad es que se violenten nuestras libertades. Por eso la seguridad es cosa de todos.

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