Aprobada la Estrategia de Seguridad Energética

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El Consejo de Seguridad Nacional (CSN), en su reunión del pasado 20 de julio, aprobó la Estrategia de Seguridad Energética Nacional (ESEN), que se convierte así en la tercera estrategia de segundo nivel de las que ha aprobado el Gobierno tras que en 2013 viera la luz la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN).

La ESEN realiza un diagnóstico de nuestro país en el marco de nuestra dependencia energética del exterior y de nuestro limitado nivel de interconexiones, aunque también destaca como un valor nuestra completa gama de fuentes productoras y el diversificado origen de las mimas, lo que se denomina el ‘mix’ energético.

De cara al futuro, la situación geográfica de la península puede convertir a España, a criterio del Gobierno, en punto clave para la llegada y distribución de recursos energéticos con destino a nuestros socios de la Unión Europea (UE). Convertir a España en un posible ‘hub’ energético requeriría del consenso del resto de países europeos y de las inversiones necesarias en infraestructuras que facilitaran la reducción de la actual dependencia de las fuentes energéticas procedentes del Este.

La descripción del panorama internacional que realiza el documento se centra en que nuestro país ubica sus esperanzas en la implantación de una unión energética en el seno de la UE; en que África produce el doble de la energía que consume y que la tercera parte del petróleo y carbón mundial procede de América Latina, Nigeria y Angola, todos ellos en la cuenca atlántica con rutas marítimas carentes de pasos estrechos y que la entrada en el mercado energético de los hidrocarburos no convencionales (Estados Unidos y Canadá) podría facilitar la diversificación de las fuentes mediante proveedores más fiables económica y políticamente.

Refinería Gibraltar-San Roque de Cepsa, en la Bahía de Algeciras
Refinería Gibraltar-San Roque de Cepsa, en la Bahía de Algeciras

Si a todo esto se une el papel que puede jugar la geografía española, con su vertiente atlántica fundamentalmente, para conseguir ese ansiado mercado interior europeo de la energía y que España podría ser puerta de entrada de gas natural a Europa si se desarrollaran las interconexiones hoy inexistentes y que nuestra cercanía, además, al norte de África como abastecedor de dicho gas nos posiciona como la ruta de entrada natural alternativa, el resultado podría ser tremendamente beneficioso, siempre en el contexto europeo.

Sin embargo, somos actualmente un país dependiente del exterior y estamos considerados una isla energética, por la escasa relevancia de nuestras interconexiones. Nuestro sistema energético está basado en tres sectores: la electricidad, el gas y el petróleo. El sistema eléctrico es definido en la ESEN como “robusto y fuerte”, además de mallado y parcialmente interconectado con Francia y Portugal (la Estrategia olvida nuestra interconexión eléctrica con Marruecos a través del Estrecho). Los sectores gasista y petrolero son absolutamente dependientes del exterior, aunque bastante diversificados respecto al origen de la materia prima. Cuenta España con una “excelente infraestructura de regasificación”, hasta siete plantas distribuidas por nuestra fachada marítima, y una importante red de gasoductos que aportan fiabilidad al sistema. A esto se suma nuestra alta capacidad de refino de productos petrolíferos.

Como factores diferenciadores del sistema español, la ESEN destaca nuestra moderna y resiliente estructura de distribución y una tendencia alcista de las renovables en la generación eléctrica, lo que contribuye a una disminución de nuestra dependencia exterior, además de facilitar el cumplimiento de los compromisos medioambientales.

Sostenibilidad económica

El documento salido del CSN aporta una definición concreta de lo que se entiende por Seguridad Energética Nacional (SEN), centrándola en que se trata de una acción del Estado para garantizar el suministro de energía, pero de forma sostenible tanto económica como medioambientalmente. Es, insiste, una responsabilidad del Gobierno pero para la que precisa la colaboración del sector privado, además de una fuerte concienciación ciudadana.

Junto al suministro y al abastecimiento, la Seguridad Energética Nacional cuenta con otros dos componentes destacados por el Gobierno: la sostenibilidad económica y la sostenibilidad medioambiental. Pone el énfasis en los dos, casi a partes iguales, aunque olvidando quizás que en ocasiones son objetivos que se contraponen y que juegan con modelos diferentes, además de pretender metas en muchos casos incompatibles. Por no hablar del empleo de un discurso que se enfrenta claramente, en algunos apartados, con la acción cotidiana de un Ministerio de Industria que todo indicaría navega en dirección contraria.

Los retos o desafíos a los que se enfrenta la SEN los clasifica el Gobierno en: -El cambio climático y la degradación ambiental. -El crecimiento exponencial de la demanda. -La ecuación de los mercados energéticos. -La gestión eficaz de las reservas y -Una amplia Cultura de Seguridad Energética. Mientras, los riesgos y amenazas a la misma SEN pueden ser de carácter: Económico (insuficientes o inadecuadas inversiones, además de proliferación de actividades fraudulentas); Geoestratégico (inestabilidad en países productores y en rutas de abastecimiento, excesiva dependencia de los hidrocarburos y conflictos entre países productores y consumidores) Técnico (insuficientes interconexiones, percepción de riesgo en la energía nuclear, accidentes industriales) Ambiental (catástrofes naturales) y Deliberado (ciberamenazas y amenazas físicas a las infraestructuras).

Líneas de acción estratégica

El capítulo 4 de la ESEN está dedicado a los nueve Objetivos que persigue y a Líneas de Acción Estratégica para lograrlos. Por este orden, el primero de los objetivos del Gobierno es contribuir al fortalecimiento de la seguridad energética en el conjunto de la UE, mediante la creación de un mercado energético europeo, la promoción de las interconexiones, el desarrollo de un mercado interior europeo de energía, fomentar la moderación de la demanda y apoyar el compromiso europeo en la lucha contra el cambio climático. El segundo objetivo se centra en diversificar el ‘mix’ energético otorgando una mayor relevancia a las energías limpias. El tercer objetivo incide en la seguridad de los abastecimientos potenciando la diversificación de las importaciones para reducir vulnerabilidades, incluyendo en las acciones a desarrollar la protección del suministro en origen y el desarrollo de acciones bilaterales en los mercados de especial interés.

El objetivo cuatro se plantea el fomento de las fuentes autóctonas para disminuir la dependencia exterior, incluyendo “todas las fuentes disponibles, incluidas las renovables”, fomentando además la investigación. Como línea de acción estratégica incluye el impulso de la investigación y la explotación de yacimientos de hidrocarburos. El quinto objetivo está dedicado en su integridad a la sostenibilidad económica y medioambiental, aunque en las líneas de acción estratégica priman las primeras. La seguridad de las infraestructuras frente a accidentes y catástrofes es el objetivo sexto, planteando la necesidad de diseñar protocolos de gestión de crisis y fomentar la colaboración público-privada en estos escenarios, además de procurar el acercamiento entre las fuentes de generación y las de consumo para disminuir los riesgos.

Monoboya de la Refinería Giobraltar-San Roque, en la bahía de Algeciras (Foto: C. González)
Monoboya de la Refinería Giobraltar-San Roque, en la bahía de Algeciras (Foto: C. González)

El séptimo pone el acento en la seguridad de las infraestructuras frente a las amenazas deliberadas, como las ciberamenazas o las amenazas físicas. Por eso se plantea proteger de manera integral las infraestructuras críticas, el intercambio de información e inteligencia con los actores privados, proteger la información sensible y fomentar la cooperación de la industria con los servicios de ciberseguridad. La seguridad del transporte ocupa el objetivo octavo, incluyéndose las vías de tránsito, por lo que se plantea reforzar el control de las comunicaciones marítimas y terrestres utilizadas para el transporte de productos energéticos.

Por último, el Gobierno plantea como un objetivo incluir en el sistema educativo la dimensión energética para conseguir una Cultura de Seguridad Energética, fomentando la eficiencia a través de la moderación de la demanda y un consumo responsable.

La ESEN no crea un Comité Especializado de Seguridad Energética, como sí hicieron las anteriores estrategias de segundo nivel (Estrategia de Seguridad Marítima Nacional y Estrategia de Ciberseguridad  Nacional) con sus respectivos comités especializados. En este caso, se deja al criterio del CSN “evaluar la necesidad de dotarse con un órgano de apoyo en el ámbito de la seguridad energética”.

La lectura de este documento estratégico hace que nos planteemos la duda de si su contenido ha sido consensuado con el principal partido de la oposición, como viene siendo habitual en esta legislatura. Algunos de sus párrafos están en las antípodas de lo que el PSOE ha planteado tradicionalmente.

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