Crónica de un clima cambiado

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Se podría decir que el cambio climático es un tema que está a la orden del día. A menudo aparece en los medios de comunicación y está en la agenda de la mayoría de agentes políticos (en mayor o menor medida). Pero, ¿cuál es la información de la que dispone la población? ¿Cuál es el origen de este fenómeno antropológico y cuál es el futuro más plausible? ¿Aún podemos evitar o mitigar sus efectos? ¿Nos afectará de algún modo a nivel personal? El cambio climático es sin duda una de las amenazas más grandes a las que se enfrenta la humanidad, un desafío en toda regla a nuestra inteligencia como especie y que, de solucionarlo con éxito, habremos alcanzado un nivel de madurez colectiva sin precedentes.

Pero, vayamos por partes. Se habla de cambio climático o calentamiento global muy a la ligera, casi como si fuera un concepto abstracto, sin una idea clara sobre el origen y la dirección que estamos tomando. Allá por el siglo XIX empezó en Inglaterra lo que conocemos como Revolución Industrial. El reciente descubrimiento del petróleo, y el ya conocido carbón mineral, fueron la chispa de una aceleración tecnológica y social que aún estamos experimentando. Quién se pensaría entonces, que los humos que echaban a la atmósfera tendrían consecuencia alguna. En esa época, como producto de la combustión de dichos combustibles (fósiles), se empezó a emitir a la atmósfera cantidades cada vez más importantes de dióxido de carbono (CO2); sí, el mismo gas que nosotros producimos al exhalar y las plantas lo transforman en oxígeno. El dióxido de carbono se encuentra en la atmósfera de forma natural, y además, lo necesitamos, puesto que es un gas de efecto invernadero, y sin él, la Tierra sería unos 30ºC más fría de media. Ha habido variaciones de los niveles de CO2 y de temperatura a lo largo de la historia de la Tierra de manera natural (ver Figura 1), pero nunca se había añadido dióxido de carbono, que estaba almacenado bajo la superficie, en tales cantidades. El resultado es que 14 de los 15 años más cálidos desde que se tiene registro han sucedido en el siglo XXI, con el 2014 en cabeza.

Figura 1

 

El consenso científico sobre el diagnóstico es abrumador, aunque no lo hay tanto sobre el futuro. La pregunta no es si habrá consecuencias o no, sino cuándo las habrá. Para eso se creó el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), el cual elabora una serie de escenarios cada cierto tiempo, con los últimos datos climáticos disponibles. Del último informe del organismo, podemos extraer que al escenario menos desastroso, para el año 2100, se le atribuye un incremento de 1,5ºC de temperatura global y una subida de 0,45m del nivel del mar. En el peor de los casos, la cifra ascendería a 4ºC y 0,75m. Esto se traduce en millones de refugiados climáticos cuyas vidas se las ha tragado el mar, cambios en la biodiversidad local y global con un incremento de especies extintas, cambios meteorológicos y climáticos a nivel local que pueden afectar la economía, etc.

Las cumbres del clima

El Protocolo de Kyoto fue el primer gran acuerdo global que establecía límites a la emisión de gases de efecto invernadero. Aunque la mayoría de países lo firmó y ratificó, fue un fracaso anunciado. Estados Unidos, entonces el principal emisor de CO2, no ratificó el acuerdo, mientras que otros países en vías de desarrollo (como China, India y Brasil), también importantes emisores, se negaron a cumplir los límites alegando el derecho a desarrollarse como lo han hecho los demás países del primer mundo. Poner solo límites a la emisión de dióxido de carbono sin contrapartidas para transformar la economía hacia una más verde es, desgraciadamente, poner límites al desarrollo del país, ya que está basado en el consumo de combustibles fósiles.

Desde la caída de Kyoto hasta hoy se han ido sucediendo varias cumbres y conferencias sobre el clima, tratando de acercar posiciones, pero sin ningún acuerdo hasta la fecha. La última cita fue en Lima (conocida como COP20) organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC en inglés), donde ya se llegaron a algunos preacuerdos y mirando con esperanza de llegar a un acuerdo definitivo en la Cumbre de París, prevista para finales del 2015. Pero, ¿por qué ha sido tan difícil llegar a un acuerdo?

Estaba en discusión quién tenía que poner más énfasis en combatir el cambio climático teniendo en cuenta las diferencias económicas de los países. Finalmente, uno de los acuerdos más difíciles a los que se ha llegado es que los países ricos ayudarán económicamente a los países en desarrollo, a la reducción de gases de efecto invernadero y al despliegue de energías renovables. El cómo y el cuándo están aún por determinar.

Hay espacio para la esperanza

No podemos esperar a que nos lleguen por gracia divina grandes acuerdos sobre el clima (y que además se cumplan). Hay que actuar de alguna forma. Así lo pensaron los 6143 municipios europeos que forman parte del Pacto de Alcaldes, el cual pretende reducir un 20% las emisiones de CO2 para el año 2020. Una meta no exenta de dificultades, teniendo en cuenta las limitadas competencias y recursos económicos de algunos municipios.

Otra de las estrategias más locales que globales, y que personalmente me fascina mucho, es el consumo de energía renovable a través de una cooperativa sin ánimo de lucro. En España, así como en otros países, la energía eléctrica se divide en varias partes: la producción, la distribución, la comercialización y el consumo. Nosotros como consumidores somos libres de elegir la empresa que queramos que nos venda energía. En los últimos años, han empezado a aparecer nuevas cooperativas, como SomEnergia y Goiener, que compran energía eléctrica exclusivamente de productores de energía verde, y la venden a los consumidores por prácticamente el mismo precio que una empresa convencional. ¿No es ésta la mejor forma de combatir el cambio climático a nivel individual? ¿Por qué deberíamos financiar grandes empresas cuyo interés por el medio ambiente es solo de cara a la galería?

En una sociedad donde el consumo es la base de la economía, los consumidores tenemos mucho que decir. Tenemos que ser más conscientes del poder que tenemos, y de cómo con un pequeño gesto podemos influir en el rumbo que estamos tomando como especie.

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