Los desequilibrios informativos Norte y Sur

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La hnorte-suristoria de las relaciones entre la humanidad se ha traducido en el intento de dominio de los pueblos, de los más poderosos sobre los más débiles. La religión, la economía o la propiedad de los recursos naturales siempre han justificado la invasión del otro. La colonización económica de muchas partes del mundo ha sido un ejemplo más del intento de dominar el mundo por parte de los más poderosos económicamente sobre los menos pudientes. ¿Qué fue si no el descubrimiento de América o las propias colonizaciones de continentes como Asia y África por parte de las potencias occidentales?

Existe la necesidad permanente de perpetuarse como dominadores, creando diferencias cada vez más latentes entre el Norte y el Sur, o el Centro y la Periferia. Una prueba, en el año 2014, ochenta y siete personas poseen el mismo dinero que la mitad de la población mundial. Está muy claro que esas personas viven en el mundo rico, y gracias a ello han acumulado ese capital, a través de la explotación del Sur, de la Periferia, a través de la merma de sus recursos naturales y de su medioambiente.

El resultado de toda esta avaricia del ser humano dominado por el determinismo económico es el mundo que tenemos hoy. Un mundo de desigualdad, injusticia social entre zonas centrales y periféricas. Dependiendo de dónde vivamos tenemos más posibilidades de supervivencia. Un ejemplo de ello ha sido un fenómeno mediático en España, que ha dominado la agenda de los medios también europeos: la crisis del Ébola.

Esta crisis denota la diferencia entre el Norte y el Sur, el Centro y la Periferia mundial. Catorce mil personas en el mundo han estado contagiadas de esta enfermedad que donde llega supone un exterminio humano. Ha supuesto más de cinco mil muertos en África. En el Norte las personas se curan de esta enfermedad, en África están condenados a la muerte, sin que la comunidad internacional se preocupe por su población indefensa ante cualquier epidemia de este tipo, y ante la principal que sufre este continente: el hambre.

La crisis del Ébola ha demostrado una vez más que el ser humano no importa, lo que importa es el beneficio económico que se puede obtener de él. En el caso de los medios, las audiencias, la publicidad condicionan las agendas, silenciando realidades como las que aún hoy siguen viviendo en África, pero que afortunadamente la salida de Teresa Romero del hospital hace que para los medios ya no exista el ébola. La realidad de esta enfermedad en el continente vecino se silencia. El mundo rico económicamente tiene necesidad de hacer ver que el Sur o la Periferia no pueden valerse por sí mismo. El ejemplo es que Estados Unidos manda tropas, marines para luchar contra esta enfermedad. Como si de un enemigo de guerra se tratase, que haya que combatirlo con tanques u otras armas bélicas. Sin embargo, Cuba o China mandan médicos que es la única arma capaz de luchar contra esta terrible enfermedad y la principal necesidad de estos países.

En España los medios informativos han mirado para otro lado, han silenciado la realidad de África, y se han centrado en hablar del caso de Teresa Romero. Páginas de periódicos, titulares de radio y televisión nos han invadido durante semanas, sin acordarse de los pueblos que sin medios tienen que luchar contra esta plaga, mientras Occidente únicamente se preocupa de salvar bancos de la quiebra, condenando a los seres humanos a la calamidad.

Los medios obedecen a criterios economicistas y políticos. En la configuración de sus agendas informativas han silenciado una vez más la realidad de África. Una vez más se invisibiliza el Sur frente al Norte, con la idea de crear imaginarios del Norte. Esta denuncia de los desequilibrios en los sistemas informativos internacionales nacida a mitad del pasado siglo XX dio como resultado la Conferencia de Bogotá en el año 1974, la de Costa Rica en 1976 y el Informe MacBride. Este documento supone el reconomiento de la necesidad de democratizar la información y la comunicación, de forma que todos puedan ser actores en los flujos de información, incluyendo sus preocupaciones en las agendas de los medios. Sin duda se pretendía crear un Nuevo Orden Mundial de la Información (NOMIC). A esto obedece la vigencia del Informe MacBride hoy día. Treinta y cuatro años después, siguen vigentes las reivindicaciones de los países del Sur. No ha cambiado nada. Siguen dominando las agendas de los países occidentales. Estos siguen creando imaginarios basados en intereses economicistas.

Sigue sin preocupar el Sur. Se silencia, se invisibiliza. Preocupan los habitantes del Norte, mientras que los del Sur no ocupan ni breves en la prensa, más bien todo lo contrario, dar una imagen negativa de continente. La que fuera presidenta de Amnistía Internacional, Itziar Ruiz Giménez, en el vídeo ‘Ashanti África’, expresaba que el mundo occidental presente en continentes como África (el Sur) presenta una realidad negativa sobre él, una realidad que hay que deconstruir, porque cuando hay conflictos la población autóctona se activa, establece redes de resistencia a la violencia e intentan poner soluciones internas a los conflictos. Pero esto no interesa hacerlo público.

Indudablemente, como señala Itziar Ruiz, la comunidad internacional opta por modelos de acuerdos de paz que favorecen a los actores armados, lo que debilitan esas iniciativas internas de paz. El periodismo de medios occidentales contribuye a fomentar la imagen negativa de esas zonas, que parecen que están siempre en conflicto, porque a las potencias occidentales les interesa fortalecer esa imagen para poder justificar su intervención y presencia en ese continente y otros como Latinoamérica, con el único objetivo de esquilmar sus recursos naturales. De ahí que interese la visión negativa de África, como un continente en guerra, en conflicto permanente, sin capacidad para gobernarse, y esto lo potencian los medios de información presentes en esos conflictos, porque son actores presentes en los intereses geopolíticos. A esta visión, se añade la periodista Tigist Kassa Milko (en el libro Si hablas de nosotros…, artículo El paraíso humanitario: ¿necesita África una nueva imagen?) que en África se quiere hacer ver que son pasivos, ignorantes, desvalidos, víctimas, albotadores, dependientes de la caridad, corrupta, incapaces de gobernarse, y en definitiva, una carga para los blancos. Esta visión de África y otros continentes no hacen sino potenciar y justificar el imaginario de Occidente con su visión de dominación y superioridad sobre el Sur, marcado todo ello por su visión del desarrollo.

En este sentido, el periodista sudafricano Moshoeshoe Monare (en su artículo Si hablas de nosotros…) dice, en relación al papel de los medios en África, que mucha información de la que se da se apoya en “información de paracaídas”. Es decir, “se lanzan en paracaídas sobre un conflicto, en lugar de investigar a fondo y en contexto. Después del conflicto, el reportero del paracaídas, es llevado a otra zona bélica, perpetuando así la mala percepción de África”.

Con estas realidades presentadas, difícilmente se puede deconstruir esa imagen de África, difícilmente habrá una relación de igual a igual, y se potenciarán esas relaciones de dominación y de intervención constantes, que se justifican en estereotipos creados por Occidente. Un ejemplo de ello lo ponía el historiador y periodista de Costa de Marfíl Jean-Arsène Yao (en su artículo Sobre paracaidistas, turistas, ONG y otras aves de paso, del libro Si hablas de nosotros…) cuando decía que el diario español La Vanguardia titulaba una noticia en relación a las elecciones presidenciales de Costa de Marfil, el día 7 de noviembre de 2010, de la siguientes forma: “Machete o futuro”. Es decir, frente a la incapacidad para gobernarse, el futuro se representa como la imagen de la democracia, pero una democracia que viene de la mano de las potencias occidentales. Esta imagen ha venido desarrollando la geopolítica occidental desde hace siglos, pero las máximas expresiones se han producido a finales del siglo pasado y en éste, con las invasiones de Afganistan e Irak.

NORTE Y SUR 2El imaginario occidental trata de justificar su intervención en el Sur con el objetivo de establecer un orden político, económico, social, cultural, etc., acorde con los valores e imaginarios occidentales de desarrollo. Y como dice este periodista de Costa de Marfil, a esto contribuyen también las ONG, que son actores, fundamentalmente, financiados por las Agencias de Cooperación Internacionales, con el objetivo de impedir su propio desarrollo, su modelo de sociedad, cultura y su modelo económico, para que siempre estén estos países supeditados a la ayuda del Norte, con el fin que imponer el orden occidental en países que tienen otra visión del mundo. Por eso, estos países africanos, señala Tigist Kassa Milko, sí establecen con agrado relaciones con China, porque ésta, en su colaboración y ayuda, no establece requisitos previos, sino que trata a los países de igual a igual, mientras que las potencias occidentales, representadas en muchos casos por el Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, establecen requisitos previos para la cooperación que fundamentalmente pasan por adoptar sus lógicas políticas y económicas.

Por todo ello, los medios presentes en África y otros continentes del Sur deben abandonar los estereotipos de Occidente para informar. Y señala Moshoeshoe Monare que al presidente de  Zimbabue, Robert Mugabe, hay que darle el mismo tratamiento justo, equilibrado y fiel que al presidente Obama o Cameron. Dice este autor que sus malas políticas no justifican la mala información o el compromiso de la ética periodística. Señala Monare que cada acusación contra Mugabe debe ser contrastada, verificada y probada, y que él merece, como cualquier otro, el derecho a responder.

En este sentido, e incidiendo en el imaginario de dominación de Occidente, que justifica la imagen negativa de estos países, a cualquier práctica de los dirigentes de estos países se considera ejercicio de autoritarismo, genocidio, crimen contra la humanidad, y de la misma forma, se potencian, justifican y alaban las prácticas de dirigentes occidentales, incluso con información inventada y teatralizada por las grandes agencias internacionales de relaciones públicas, para entrar en guerra. Me estoy refiriendo a la intervención ante congresistas de Estados Unidos, en octubre de 1990, de la joven Nayirah, quien afirmaba que había visto cómo los soldados iraquíes habían entrado en un hospital de Kuwait y habían sacado a 312 niños prematuros de las incubadoras dejándoles morir. La teatralización fue esplendorosa, con llanto incluido de la menor, que resultaba ser la hija del embajador de Kuwait en Whasington, Saud Nasir Al Sabah.

Abundando en este sentido, es muy interesante el artículo del profesor Alejandro Pizarroso de la Universidad Autónoma de Madrid en la revista Comunicación, que habla de la justificación de la guerra y la manipulación de la opinión pública en conflictos recientes.

La vigencia del Informe MacBride y los desequilibrios informativos se fundamenta, de nuevo, en las prácticas de invisibilización del mundo occidental y del Centro sobre la Periferia, en las relaciones de subordinación de un lado a otro. Así, Vicente Romero habla en este documento en relación a una historia real que él vivió y que le fue narrada por un ciudadano alemán, detenido en 2003,  tras una confusión con un terrorista de Al Qaeda, por la policía macedonia y entregado a la CIA por la que fue torturado durante 4 meses, sin saber dónde estaba, en qué lugar.

De esto no se informó en ningún medio de comunicación, al igual que muchas noticias de África. Dice Gervasio Sánchez lo siguiente: “¿A quién le interesan esos dramas? ¿A quién le interesan esas historias de negros? Esto se escucha a menudo y los comités de redacción en silencio”. Enlaza con esto lo que dice Vicente Romero en La última trinchera en un artículo sobre África que se llama Noticias que no llegan a serlo.

El imaginario occidental, en el que se incluyen los medios de comunicación, oscurecen zonas del planeta, sobre las que sólo les interesa dar una imagen negativa, para justificar su intervención y presencia física constante en esas zonas, y por tanto, perpetuar su dominación sobre el Sur, al que trata de imponer su concepto de democracia y libertad basado en la lógica económica, sus valores y visión del mundo que nada tienen que ver con la que poseen en otras zonas de la tierra, como es el caso de África, y del reciente brote del Ébola que ha supuesto una preocupación en España por el sacerdote contagiado por la enfermera Teresa Romero, pero se ha olvidado África, una vez que ella superó la enfermedad y abandonó el hospital. Así, se acabó el Ébola. Ya no existe.

Y por tanto, los medios informativos son necesarios para dar a conocer realidades complejas de otros países. Sin ellos no hay democracia. Pero como decía Moshoeshoe Monare en su artículo, si vamos a hablar de África (aunque esto habría que hacerlo siempre), de otros países, de otras culturas, como periodistas, debemos usar la ética profesional, contextualizar, investigar a fondo, desechar el estereotipo, entender la identidad africana y reconocer que hay 54 países en ese continente y no sólo 10 de los que se suele hablar negativamente. Esto es aplicable a cualquier otro país que tenga otra cultura, otra visión y concepción del mundo. Y también es aplicable lo que dice la Novelista Nigeriana Ben Oki: “los africanos son los auténticos expertos en África”.

Los periodistas, corresponsales, informadores y enviados especiales debemos huir de estereotipos y entender e informar que cualquier país o continente tiene actores internos que son capaces de gobernar su propio futuro y organizar su sociedad de acuerdo con sus valores culturales, sociales, económicos y políticos. Así nos acercaremos más a la ‘verdad’. Aplicando este criterio en nuestro país, ganaremos la credibilidad que nos hemos ido dejando por este pedregoso pero bello camino del Periodismo, sujeto a los intereses de mercado y economicistas.

En nosotros está el cambiar las cosas. Mientras no hagamos por transformar la realidad, documentos como el Informe MacBride serán libros de cabecera, cuyos principios debemos reivindicar cada día, para que el ser humano se convierta en el centro del universo y no la economía, que hace que se invisibilice el Sur con su riqueza, su diversidad, su cultura, su otredad. Y sobre todo para que tengamos medios y flujos informativos democráticos, lo que equilibrará las relaciones, distorsionadas conscientemente por las agendas de los medios, entre el Norte y el Sur.

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