El Grupo de los Locos del Bosque

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América Latina tuvo la suerte de contar con un grupo de autores que pasada la mitad del siglo XX cuestionaron las teorías clásicas de la Comunicación. Estas teorías se centran en otorgar un papel de privilegio al emisor en cuanto a la posesión y el uso de la información, y un papel pasivo al receptor. Entre los autores más ilustres de esta generación se sitúa Luis Ramiro Beltrán Salmón. Le acompañan nombres que han sido oscurecidos y silenciados por una parte del pensamiento comunicacional occidental. Antonio Pasquali, Juan Díaz Bordenave, Eliseo Verón o José Marques de Melo son algunos de estos autores ilustres que pusieron las bases de esta línea crítica de estudio. Algunos autores no latinos como Armand Mattelart (europeo), durante su estancia en Chile, y Frank Gerace (norteamericano) exiliado en Perú, hicieron aportaciones a esta corriente de pensamiento conocida como Escuela Latinoamericana de Comunicación.

Beltrán, inspirado en las teorías de la educación liberalizadoras de Paulo Freire, desarrolló una cantidad ingente de textos que hablan del derecho a la comunicación como algo inherente al ser humano, además de cuestionar los modelos de comunicación para el desarrollo aplicados desde el  paradigma occidental, proponiendo políticas de comunicación democráticas al respecto. Uno de sus textos más importantes se denomina Adiós a Aristóteles, en el que se cuestiona el modelo comunicativo que proponía el autor clásico que ha sido base de otros modelos influyentes posteriores y propone su superación.

Haciendo un breve repaso histórico, el filósofo griego denominaba a la comunicación “retórica”. Definía sus elementos como “locutor”, “discurso” y “oyente”, y los circunscribe al ámbito de la persuasión. Esta base clásica no ha sido pocas veces repetida por los estudios de Información y Comunicación. El modelo de Laswell perfecciona el modelo aristotélico, añadiendo aspectos sobre cómo se dicen las cosas y para qué. Otro de los modelos conocidos en la academia es el de Shannon y Weaver, con marcado carácter mecanicista. Muchos de estos, y otros, hoy se mantienen vigentes y responden a un paradigma clásico de la Comunicación e Información. En Europa la Escuela de Frankfurt, compuesta por autores como Horkheimer, Adorno, Habermas, Benjamin y otros, generaron una teoría crítica del modelo clásico de Comunicación en la primera mitad del siglo XX. Estas teorías sirvieron de base para que la investigación en Comunicación en América Latina formulara no sólo su propia teoría, sino que diera un paso más en la conceptualización, diferenciando entre Información y Comunicación, y los elementos innovadores, plurales y democratizadores que esa distinción genera. Junto con Pasquali, Beltrán fue uno de los primeros autores que dieron rigor científico a estas definiciones.

Antonio Pasquali, en los años 60, del siglo XX, en su libro Comunicación y Cultura de Masas (1963) hizo el primer ejercicio en este sentido. Señalaba que la información es unilateral, mecánica, poco racional, masificadora y dominadora,  mientras que la comunicación es bilateral, interactiva, racional, directa, individualizante y sin sometimiento del receptor al emisor de los mensajes. Beltrán añadía que la comunicación está fundamentada en una interacción social basada en el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario, diálogo y participación. Expresaba que todos tienen derecho a comunicarse con el fin de satisfacer sus necesidades comunicativas por medio del goce de los recursos de la comunicación, sin que haya un ejercicio de influencia sobre el comportamiento de los demás.

En este sentido, este grupo de autores y en concreto Luis Ramiro Beltrán definía como uno de los principales problemas de América Latina la situación de dominación interna y dependencia externa que sufría la región. Así cuestionó la comunicación con fines dominantes y los sistemas verticales de imponer los imaginarios del norte sobre el sur. De esta forma, defendía la comunicación como ejercicio de liberación y un proceso de construcción democrática. Beltrán en la búsqueda de soluciones formuló e impulsó políticas públicas de Comunicación como elemento fundamental para  promover leyes que facilitaran la transformación social y democratizara la Comunicación mediante el acceso de la ciudadanía a los medios, y con ello se caminara hacia sociedades más libres y democráticas.

La influencia de la Escuela Latinoamericana de Comunicación, y en especial de Luis Ramiro Beltrán, en relación a las políticas de Comunicación, dio lugar, en el año 1972, a que la UNESCO convocara en París la Primera Reunión de Expertos sobre Políticas y Planificación de la Comunicación. De esta reunión partió la necesidad de que se crearan, en los distintos países, Consejos Nacionales para diseñar e instituir estas políticas. Esta cumbre dio lugar a que en 1973 se trazaran los principios para la Reunión de Expertos sobre Políticas de Comunicación en América Latina, a celebrar en 1974 en Bogotá, y además se recomendó que en cada país se formularan las políticas, mediante la aprobación de una ley, a través de los Consejos Nacionales pluralistas, para tener el mayor consenso y que éste fuese autónomo. De ésta, nació el denominado Informe de Bogotá que extraía una conclusión muy importante: la necesidad de formular Políticas Nacionales de Comunicación para hacer frente a la intervención de intereses transnacionales en Latinoamérica. Pero además, se recomendaba que estas fueran políticas explícitas, coherentes, interdiscipliarias; y que lograran que la comunicación respondiera a los requerimientos del conjunto social, no a los de la minoría dominante, así como asegurarse que fueran pluralistas y democráticas dando participación a representantes de todos los sectores sociales en su diseño e implantación.  El Informe de Bogotá, y sus recomendaciones, fue la base para la preparación de la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en Latinoamérica y Caribe, prevista para 1975. Presiones de las corporaciones privadas a  gobiernos como Argentina, Ecuador y Perú, propuestos como sede, no hicieron posible la celebración ese año. Fue en 1976 cuando se celebrara en Costa Rica. Esta conferencia dio lugar a la Declaración de San José. 

Entre los aspectos más importantes de esta declaración destaca la necesidad de democratizar la Comunicación para democratizar la sociedad. Concluye que las políticas nacionales deben concebirse en el contexto de las propias realidades, de la libre expresión del pensamiento y del respeto de los derechos individuales y sociales. Además, se reconoce el derecho a la comunicación como institución, que se deriva del derecho universal de la libre expresión del pensamiento en sus aspectos de acceso y participación. La existencia de este derecho daba lugar al reconocimiento de la potestad de los estados para formular políticas de Comunicación y planes de consulta con los sectores pertinentes para diseñar y elaborar dichas políticas.

En dicho contexto, se deja clara la necesidad de un equilibrio en los flujos comunicativos internacionales, y de democratizar la Comunicación, para democratizar los pueblos. Beltrán fue una pieza fundamental en los trabajos que posibilitaron estos encuentros, que tuvieron como resultado que la propia UNESCO se preocupara por esta situación y naciese dentro de ella una línea de trabajo tendente a establecer un Nuevo Orden Mundial de la Información (NOMIC) en 1977. El  efecto de esta labor dio lugar a un documento, en 1980, que ha sido uno de los más importantes que se ha generado nunca a nivel internacional, referente a la comunicación: el Informe MacBride.

En general este informe planteó que este nuevo orden mundial debe ser entendido como un proceso abierto en sus límites, pero que debe tener unas metas constantes y claramente definidas que son: “más justicia, más equidad, más reciprocidad en el intercambio de información, menos dependencia de las corrientes de la comunicación, menos difusión de los mensajes hacia abajo, más autoconfianza e identidad cultural, más beneficios para toda la humanidad”.

Ninguno de estas reuniones, sus acuerdos, documentos y los logros conseguidos en materia de Comunicación, se entenderían sin la influencia de la Escuela Latinoamericana de Comunicación y en especial de Luís Ramiro Beltrán. Este autor es una referencia en América Latina. Sin embargo, poco difundido en otros continentes, quizá porque sus tesis cuestionan el modelo comunicativo y de desarrollo que propuso y propone Estados Unidos, Europa y otros lugares del mundo con un imaginario dominante de la relaciones entre Estados. Este grupo de autores no son estudiados en las Facultades de Ciencias de Comunicación occidentales, ni sus textos no son propuestos como referentes bibliográficos. En la actualidad, el profesor e investigador Manuel Chaparro, a través del Grupo de Investigación de la Universidad de Málaga y Laboratorio de Comunicación y Cultura, COMandalucía, ha editado, junto con la Asociación para la Investigación en Comunicación IMEDEA,  y Luces de Gálibo, una recopilación de los textos más importantes de la figura principal de este grupo: Luis Ramiro Beltrán. Un libro que se titula Comunicología de la Liberación, Desarrollismo y Políticas Públicas. En él se encierra la base de la crítica a los modelos de desarrollo y Comunicación dominantes en el mundo, y las propuestas que hace para superarlos este autor boliviano. Este compendio nace como un reconocimiento al trabajo, esfuerzo y dedicación que este autor ha hecho para contribuir a generar sociedades más horizontales y democráticas, a través de la Comunicación.

Por tanto, y para terminar, es justo decir que muchos de logros y avances conseguidos en materia de Comunicación en el mundo no se entenderían sin la aportación del grupo de autores e investigadores de la Escuela Latinoamericana de Comunicación, cuyo máximo exponente es Luis Ramiro Beltrán, del que jamás olvidaré cuando en su casa en La Paz (Bolivia) me dijo, el día 3 de junio de 2014, “bienvenido al grupo de los locos del bosque”.

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