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«¡Cuídate de los idus de marzo!»

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«¡Cuídate de los idus de marzo!».

Con aquellas palabras, un anónimo vidente advertiría a César acerca del peligro que sobre él se cernía en esta fecha, o al menos eso es lo que se cuenta. Fuesen palabras reales o un elemento dramático que añadir a una historia de por sí apasionante, lo cierto es que no deja de resultar cierto, ya que sería en ese día cuando se pondría fin a la vida de nuestro protagonista y, ya de paso, a un sistema político en descomposición.

"La muerte de César" de Jean-Leon Gérôme

“La muerte de César” de Jean-Leon Gérôme

Ese 15 de marzo, el suelo del Senado se teñiría de rojo con la sangre de un hombre cuya obra política marcaría un antes y un después en la historia de Roma y no se detendría con su muerte. Y todo ello sería el resultado de una conspiración iniciada poco antes por un grupo bastante numeroso de senadores, con Cayo Casio Longino a la cabeza, y que argumentaba luchar en defensa de la República y de la libertad de que se había privado al pueblo con el acaparamiento de poder llevado a cabo por César.

Y es que, si tenemos en cuenta su meteórico ascenso en el currículum o “carrera política”, era de esperar que despertase el recelo e incluso el temor de aquellos que hasta entonces habían mantenido el status quo político y social en Roma y que veían cómo cada vez iban perdiendo más poder en detrimento de un solo hombre, que contaba además con el apoyo de gran parte de la plebe por su carácter popular.

Ojo, el término popular hay que entenderlo en su contexto; se trata de una facción política que surge en estos momentos y a la que pertenecían aquellos que pretendían acabar con el estatus privilegiado que tenía la antigua aristocracia, con la que entrarían en conflicto, para dar cabida a un mayor acceso de otros estamentos sociales a la vida política. Esto conllevaría un inevitable enfrentamiento entre esta facción y la de los llamados optimates, lo cual no debe interpretarse con nuestra visión actual de políticas de izquierdas y derechas, sino como dos formas diferentes de interpretar un sistema político muy diferente al nuestro.

Realmente, los populares, como es el caso de César, ni siquiera solían pertenecer a los estratos sociales más bajos, sino que formaban parte de los grupos más privilegiados pero tenían la intención de abrir un poco la puerta a un mayor números de gente y llevaban a cabo políticas destinadas a favorecer al populus y a tratar de reducir la brecha social.

Estatua de César en Rimini

Estatua de César en Rimini

Pero para llegar a alcanzar estas cotas de poder, César tuvo que llevar a cabo una carrera política y militar muy prolífica, que comenzaría de manera temprana, cuando siendo adolescente entra en el colegio de sacerdotes de Júpiter, lo que daría pie a ir adquiriendo un cierto renombre y prestigio social. Sin embargo, el convulso siglo en el que le tocó vivir, el I a.C., afectaría inevitablemente a su futuro, ya que su apoyo a su suegro Lucio Cornelio Cinna en la lucha contra el dictador Sila y la muerte del primero en la contienda lo apartaría de la vida política durante un tiempo, ya que corría el riesgo de perder prácticamente todo.

Con 19 años, para poner tierra de por medio y alejarse de la vida política, se dedicaría a la vida militar, la otra gran vía para adquirir gloria y reconocimiento social, por lo que se puso a las órdenes del propretor de la provincia de Asia, Marco Minucio Termo, y junto a él llevó a cabo una gran labor bélica, que le valdría el reconocimiento de sus compañeros.

A la muerte de Sila volvería a Roma para reanudar su carrera política, heredando de su tío el puesto en el Colegio de Pontífices, para pasar pocos años después a ejercer el mayor cargo religioso, el de Pontifex Maximus, en el 63 a.C., que compaginaría con su cuestura (administrador de la Hacienda) y su carácter de propretor de la Hispania Ulterior en el 61 a.C.

Como vemos, en estos momentos, el poder de César no se limita a sus logros militares, sino que también ejerce magistraturas religiosas y civiles, con lo que empieza a adquirir una trascendencia y una fama que hacen que se plantee la posibilidad de acceder al consulado, la cúspide de la vida política en Roma. Pero para ello recurriría a una inteligente estrategia, como es la de buscar el apoyo de las grandes figuras del momento, que eran Cneo Pompeyo Magno, genio militar, y Marco Licinio Craso, cuya fortuna personal y su estatus social lo colocaba en una gran posición. Es en estos momentos cuando surge el llamado “Primer Triunvirato”, un acuerdo entre estas tres personalidades para garantizarse su apoyo mutuo y colaboración, de la que todos ellos saldrían teóricamente ganando.

Pero una de las grandes gestas que se recordarían de César y que quedarían plasmadas en la posteridad sería la conquista de las Galias, labor que se le encomienda en el año 58 a.C., y que le ocuparían prácticamente toda la década, dada la dificultad de la empresa y la dura resistencia de aquellos “irreductibles galos” a los que ensalzarían en clave de humor los grandes Goscinny y Uderzo, y a cuya obra debo gran parte de interés en este tema.

La Guerra de las Galias

La Guerra de las Galias

La Historia, como sabemos, fue muy diferente, y sin poción mágica ni poderes extraordinarios, la resistencia gala finalmente cayó bajo el genio militar de César y sus tropas, lo que quedaría inmortalizado en otra obra de carácter más histórico aunque un tanto grandilocuente y exagerada como sería De Bello Gallico, en la que el propio César narra el conflicto en tercera persona pero desde su punto de vista, y que supone una fuente histórico de valor incalculable.

No obstante, aún quedaría un escollo para llegar a su objetivo, el consulado, y no era otro que Pompeyo, cuyas relaciones se habían enfriado y que ahora apoyaba al Senado en su proyecto de intentar limitar el poder de César, que quería prorrogar su mandato en las Galias hasta el año 48 a.C, cuando podría legalmente acceder al consulado. Este enfrentamiento daría lugar a la Guerra Civil, que acabaría con la muerte de Pompeyo y sus sucesores luego de varios años de guerra en prácticamente todas las provincias de Roma y lo que ello conllevaría (visita a Egipto e idilio con Cleopatra incluido).

En el año 45 a.C., César hace su entrada triunfal en Roma, con todos los festejos y celebraciones posibles, lo que haría augurar un gran futuro en su vida política por el apoyo y la simpatía con que contaba entre el populus, aunque esta euforia no duraría más de un año.

Como cabría esperar, el excesivo poder acaparado por César, plasmado en su nombramiento como dictador perpetuo, daría pie a una reacción por parte del Senado. Y sería entonces cuando, en los idus de marzo del 44 a.C., la conspiración de gran parte de sus representantes, acabaría con sus asesinato y el fin momentáneo de sus reformas políticas, entre las que destacarían la entrega de tierras a militares retirados, o el intento de reconciliar a optimates y populares y de dar la ciudadanía romana a un mayor número de pueblos y territorios.

Sin embargo, el proceso en que se había erigido artífice era prácticamente imparable, y la descomposición y caída del régimen republicano era cuestión de tiempo, lo que se vio acelerado cuando Octavio, hijo adoptivo de César y heredero de sus cargos políticos, se alza contra los asesinos de su predecesor y lleva a cabo una represión contra estos y una remodelación política que daría lugar al surgimiento del Imperio.

Ese día moriría el hombre, pero la figura histórica perduraría a lo largo del tiempo, y la trascendencia de su obra sería clave para el devenir de uno de los mayores y más complejos imperios de la Historia, como era el de Roma.

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2 comentarios

  1. […] Con aquellas palabras, un anónimo vidente advertiría a César acerca del peligro que sobre él se cernía en esta fecha, o al menos eso es lo que se cuenta. Fuesen palabras reales o un elemento dramático que añadir a una historia de por sí apasionante, lo cierto es que no deja de resultar cierto, ya que sería en ese día cuando se pondría fin a la vida de nuestro protagonista y, ya de paso, a un sistema político en descomposición.  […]

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