Portada Cultura Historias de exclusión social: el ostracismo

Historias de exclusión social: el ostracismo

Por -
3 1159
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on TumblrShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someone

La hostilidad, las rencillas personales, las diferencias políticas y la lucha de egos e intereses son males que, por más que nos pese y nos cueste reconocer, vivimos muy de cerca y de los cuales somos víctima y culpable por igual. No me malinterpreten, no trato de hacer apología de aquello de “Homo homini lupus” (“el hombre es un lobo para el hombre”), sino simplemente de llevar a cabo un ejercicio de autocrítica a nivel colectivo y como sociedad, independientemente del país y la cultura en la que nos ubiquemos.

Y es que si algo tiene de apasionante la historia es la variable impredecible que supone tener por objeto de estudio a un ser tan complejo como el humano, cuyas decisiones y actos no responden sino a las de personas concretas con sus pasiones, ambiciones y debilidades, si bien enmarcadas siempre en un contexto con el que están más o menos ligadas. En cualquier caso, y a fin de no divagar demasiado, de lo que me gustaría hablar hoy es de una tradición y un fenómeno social del mundo antiguo que nos puede ilustrar bastante sobre el comportamiento humano y sus diferentes formas de poner barreras y reglas al juego de la política.

Fragmentos de "ostrakón"

Fragmentos de “ostrakón”

Para ello debemos retroceder en el tiempo hasta aproximadamente el siglo VI a.C., cuando surge en la Antigua Grecia una ley por la cual se instituía el “ostracismo”, término que hoy día conocemos bien pero cuyo origen se remonta a aquella época. Clístenes, uno de los grandes legisladores que por entonces surgieron en la Hélade, fue el artífice de importantes reformas sociales y políticas cuya complejidad hace imposible resumirlas en este artículo, pero que a buen seguro resultarán interesantes como lectura complementaria para quien esté interesado en el tema. Por lo tanto, entre ellas vamos a destacar la del “ostracismo”, una práctica que se generalizaría en el siglo V a.C., y para cuyo análisis convendría echar un vistazo a la propia etimología de la palabra.

Su origen es el término griego “ostrakón”, que designaba a un caparazón o concha de algún animal, y que se aplica a los trozos de cerámica en los que se dictaba sentencia sobre un proceso de “ostraquización” u “ostracismo”. Pero conviene aclarar qué es exactamente esta medida, en qué consiste.

Hoy en día, sabemos que se utiliza para referirse al proceso por el cual una persona (generalmente un político o personalidad de cierta relevancia social) es apartada o se la hace a un lado por su oposición o disconformidad con el grupo al que pertenece, que lo condena así a una exclusión social bastante literal, de manera que conllevaría un periodo de destierro que podría durar años o incluso toda la vida. Duro destino para aquellos desamparados que por una u otra razón representaban un peligro para el pueblo o para un grupo determinado, y eran expulsados de la comunidad sin juicio ni debate, si bien en muchos casos tenían el consuelo de poder conservar su condición de ciudadanos.

El procedimiento sería más o menos el siguiente: Anualmente, durante la primera pritanía (las épocas en que se dividía el año a partir de la reforma del citado Clístenes), se realizaba una votación a mano alzada en la que todos los ciudadanos (que no todos los habitantes, recordemos que sólo lo eran aquellos con plenos derechos) decidían el nombre de aquella persona que, por una u otra razón, mereciera el destierro. De entre los votados allí, se elegirían a los nombres más repetidos para someterlos a una segunda votación en la que se decidiría si finalmente debían ser condenados al exilio. Para ello, se utilizarían los trozos de cerámica llamados “ostrakon”, donde se colocarían los nombres del elegido para tal fin, de manera que aquellos cuyo nombre fuera elegido por mayoría absoluta acabarían abocados al destierro.

pericles2

La decisión popular llevaría a “ostraquizar” a individuos que podrían ser condenados a vivir en torno a diez años alejados de la comunidad, aunque habría casos en los que las condenas se alargaban indefinidamente o se acortaban, en función del peligro que pudieran representar estas personas para el desarrollo de la vida pública y política. Es por ello que este mecanismo se concibió en un primer momento como una forma de limitar el poder de determinadas personalidades, lo cual cobra sentido si tenemos en cuenta que fue una época en que las tiranías se generalizaron en algunos territorios griegos. Sin embargo, con el paso de los años, esto se convertiría en una poderosa arma política y en una útil herramienta para acabar con la influencia de los elementos discordantes del sistema, con los opositores a una facción política o aquellos que pudieron suponer un peligro para la estabilidad social y el orden establecido.

En este sentido, se podría considerar un mecanismo ciertamente pragmático, ya que se basa en la premisa de eliminar de raíz cualquier disidencia. Y para ello, se procedía a una votación popular en la que eran los ciudadanos quienes decidían si el acusado debía marcharse. Aunque no nos engañemos, en este proceso entran en juego los intereses políticos y, sobre todo, el uso de las influencias de aquellos más poderosos sobre sus clientes, cosa que podemos comprobar a través de las fuentes tanto arqueológicas como escritas.

"Ostrakón" con el nombre de Hipérbolo

“Ostrakón” con el nombre de Hipérbolo

De hecho, hay muchas referencias a cómo se elaboraban una serie de “ostrakon” con el nombre de alguien ya escrito y se repartían entre amigos y clientes para que votaran que lo que quisiera el líder de una facción política. Vemos, por lo tanto, como había ya ciertas medidas de presión y cómo el “ostracismo” pasa a ser una herramienta política prácticamente desde un primer momento. Como ejemplo de los “chanchullos” de la época podemos ver la cita de Plutarco, que cuenta como el demagogo Hipérbolo fue condenado al destierro en 417 a.C. por un acuerdo entre Nicias y Alcibíades, los otros dos candidatos, para unir sus esferas de influencia y librarse de tal condena, en detrimento del primero.

Este caso, por cierto, es la última referencia que encontramos en las fuentes, lo que hace pensar que sería en torno a esta época cuando la práctica del “ostracismo” cae en desuso, probablemente por el surgimiento de otros medios de lucha política igualmente eficaces, como las acusaciones entre magistrados ante las asambleas.

En conclusión, este fenómeno de la Antigua Grecia es el que da nombre a un fenómeno social que pervive en la actualidad aunque con ciertos matices. Hoy en día, por ejemplo, hay muchos más medios para desacreditar y restar poder a los elementos discordantes del sistema, y las presiones y el poder de determinados grupos son cada vez mayores, además de que, por supuesto, el destierro de aquella época era más físico y geográfico, mientras que en la actualidad basta con desvirtuar o dar una imagen distorsionada del movimiento o la persona en cuestión para encaminarlo hacia el “ostracismo social” o restarle importancia .

Otros artículos

3 comentarios

Responder

(Spamcheck Enabled)