¿Puertas de cierre a la miseria?

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Lampedusa, Ceuta, Melilla, Tarifa, Motril. Da igual el lugar por el que se pase, todos son barreras ante el hambre y la miseria. Tenemos miedo a ver nuestro fracaso como especie y reconocernos parte del naufragio por no saber gestionar un desarrollo humano que permita la vida digna allí donde haya un grupo humano.

Inmigración, imagen de migrar.org
Inmigración, imagen de migrar.org

Analicemos de dónde procedían estos seres que dejamos caer al fondo marino para ahogar nuestra escasa conciencia de humanos; todos y cada uno venían de países en guerra o cercanos al conflicto. Sigue siendo la impotencia del poder la que crea las mas grandes barbaries, porque la guerra la hacen desde lejos los que no sienten la razón como el arma más poderosa sobre la tierra. Si estos ciudadanos de países masacrados por los intereses ajenos a su devenir cotidiano, fueran capaces de plantarse frente a los tanques y armas para que los aniquiláramos directamente sin tener que navegar en la nada, tal vez sentiríamos vergüenza o tal vez no fuéramos capaces de disparar una sola vez.

Cuando una persona hambrienta sale a buscar vida lejos de su entorno masacrado, sale también creyendo que en el mundo de los súper preparados hay un hueco esperándole para permitirle vivir, pero ese hueco es el vacío de nuestras conciencias humanas que sólo ha alcanzado la superficialidad del mar y se ahoga en cada naufragio bien difundido, sin sentir siquiera pena de los no enfocados por la inmediatez de la noticia. Poco a poco estamos perdiendo el carácter de ser humano, estamos dejando atrás los verdaderos problemas a resolver y nos estamos creyendo civilizados porque unas máquinas nos informan de todo con rapidez. Saber que mueren no nos quita un ápice de culpa, saber que no comen no nos exime del problema del hambre y saber que no hacemos nada nos empequeñece cada día un poco más.

Cada gobierno tiene el cometido de vigilar sus fronteras, de preservar su territorio, pero no hay gobierno ni poder que venza la huida hacia delante del desesperado. Nada para esta guerra sur- norte si ellos no tienen la oportunidad de crecer y vivir de la mejor forma posible. Dos soluciones.

  1. Eliminemos las guerras para que en la paz de sus territorios se empiece a crear una vida digna.
  2. Ampliemos la globalización, hagamos de la tierra entera el hogar más digno posible y abramos los territorios al único interés común: la vida.

Como decía Violeta Parra:

“Entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya; el punto dice no hay paso, la raya vía cerrada, para que tu hambre y la mía estén siempre separadas”

Hasta el próximo naufragio.

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