Cómo mirar al pasado

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Hace unas cuantas semanas, dediqué un artículo a dar mi particular punto de vista sobre el deber que tenemos los humanistas para con la sociedad y el papel que en ella desempeñamos. Y lo cierto es que me gustaría profundizar en el tema y hablar, de manera más concreta, de cómo debe trabajar un historiador, cuáles son los parámetros y presupuestos básicos sobre los que debe edificar su labor de investigación.

En relación con este tema, me viene a la memoria un debate con el que iniciamos una clase en la facultad y que me ha dado mucho que pensar al respecto. La cuestión que se proponía era sencilla: ¿debe el historiador ser objetivo o subjetivo? La pregunta puede resultar sencilla a simple vista, y es que, como sabemos, en todo ámbito de investigación se debe tender hacia la objetividad, para garantizar el mejor resultado posible.

Esto es algo que se da por sentado, y en el ámbito de la Historia no supone una excepción, pero se plantea otro interrogante a la hora de analizar una ciencia tan compleja, que no se basa en la simple observación, sino que cuenta con una variante impredecible que puede cambiarlo todo; el ser humano. Si tenemos en cuenta que nos encontramos ante un campo de investigación en el que no hay hechos objetivos únicos ni fuentes absolutamente fiables que nos den cuenta de ellos, tenemos que plantearnos cómo ser objetivos, cómo tratar de acercarnos lo máximo posible a esa forma de trabajar.

El Archivo Histórico, una de las más importantes herramientas del historiador.
El Archivo Histórico, una de las más importantes herramientas del historiador.

Por supuesto, no es tarea fácil, ya que hablamos de acontecimientos vividos y realizados por personas iguales que nosotros en tiempos pasados. Tan iguales que a veces queremos trasladar nuestra realidad a ese pasado y establecer paralelismos y comparaciones, de manera que podemos llegar a sentirnos identificados con un pueblo o un personaje histórico concreto. Este es un error en el que pueden caer muchas personas, sobre todo aquellas ajenas al campo de la Historia, y es precisamente por ello por lo que es tan importante una buena formación para los que nos dedicamos a su estudio, de manera que la Universidad nos enseñe no a memorizar fechas, conceptos y nombres, sino a desligarnos de cualquier tipo de prejuicio o condicionante ideológico para buscar la verdadera Historia, y no una versión diferente según nuestros propios intereses.

He ahí la principal diferencia entre un buen historiador y un “entendido” de Historia. La formación de todo historiador conlleva la necesidad de actuar de una manera concreta a la hora de ver la Historia, una manera diferente, más científica y profesional. Esta manera no es otra que la de acudir a las fuentes, ya sean textuales o materiales, y ser capaz de adoptar una actitud crítica ante ellas, teniendo en cuenta en qué contexto se llevaron a cabo y por parte de quién. Evidentemente, si estudiamos la Guerra de las Galias leyendo a César y tomando por cierto todo lo que éste dice, no tendremos una versión demasiado cercana a la realidad, sino más bien, lo que César quiso resaltar, su propia versión de los hechos, un tanto mitificada.

Con este ejemplo, lo que quiero resaltar es lo peligroso que puede resultar el tomar como cierto todo lo que nos dicen las fuentes sin someterlas a crítica, y creo que la cosa se complica aún más cuanto más cercano es el acontecimiento que estudiamos. Por pura afinidad ideológica, es normal que cada persona tenga su propia visión de un acontecimiento tan importante como la II Guerra Mundial o la Guerra Civil Española, que aún en la actualidad sigue dando pie a acalorados debates. En este tipo de temas pueden influir, e influyen, los condicionamientos ideológicos e incluso la implicación indirecta, por cuestiones familiares y similares.

Episodios como Pearl Harbor son tan cercanos a la actualidad que su análisis es complicado.
Episodios como Pearl Harbor son tan cercanos a la actualidad que su análisis es complicado.

El ser humano, como tal, es subjetivo, y prácticamente todo lo que ocurra en el mundo le va a merecer una opinión diferente en función de diversos factores. Pero el verdadero mérito del historiador es el de acabar con esa carga, con esos condicionantes, y mirar al pasado desde la imparcialidad y teniendo en cuenta que cualquier tiempo pasado no fue ni mejor ni peor, sino diferente, y que las formas de organización social y de entender el mundo que tenemos en la actualidad no son las mismas que hubo en la antigua Grecia o en la Europa Medieval, por ejemplo.

Por lo tanto,  y aunque puede resultar más complicado de lo que solemos pensar, lo cierto es que un historiador debe ser fiel a la ciencia a la que se dedica y, para ello, no anteponer sus intereses personales o su forma de pensar a la propia labor de investigación. Ante todo, se trata de buscar, si no la verdad, acercarse lo máximo posible a ella, y tratar de ir siempre más allá, acudiendo a tantas fuentes como sea posible y tratándolas con gran rigor, profesionalidad y sentido crítico.

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