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La epigrafía, una ventana a la Antigüedad

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El historiador, cuya tarea principal es la de mirar al pasado del hombre para tratar de explicarlo de la manera más científica, coherente y cercana a la realidad, debe valerse para ello de una serie de instrumentos, como cualquier otro investigador. Es decir, que si la Historia es la ciencia que estudia los acontecimientos protagonizados por el ser humano a lo largo de toda su andadura, la única forma que tenemos de llevarlo a cabo y de reconstruir ese pasado es el estudio de todos los restos que éste ha ido dejando a su paso, lo que en Historia se conoce como “fuentes”, que pueden ser de todo tipo, desde las materiales, que corresponden al ámbito de la arqueología, hasta las escritas.

Dentro de estas últimas, hay una gran cantidad de ámbitos de estudio y ramas que las estudian, y no es de extrañar, si tenemos en cuenta que la escritura es un fenómeno que surge entre las primeras civilizaciones que se desarrollan en Oriente Próximo y que, desde entonces, es inherente a prácticamente todas las culturas y sociedades.

Es por ello que mi artículo de hoy se centra en una ciencia muy importante para las tareas de investigación histórica, como es la epigrafía. Este término, que viene del griego epigraphé, tenía por objeto de estudio a todo aquello que estuviera escrito en algún tipo de soporte. Algo que pasa al mundo romano con el nombre de títulus o inscriptio. Sin embargo, hoy en día se podría definir como la ciencia que estudia las manifestaciones escritas no literarias, siendo este último matiz muy importante, ya que el ámbito de estudio se reduce a aquellos restos de escritura a los que, por su ubicación o por el contexto en que se dan, tienen alguna intencionalidad de perdurabilidad, propaganda o simplemente, dejar constancia de algo.

Por lo tanto, la epigrafía va a tratar de estudiar las inscripciones con el fin de conocer y explicar el contexto en el que se elaboraron. A través de esas manifestaciones, se puede llegar a conclusiones sobre un pasado concreto y se puede entender mejor a una sociedad o un pueblo determinado. Sobre todo, serán esenciales en el estudio del mundo clásico, aunque también tenemos inscripciones de épocas posteriores.

Tabla de Lineal B

Tabla de Lineal B

En cualquier caso, para el estudio de la Historia de Grecia, tenemos ya desde épocas muy tempranas algunos restos como las tablillas del protoalfabeto conocido como Lineal A y Lineal B, que nos da cuenta de unas primeras formas de escritura hacia el segundo milenio a.C. De manera posterior, con la aparición y consolidación de la escritura griega, ésta empezaría a plasmarse tanto en monedas como en vasijas y otros objetos de uso cotidiano, y daría lugar a la aparición de formas bastante curiosas, como la escritura en stoichedon, también llamada “en formación” por la distribución de sus caracteres, y que se utilizaría principalmente en el ámbito militar. Pero sobre todo, la epigrafía griega nos permite estudiar importantes acontecimientos de su historia, como la construcción del templo de Atenea Niké, en el siglo V a.C., que conocemos por la inscripción que hace referencia a un decreto que la autoriza. Y como resto curioso, podemos citar por último las Leyes de Gortina, que destacan por su escritura “bustrofédica”, o lo que es lo mismo, por un orden invertido de sus letras.

Pasando al mundo romano, tenemos como primeros restos el Vaso de Duenos, de carácter votivo, y una obra de carácter monumental, el Lapis Niger. Esta última, encontrada en el foro romano, fue interpretada en un primer momento como la tumba de Rómulo, fundador de la ciudad según la leyenda, aunque hubo muchas otras interpretaciones, la mayoría de ellas relacionadas con la el mítico acto fundacional de Roma por parte de este personaje. En cualquier caso, resulta muy importante por abrir el camino hacia una nueva epigrafía que tiende hacia lo monumental, y que se irá desarrollando con el paso del tiempo, dando lugar a obras como el Sarcófago de los Escipiones o el monumento de Emilio Paulo. Pero esta evolución irá también por otro camino, de manera que se desarrollará la letra minúscula y la escritura cursiva.

Precisamente de Roma conocemos muy bien el proceso de elaboración de epígrafes por las fuentes que tenemos, y podemos conocer las distintas fases de éste. En primer lugar, tendríamos la ordinatio, una especie de borrador que el cliente entrega al taller para aclarar lo que quiere. A ésta sigue una fase de preparación u ordinatio, en la que se dibuja el contorno de las letras; y por último, se procede a esculpir.

T. Mommsen, principal artífice del CIL.

T. Mommsen, principal artífice del CIL.

Y en cuanto a la investigación de todo este complejo mundo, no puede quedar sin mencionar el nombre de Theodor Mommsen, autor de una monumental obra de la Historia de Roma y considerado el “padre de la epigrafía clásica” por la elaboración del CIL (Corpus Inscriptionum Latinarum), en colaboración con otros autores y donde recopila todas las inscripciones que se han encontrado de época romana.

Como podemos comprobar, los restos epigráficos del mundo clásico son muy numerosos y constituyen un importante documento de investigación. Pero, ¿cuál es exactamente la utilidad de la epigrafía como ciencia? ¿Qué podemos conocer a través de ella?

Para ello, podemos mencionar, por ejemplo, el descubrimiento de la piedra de Rosetta en Egipto durante las Guerras Napoleónicas. Hasta ese momento, el mundo de los jeroglíficos se hallaba inmerso en un halo de misterio, por lo que el hallazgo de la piedra supuso un antes y un después, abriendo la puerta al conocimiento de los más importantes testimonios de un mundo tan complejo como es el de la Historia de Egipto. Pero más allá de eso, la epigrafía nos permite ver además la importancia de la propaganda en el mundo romano, con las Res Gestae Divi Augusti, una especie de testamento del emperador que no sólo se colocó en su tumba, sino que apareció en muchos otros contextos en forma de copias, lo que pone de manifiesto la política de propaganda imperial que éste desarrollaría y legaría a sus sucesores. Por otra parte, tenemos también inscripciones que nos hablan de precios de productos, juicios y disputas personales e incluso procesos de sincretismo religioso. Al respecto de esto último, por ejemplo, podemos hablar del santuario de Torreparedones, en la provincia de Córdoba, donde una inscripción en una de sus esculturas nos muestra una divinidad púnica que los romanos han asimilado. Y tampoco podemos olvidarnos del proceso de monumentalización de las ciudades a través de los evergetas, aquellos ciudadanos más acaudalados que costeaban las grandes obras urbanas a cambio de hacerse con un hueco en la posteridad, para lo que colocaban inscripciones que dieran cuenta de la labor social que llevaban a cabo.

Napoleón en Egipto, un hito por el descubrimiento de la piedra de Rosetta

Napoleón en Egipto, un hito por el descubrimiento de la piedra de Rosetta

En resumen, todas estas utilidades y muchas más que no podría mencionar en un artículo por el carácter desorbitado de la cantidad, nos permiten ver cómo la epigrafía se constituye como una ciencia prácticamente indispensable para el estudio del mundo antiguo, sobre todo el grecorromano, ya que supone una herramienta de reconstrucción de prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana del ciudadano romano, además de los grandes acontecimientos de la época.

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