La falsificación en el mundo del arte

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Las falsificaciones son tan antiguas como el arte. En la antigua Roma circulaban cuencos de plata «egipcios» fabricados por fenicios dispuestos a explotar una moda. Se hicieron falsificaciones de obras de algunos maestros italianos del Renacimiento cuando todavía vivían sus autores. La fruición con que narran los periódicos el descubrimiento de falsificaciones y falsificadores rodea a la cuestión de un atractivo irresistible. Se presenta a falsificadores como Hans van Meegeren, Elmyr de Hory y Tom Keating como héroes románticos, capaces no sólo de engañar a los acaudalados y presuntuosos, sino también a sedicentes expertos en arte, cuya destreza se revela bien falible. Pero los informes sobre los maestros de la falsificación que da la prensa son casi siempre exageraciones sensacionalistas. Las falsificaciones convincentes son extraordinariamente raras. La mayoría de los expertos son tan buenos como pretenden.

A la manera de Derain. Colección Serra

Hubo quienes se dejaron engañar por los «Vermeer» de van Meegeren, pero no fueron todos, ni mucho menos, y la mayoría de los expertos pusieron en duda la autenticidad de los «Samuel Palmer» de Keating mucho antes de que su fraude se pusiera al descubierto. Las víctimas de los falsificadores son la mayoría de las veces personas demasiado orgullosas para consultar a un experto o demasiado tontos para comprar un cuadro a un marchante de reputación. Resulta sumamente difícil hacer una falsificación sólo convincente a medias. No pocas dificultades presenta ya el hecho de imitar el estilo de otra persona. Y todavía más difícil es hacerlo utilizando el mismo tipo de materiales para que resista un examen científico. La mayoría de las falsificaciones no lograrían engañar siquiera a un aficionado dotado de un conocimiento imperfecto de la obra del artista en cuestión.

Keating es el falsificador inglés más famoso después de la guerra, siempre negó que haya tratado de hacer pasar sus pastiches por obras de otros artistas. Sin embargo, en 1976 se celebró en una galería privada de Londres una exposición “de obras recientemente descubiertas por Samuel Palmer”, todas las obras expuestas eran de Keating.  La Cena de Emaús, de Han van Meegeren, en el estilo de Vermeer (1632-75) en óleo sobre tela se trata de la falsificación más conseguida del más grande falsificador de nuestro tiempo, que tan bien hizo tragar el anzuelo a los expertos. Pero no consiguió engañar a todos. Su éxito temporal se debió en parte al hecho de que pintó sus cuadros inmediatamente antes y durante laSegunda Guerra Mundial. Las insólitas circunstancias impidieron un examen adecuado. 
Algunos expertos se dejaron engañar hasta tal punto por las falsificaciones de van Meegeren que se resistían a creer su afirmación de que él mismo las había pintado (muchos falsificadores sienten una necesidad patológica de dar a publicidad su fraude). En 1945 pintó un «Vermeer» bajo la supervisión de la policía. En 1947, poco antes de su muerte, fue llevado a juicio. Una comparación de un paisaje de John Constable (“Árboles de Hampstead: el sendero de la iglesia”, de John Constable; óleo sobre tela; 91 x 72 cm.; 1821?, Victoria and Albert Museum, Londres), con otro de su hijo Lionel (“En las inmediaciones de Stokc-by-Nayland, óleo sobre tela; 36 x 44 cm.; c 1820; Tate Gallery, Londres) demuestra lo fácil que resulta atribuir erróneamente un cuadro. La gama de colores, el tratamiento del cielo y del follaje así como el enfoque del tema resultan sorprendentemente similares en ambos. Sólo un cuadro inspirado y una paciente investigación pueden desembocar en una atribución acertada.

Por último, encontramos la figura de Elmyr de Hory, uno de los más famosos falsificadores de la historia del arte, son casi una treintena de obras que el famoso falsificador hizo “a la manera de…” y que siguen repartidas por las principales colecciones y museos del mundo, suplantando obras de Picasso, Matisse, Monet, Degas, Van Dongen o Modigliani. En la “Mujer con sombrero”, de Elmyr de Hory no podemos decir que nos encontremos ante una falsificación, sino más bien ante una mala copia del celebrado retrato fauve que hizo Matisse de su mujer (Mujer con sombrero, 1905, colección privada). El extravagante De Hory pretendía haber vendido muchas falsificaciones de pinturas modernas a coleccionistas privados, no tanto para su ganancia personal como para poner de manifiesto la corrupción y avaricia imperantes en el mundo del arte. Sin embargo fueron muy pocos los expertos que se dejaron engañar por los pastiches de De Hory. Cuando se hizo famoso, De Hory se ganó la vida haciendo pastiches y copias que firmaba con su propio nombre de pila.

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