La restauración científica de Torres Balbás en la Alhambra

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Imagen general de la Alhambra desde el Albayzín
Imagen general de la Alhambra desde el Albayzín

Hace unos días, una fría y lluviosa mañana, tuve el placer de descubrir la figura de un hombre que representa uno de los más firmes pilares en el campo de la restauración de edificios de la España de la primera mitad del siglo XX. A él le debemos, entre otros muchos trabajos insignes, una parte importante de la imagen de la que hoy podemos disfrutar del conjunto monumental de la Alhambra de Granada. La capilla y cripta del Palacio de Carlos V aporta a los visitantes, estos días, una extraordinaria muestra, integrada por más de 250 piezas, a través de la cual se rinde un homenaje merecido, aunque tardío, a quien fuera arquitecto conservador de la Alhambra entre los años 1923 y 1936, Leopoldo Torres Balbás.

Planos originales de sus obras más importantes, fotografías inéditas, piezas arqueológicas procedentes de compras y excavaciones realizadas durante su gestión, cuadros, fotografías, dibujos, diarios personales, varios documentales etc… todo ello nos introduce en la vida de este ilustre arquitecto, natural de Madrid, educado en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Un hombre que con un profundo interés por el estudio y la investigación abre la puerta en España, con su trabajo en el monumento nazarí, a un nuevo modo de trabajo basado en el método científico.

Torres Balbás y la restauración científica, así se llama la exposición que permanecerá abierta en Granada hasta el 9 de junio y que nos acerca de forma agradable y amena a un hombre que desde muy joven sintió una gran atracción por el patrimonio histórico de España y que rechazó la tradición que imperaba hasta entonces de restauraciones fantasiosas y destructivas, de trabajos indiscriminados y sin criterios rigurosos, según destacan sus estudiosos. Su labor choca con quienes, siguiendo la tendencia imperante, preferían renovar o modernizar lo que ya existía, inventándose lo que se había perdido.

Este gran erudito de la Historia, del Arte, hace suyo el planteamiento del historiador y arqueólogo francés,  Adolphe Napoleon Didron, citado por Anatole France: “En los monumentos antiguos es mejor consolidar que reparar, mejor reparar que restaurar, mejor restaurar que embellecer, en caso alguno se debe añadir o quitar”.

Torres Balbás se encontró una Alhambra prácticamente destruida y abandonada y es gracias, en gran medida, a su labor rigurosa que este monumento es mundialmente conocido. Su trabajo representa la puesta en práctica de su moderno pensamiento teórico, recogido en numerosos escritos. Cuando asume la conservación de la Alhambra era una época en la que los monumentos se reparaban para que pudieran subsistir.

Él se documenta, investiga, analiza los datos históricos y arqueológicos para establecer una solución de intervención basada en los principios modernos de autenticidad. Su labor es totalmente opuesta a la de su antecesor, el arquitecto Cendoya, cuya intervención, según relata Alfonso Muñoz Conde en su obra La vida y la obra de Leopoldo Torres Balbás,  “había puesto en una alarmante situación de peligro” al monumento.

Una visión desde la sensibilidad

Llega a Granada, casi por casualidad, como consecuencia del fallecimiento de quien iba a hacerse cargo de la dirección y conservación del monumento, Ricardo Velázquez Bosco, en cuyo proyecto se basa Torres Balbás para su trabajo.  Hoy, esa labor nos brinda, según incide Muñoz Conde, “una visión de la Alhambra antigua, inalterada y conservada”.

Nave de saliente del Patio de Machuca
Nave de saliente del Patio de Machuca

Este autor, que presentó su libro sobre el arquitecto madrileño en 2005, en una edición de la Junta de Andalucía, hace referencia también a las palabras del académico, historiador y erudito, Fernando Chueca Goitia, en las que califica el trabajo de Torres Balbás como “algo tan fundamental, que gran parte de la Alhambra que hoy vemos se debe a sus desvelos, a sus sabias restauraciones y a su sensibilidad para comprender la obra de aquellos artífices granadinos de la Edad Media”.

Entre el material expuesto, vemos imágenes que nos hacer retrotraernos a esa España de los años veinte en los que muchos edificios del monumento nazarí están prácticamente derruidos.  El arquitecto, amante de los viajes y la literatura y amigo de Fernando Giner de los Ríos o Manuel Bartolomé de Cossío, entra en contacto con esa parte de la historia, “maltratada y manipulada durante siglos”, con la arquitectura hispano-árabe.

La Galería Machuca, el Mexuar, el Patio de los Arrayanes, la Sala de la Barca, la Torre Comares, las estancias conocidas como de Washington Irving, o la zona de el Partal, por citar sólo algunos ejemplos, son rincones del conjunto monumental sobre los que Torras Balbás intervino. Pero no todo fueron glorias. Objeto de críticas y polémica fue su trabajo en el Patio de Los Leones. En 1935 hubo gran oposición por parte de quienes se mostraron contrarios a su “osadía” por desmontar la cúpula del templete oriental, que había sido añadida en una restauración anterior sin ningún rigor y que estaba cubierta de escamas de colores, y sustituirla por una cubierta a cuatro aguas, recuerda Muñoz Conde. Entre quienes defendieron la labor de Torres Balbás estaba Manuel de Falla.

La magnífica aportación del madrileño, que queda reflejada también en trabajos realizados en el Corral del Carbón o la Casa del Chapiz, en Granada, fue interrumpida como arquitecto conservador de La Alhambra mediante una carta de destitución que le llegó el 25 de agosto de 1936. En ella, según Alfonso Muñoz Cosme, se citaban como alguna de las razones el “ser persona afecta al régimen de izquierdas, simpatizante con los militantes del Frente Popular”.

Hombre de ciencia y amante de la historia

Portada del catálogo de la exposición  en el Palacio de Carlos V
Portada del catálogo de la exposición en el Palacio de Carlos V

Fuera de Granada, sus criterios de restaurador moderno quedaron también reflejados en la Alcazaba de Málaga o en la torre de la catedral de Sigüenza. Ahora cuando se acaban de cumplir noventa años (marzo) de la llegada de Torres Balbás a Granada, podemos recuperar la imagen de este hombre a través de la documentación perteneciente al archivo personal y profesional de este arquitecto, así como a su propia biblioteca, que adquirió recientemente el Patronato de la Alhambra y Generalife.

Allí podemos conocer los planos del templete del Patio de los Leones, los libros de croquis y cuadernos diarios de obras de la Alhambra y Generalife o el diario que escribió durante la Guerra Civil. Un trabajo que abarca desde sus actuaciones en el conjunto monumental pasando por su obra en otros puntos de España y su aislamiento del mundo de la restauración tras la Guerra Civil, momento en el que dedicó  su esfuerzo a la investigación y la docencia. De hecho, el silencio, mezclado con el olvido marcó los últimos años de su vida. Falleció a los pocos meses de ser atropellado por una moto en Madrid, a los 72 años.

Una muestra recomendable que nos aporta una visión diferente de lo que representó y ahora representa esta maravilla de la arquitectura mundial, visitadas por más de dos millones de personas cada año. Un conjunto que ha vuelto a salir a la palestra recientemente al haber sido distinguido el último trabajo de restauración del Patio de los Leones con el Premio Europa Nostra, en su categoría de Conservación del Patrimonio, de la Unión Europea. Tras Granada, la muestra visitará le Residencia de Estudiantes, en Madrid.

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