El patrimonio pesquero y marítimo, fuente inagotable de recursos culturales

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Restos romanos de Baelo Claudia, en pleno Estrecho de Gibraltar
Restos romanos de Baelo Claudia, en pleno estrecho de Gibraltar

En los últimos años, Andalucía ha visto decrecer de manera muy importante su actividad pesquera. Año tras año, las estadísticas nos han mostrado cómo sus barcos han ido reduciéndose en número en respuesta a las pautas marcadas por la Unión Europea, las administraciones estatal y autonómica y a las necesidades medioambientales determinadas por la  fuerte explotación de los recursos en sus caladeros tradicionales.  La actividad pesquera artesanal, de incierto futuro,  sobre todo porque ya no interesa a los más jóvenes, ha dejado sin embargo su huella a lo largo de toda la costa andaluza, forjando un gran patrimonio cultural que puede servir para impulsar la diversificación social y económica de los pueblos que se asientan en el extenso litoral que une Huelva con Almería

La unión de ese patrimonio marinero con el turismo, que incluye la cultura tradicional con él relacionada y las formas de vida que han mantenido los habitantes del litoral, puede ayudar a redescubrir un legado que engloba a puertos,  lonjas, almadrabas, mercados, conserveras, astilleros, pero también a enclaves arquitectónicos o espacios naturales. Ahora podemos asomarnos a esos territorios con una nueva perspectiva de la mano de la Guía del Patrimonio Cultural de la Pesca en Andalucía, que acaba de editar la Consejería de Agricultura Pesca y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, con el objetivo de intentar poner en valor y diversificar el sector pesquero y sus territorios

Torres vigía

Si recorremos el litoral andaluz vemos que éste, desde Huelva hasta Almería, está salpicado de viejas torres almenaras, alguna de ellas en perfecto estado, otras no tanto, que fueron construidas durante la Edad Media como complemento al sistema defensivo formado por castillos y fortalezas. Construcciones, testigos de la historia, que ya forman parte del patrimonio cultural de esta tierra.

Faro del puerto de Málaga, conocido tradicionalmente como "La Farola"
Faro del puerto de Málaga, conocido tradicionalmente como “La Farola”

Otro de los elementos que conforman el patrimonio arquitectónico ca-racterístico de los municipios costeros son los faros que, al igual que las viejas torres vigía, alguno incluso ubicado sobre éstas, han sido y algunos siguen siendo espectadores del ir y venir de barcos y marineros. Hoy, totalmente automatizados y digitalizados, los faros ya carecen del papel de salvaguarda con el que fueron erigidos, pero forman parte del paisaje bañado por el Atlántico y el Mediterráneo.

Son muchos los que se levantan majestuosos, abrazados por la brisa marina  y alumbrando las noches. Como ejemplo baste nombrar el de Chipiona, por ser el más alto de España o el de Punta de Tarifa, construido sobre una torre vigía, que es el más meridional de la Europa continental.

Este patrimonio arquitectónico se completa con los puertos pesqueros de cada uno de los municipios, con sus flotas, más o menos reducidas; con sus lonjas, donde diariamente se procede a la venta en subasta del pescado capturado y los mercados de abastos, reflejo de la idiosincrasia de los vecinos.

La tradición pesquera, un atractivo

Importantes son las actividades tradicionales derivadas de la pesca, como la de los rederos, con sus manos sabias y arrugadas, o la industria conservera que se desarrolla desde Ayamonte e Isla Cristina, en Huelva, hasta Tarifa, en Cádiz, heredera de los romanos, quienes fueron pioneros en la industria del salazón en España. Y junto al mar, las salinas de las Marismas del Odiel, en Huelva o las de Cabo de Gata, en Almería.

Contemplamos esa costa atlántica, donde desde hace cientos de años se captura el atún entre esos laberintos de redes que conforman las almadrabas. Es un sistema de pesca ancestral y artesanal que todos los años se instala a la espera del paso de los grandes atunes que desde las frías aguas del norte de Europa intentan cumplir su ciclo biológico, el desove, en el cálido Mediterráneo.

El patrimonio etnológico en Andalucía es muy amplio gracias también a los trabajos artesanos de los toneleros o productores de envases de madera para el transporte de los productos procedentes de la pesca. Tampoco hay que olvidar a los carpinteros de rivera ni a las “canoas”, típicas de Punta Umbría, la pesca del boliche, de Estepona, las jábegas malagueñas y onubenses o los voraceros de Tarifa.

Preparándose para "levantar" atunes en la almadraba de Tarifa
Preparándose para “levantar” atunes en la almadraba de Tarifa

Es interesante el centro de visitantes “Fábrica de Hielo” de Sanlúcar de Barrameda, que en la actualidad difunde información de la flora, la fauna y la riqueza del ecosistema del Guadalquivir y Doñana; o el Centro de Interpretación del Litoral y Los Corrales, en Rota, con contenidos, proyecciones audiovisuales y maquetas sobre las distintas unidades ambientales que forman parte del litoral. En Garrucha, Almería, podemos aprender mucho de la pesca si visitamos el Castillo de Jesús Nazareno, recientemente habilitado y utilizado como Centro de Interpretación de esta actividad.

El patrimonio ambiental y arqueológico es otro de los factores que conforman la riqueza cultural de la pesca. A lo largo de la costa, la naturaleza sigue luchando contra la mano del hombre, aunque durante siglos ambos intereses han podido convivir en más o menos armonía. Hablamos del Parque Nacional de Doñana, pero también de los parques naturales del Estrecho o de Cabo de Gata, además de numerosos  parajes, reservas y otros enclaves naturales.

De gran atractivo para el potencial visitante son los monumentos arqueológicos, como por ejemplo el de la Torre de Doña Blanca, en el Puerto de Santa María, un importante yacimiento de la ciudad fenicia más antigua que se ha encontrado hasta ahora en la península, o ver en Barbate la factoría romana de salazones de Trafalgar, actividad que también fue desarrollada en la romana Baelo Claudia, en Tarifa.

Todos estos enclaves y estas actividades, a las que se unen sus fiestas o su gastronomía peculiar, son sólo una parte mínima del amplio legado que la actividad pesquera y marina ha dejado a lo largo de los mil kilómetros de costa que comparten las cinco provincias andaluzas que se codean con el mar. Unas asomadas al Atlántico y otras al Mediterráneo, enlazadas por el estrecho de Gibraltar, la puerta de entrada y salida de Europa.

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