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Maltrato, abandono e indiferencia hacia los animales

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Perro vagando por una carretera.

Perro vagando por una carretera.

Hoy escribo indignada. Y lo hago no solo porque veo a mis dueños indignados, sino porque yo también lo estoy. En España los animales estamos en un plano ya no secundario, sino terciario o mucho menor. Los motivos no los sé, pero sí quiero analizar en qué se percibe y cómo creo que podría cambiar.

La idea de escribir este artículo me vino el domingo escuchando el programa de radio de Onda Cero llamado Como el perro y el gato, dirigido por Carlos Rodríguez. Lo escucho cada vez que puedo, ya que es los fines de semana, y paso más tiempo sola. Por eso lo pongo y me entero de lo que los humanos hablan sobre nosotros.

Yo soy una afortunada, porque unos buenos dueños me acogieron siendo solo un bebé, pero yo también sé lo que es pasar frío sumando las bajas temperaturas al pipí que has tenido que hacerte encima porque estaba metida en una caja, tener hambre y sentirme desvalida. Por eso puedo hablar sabiendo lo que es la calle.

En España existen muchos problemas, pero en lo que se refiere a los animales hay, básicamente, dos, y uno es consecuencia del otro. El primero es que existe indiferencia y poco respeto hacia los animales, que son vistos como objetos. Y el segundo es la falta de mecanismos públicos eficaces que puedan solventar los problemas de abandono y maltrato animal.

Voy a contar dos historias aparecidas en el programa del domingo pasado en el programa Como el perro y el gato, y que demuestran que estos dos problemas son ciertos. Carlos Rodríguez contaba una historia real que le sucedió a él mismo. Se paró en la carretera para intentar coger a un galgo que cojeaba que estaba abandonado y desconcertado en el arcén. Por supuesto, él era el único que se paró para intentar salvarlo. Se bajó del coche con su chaleco y cuando intentaba convencer al galgo asustado de que fuera con él llamó al 112, y le dijeron que habían dado aviso a la Guardia Civil. Cuando intentó coger al galgo el perro cruzó la carretera y un coche lo atropelló, muriendo en el acto.

Según cuenta Carlos Rodríguez el del coche ni se paró. He aquí el argumento que avala que existe indiferencia y falta de respeto: primero por el que abandonó a ese perro y segundo por el del coche que no se paró a ver qué había pasado (quizá el atropello fue inevitable).

La segunda historia la contó un oyente, que decía que paró yendo en coche para salvar a un galgo que estaba en la mitad de la carretera. Ningún coche paraba, y él se jugó la vida para salvarlo, parando a los coches, y llegando hasta él. Lo consiguió rescatar. ¿Qué hacer en estas situaciones? ¿Existe alguna solución eficaz para este perro? La respuesta es un rotundo no.

No hay mecanismos públicos que permitan que esa persona deje al perro como responsabilidad del Estado con la certeza de que no será sacrificado si nadie lo reclama o quiere adoptarlo. ¿Y la solución ‘privada’? Las protectoras de animales, que están saturadas y que no pueden acoger más animales. Este hombre tuvo una relativa suerte, ya que le permitieron dejarlo en la protectora bajo pago de 20 euros, que para un parado como él puede suponer comer durante una semana o dos.

Un perro en un refugio estadounidense.

Un perro en un refugio estadounidense.

De modo que queda también avalado mi argumento sobre la falta de instrumentos públicos de protección animal eficientes, porque las perreras, en mi humilde opinión felina, no lo son.

Algunas soluciones podrían ser crear campañas de concienciación pública como aquellas de “Él nunca lo haría” (yo no existía cuando se emitían, las he visto en Youtube), que ya no se ven en los canales de televisión. Esa frase todos la recuerdan, y quizá sirvieron para algo. Pero ya no las hay. También podría ser incrementar las penas y multas a las personas (¿personas?) que abandonan o maltratan animales.

No puedo contar más ejemplos porque, aunque los gatos tengamos una apariencia altiva y despreocupada sufrimos por estas cosas. No son justas ni naturales.

Por eso desde esta pequeña tribuna me permito hablar con indignación sobre la situación de los animales en este país, donde estamos desprotegidos y dejados al antojo de lo que quieran hacer los humanos con nosotros. Como dijo Carlos Rodríguez “quien quiera ayudar que ayude, y quien quiera molestar que se aparte, porque vamos con prisa”. Y, en mi caso, tengo las uñas y los dientes muy afilados.

Nina

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