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La ciudad romana

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Hoy voy a dar de nuevo un gran salto atrás en el tiempo para hablar del mundo romano, y de un aspecto interesante de éste, como es la clasificación de las ciudades que componían su vasto imperio. Para su organización, y en función de diferentes circunstancias, todas aquellas ciudades y territorios bajo dominio romano van a diferenciarse por una denominación y un estatus diferentes, y con ellas, todos sus habitantes.

En primer lugar dentro de esta clasificación tenemos a la propia ciudad de Roma, cuyos habitantes son considerados ciudadanos romanos de pleno derecho. Éstos van a contar con el ius commercii, que les garantizaba la legalidad de todos los acuerdos económicos que llevasen a cabo. Pero además, el ciudadano romano cuenta con otros derechos como el ius connubii, que reconoce la legalidad de su matrimonio y de los hijos que tenga; y el ius sufragii, que le permite votar. A todo esto hay que sumar el ius honorum, que establece la capacidad de los ciudadanos para ser elegidos y desarrollar una carrera política, avanzando así en el cursus honorum.

Baelo Claudia adquirió la categoría de municipio romano.

Baelo Claudia adquirió la categoría de municipio romano.

Sin embargo, la ciudadanía romana no se verá restringida al ámbito de la metrópolis, sino que habría otras ciudades que contaban con este rango y con algunos de los derechos citados, como es el caso de las colonias y los municipios de derecho romano. En el primer caso, se trataba de asentamientos fundados por ciudadanos romanos o cuyas tierras se otorgan a los militares como pago por su servicio. En el caso de que fueran territorios ocupados por otras poblaciones, los colonos se impondrían sobre éstas, o se harían con los principales cargos y puestos administrativos. Con respecto al municipio romano,  este término responde a aquellas ciudades que fueron en su momento “peregrinas” (que contaban con una menor cantidad de derechos y poseían una categoría jurídica inferior) y a las que Roma concede la plenitud de derechos. Para ello, esta ciudad debía, a cambio, implantar las formas de gobierno e instituciones propiamente romanas, en detrimento de las suyas propias. Este era un privilegio que sólo se otorgaba a aquellas ciudades que hubieran sufrido un mayor proceso de romanización, y en las que la sociedad estuviera más preparada y predispuesta a integrarse en el sistema político y administrativo romano.

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Tarraco, la actual Tarragona, fue nombrada colonia romana en el 45 a.C.

Por debajo de las ciudades romanas, vamos a tener también una serie de colonias y municipios de diferente categoría, que serán los latinos. Éstas van a tener cantidad más limitada de derechos, de manera que si bien van a gozar del ius connubii y el ius commercii, no podrán participar en el cursus honorum romano. Sin embargo, el desempeño de una magistratura (o lo que es lo mismo, un cargo político) dentro del marco de su municipio o colonia, permitía a algunos individuos y familias acceder a la ciudadanía romana, de manera que se abría la posibilidad de un ascenso para algunos de estos ciudadanos de las comunidades de derecho latino.

Por último, y en el escalón inferior de esta organización jurídica de los territorios romanos, tenemos las llamadas ciudades “peregrinas”, aquellas que no contaban con los derechos propios de las latinas y romanas, y que representaban la gran mayoría del Imperio. Sus ciudadanos eran considerados peregrini, es decir, no eran ciudadanos romanos, y estaban sujetos, por lo tanto, al pago de un impuesto a Roma en calidad de súbditos. Esta era la tónica general, aunque lo cierto es que sus derechos y el pago de stipendium dependerían de la consideración que Roma tuviera de ellas, que permite una división en tres tipos:

Por una parte, hay una serie de ciudades llamadas foederatae, o federadas, que basaban su relación con Roma en un tratado o foedus. En éste se plasmaba, por un lado, la prohibición de que estas ciudades llevaran a cabo acuerdos o decisiones políticas ajenas o sin el consentimiento de Roma. Como compensación, estarían exentas del pago de tributo y tendrían una mayor facilidad para ascender en el escalafón jurídico, llegando a convertirse, en muchas ocasiones, en municipios de derecho latino, e incluso romano.

En cuanto a las ciudades conocidas como liberae et inmunes, no regían su relación con Roma mediante un tratado, pero ésta les concedía una serie de privilegios, entre los que destaca la capacidad de mantener su sistema legislativo. Puesto que su posición se la otorgaba la propia Roma, también podía arrebatársela cuando considerase oportuno, aunque lo cierto es que la tendencia fue más bien contraria; estas ciudades, al igual que las anteriores, en algunos casos, acababan configurándose como romanas o latinas.

Por último, vamos a encontrarnos con aquellas ciudades peregrinas cuyo total sometimiento a Roma conllevaba la ausencia de privilegios y derechos jurídicos y la obligación del pago de impuestos. Eran las ciudades estipendiarias  (stipendiariae) que durante el proceso de conquista romana habían llevado a cabo una gran oposición y que se habían mostrado muy reticentes a integrarse en el sistema político romano, pero que no tienen más remedio que firmar la deditio, la rendición total, de manera que es Roma la que impone todas las condiciones. Entre estas condiciones, se encuentra la del pago de tributo, que será muy importante, dada la gran cantidad de ciudades que se encontraban en este estatus.

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