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El inútil de Mendel

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Saludos, terrícolas. Muchas veces, cuando me siento delante del ordenador, pienso en que soy reiterativo en criticar a vuestro entramado político. Lo siento, pero me ponéis la miel en los labios y no puedo negarme. En esta ocasión, me dirigiré al ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, que criticó el matrimonio entre personas homosexuales por no servir para perpetuar la especie.

Después de tal becerrada de proporciones cósmicas, vuelvo a mencionar a Darwin y la evolución del más fuerte. Si personas como Fernández son las más evolucionadas y llegan a ser líderes, los humanos tienen un problema muy gordo. Si nos aferramos a este principio biológico, también se podrían señalar a las miles de parejas en edad de procrear que la idea de tener un retoño roza la utopía. De ilusiones no se mantiene a un hijo por mucho que se quiera. Evidentemente, no mencionaremos a aquellas personas que por azar, oficio, religión o salud, no pueden tener un niño. Tampoco pueden ofrecer sus genes a la evolución de la especie humana.

Si toda vuestra sociedad se basa en principios tangibles de un laboratorio, huid. Queda hueco en mi satélite. El legado es algo más allá de un color de ojos o una melena rubia, es una forma de pensar, son gestos que se heredan y modifican como en una red de Mendel. En este aspecto, no todos los guisantes son amarillos; por suerte, siempre hay un verde que deja la vía libre a innovar. Por cierto, el monje austriaco nunca tuvo hijos, no aportó nada a la especie humana, sólo asentó las bases de la biología moderna.

Siguiendo la tendencia, el Partido Popular ha hecho un Bárcenas al respecto y se ha desligado de estas declaraciones. A partir de ahora, Fernández Díaz no aparecerá en la plantilla del Gobierno como no sea en la sección de becario del mes, cobrando en diferido y holográficamente, claro. Todo lo contrario a lo que sufren miles de jóvenes españoles que trabajan gratuitamente, de buena fe y con la única intención de hacer currículum. Adolescentes que se resisten dar por perdido un país que no da un duro por ellos, literalmente en la mayoría de los casos.

Observando estos dilemas morales y políticos que se extienden a lo largo de toda Europa, no es de extrañar que en Portugal la gente vuelva a salir a las calles o que en Italia aparezcan soluciones como el Movimiento 5 Estrellas. En cuanto a éste último acontecimiento, los críticos de la democracia se echan las manos a la cabeza. Después de observar lo que ocurre cada día, sólo se me viene a la cabeza la idea de afrontar una situación desesperada con medidas desesperadas. Si hay unos pocos que siempre ganan en el juego, habrá que cambiar el tablero. Lo dejo caer desde mi situación ingrávida. Un abrazo marciano y hasta la semana próxima.

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