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Sobres

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En estos tiempos que nos ha tocado vivir es fácil que nos olvidemos de que los sobres pueden tener muchas funciones, además de hacernos llegar facturas al común de los mortales o, en algunos casos particulares, algún que otro sobresueldo.

Por ejemplo, allá por los años 40 del pasado siglo el físico Enrico Fermi empezó a popularizar el uso científico de los sobres. O, más concretamente, de su parte trasera, que él empleaba para hacer unos rápidos cálculos aproximados que le permitían resolver, aunque fuera de forma preliminar y aproximada, diversos problemas científicos. Según decía, sus back of the envelope calculations le permitían obtener resultados con una precisión de alrededor de un orden de magnitud, suficiente para hacerse una idea de lo que andaba buscando o incluso para comprobar si merecía la pena o no seguir determinada línea de razonamiento.

Pongamos un ejemplo: el otro día mi hija nos pidió como regalo de cumpleaños… bueno, un gatito, un pony, unas gallinas… Pero también nos pidió algo más realista: unos muñequitos de animales que le encantan, y que se pueden conseguir a buen precio comprándolos por internet en varias páginas web de China. Así que hicimos el encargo, pero advirtiéndole que el paquete podría tardar bastante en llegar.

“¿Cuánto?”, me preguntó. Y yo, pensando que tampoco era cosa de explicarle los por otro lado inescrutables misterios del correo internacional y los no menos extraños criterios de las inspecciones aduaneras, le contesté: “no te preocupes; menos que si vinieran andando”.

“¿Y cuánto tardarían en venir andando?”

Vale, reconozco que no es un problema de importancia vital. Pero, ¡caramba!, tiene su gracia, y me gusta hablar de estas cosas con mi hija, así que me puse a hacer cálculos. Teniendo en cuenta la longitud de las patitas de los animales podrían recorrer, digamos, alrededor de un metro por minuto, lo que nos da sesenta metros por hora y 1.440 metros al día si caminan sin parar para dormir (bueno, son muñecos, ¿no?). Y como China está, a ojo de buen cubero, a 10.000 Km de aquí, vendrían a tardar… redondeando… algo más de 6.666,66 días.

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Como cálculo no es gran cosa. Las patitas de los bichos sugieren una velocidad de un metro por minuto, pero podría ser menos o podría ser más. Los 10.000 Km de distancia los calculé a ojo, aunque pueden comprobar que no me había ido muy lejos. Y redondeé vilmente los 1,440 Km diarios hasta 1,5 para hacer más sencilla la división. De modo que el resultado real podría ser de, no sé, 8.000 días, o quizá solo 5.000. Pero lo importante, lo que buscaba Fermi y lo que buscaba yo, es lograr una aproximación no demasiado desencaminada.

Que es donde está la gracia del asunto. Muchas veces nos enfrentamos a decisiones que requieren ciertos cálculos, desde luego más trascendentes que el tiempo que tardan los muñequitos de Alicia en llegar desde China (aunque el buen rato que hemos pasado la niña y yo hablando de esto no tiene precio). Y muchas veces, también, nos desanimamos pensando que esos cálculos son demasiado complicados, o que no tenemos los conocimientos suficientes como para llegar a un resultado exacto. Pero es que no siempre hace falta un resultado exacto. Para hacernos una idea de qué medio de transporte nos va a resultar más barato para llegar hasta otra ciudad, o cuánto nos va a costar la lista de la compra, o si nos conviene tener la cuenta en este o en aquel otro banco… O incluso para estimar si las propuestas económicas, energéticas, industriales, o las promesas de inversión de los partidos políticos, son verdaderamente realizables, si nos merece la pena alquilar o comprar, si nos conviene aceptar un puesto de trabajo mejor remunerado pero más lejano… Para todo eso es posible que baste con un simple cálculo en el reverso de un sobre. Que no nos va a dar una solución exacta, pero a lo mejor nos permite ver que desplazarnos más lejos nos va a salir carísimo, que el valor que pueda tener el piso no compensa la diferencia de gasto entre una hipoteca y un arrendamiento, o que lo que dice ese tipo en el Congreso de los Diputados, por muy solemne que se ponga, no se tiene en pie.

Así que hagan la prueba: busquen un sobre y un lápiz y pónganse a hacer cálculos. No hace falta que sean exactos hasta el último decimal, ni siquiera importa mucho si redondean un poco aquí y allá. Y ni siquiera importa si hacen la prueba con la factura de la luz que venía dentro del sobre, con algún enigma astrofísico que les haya sugerido la lectura de una entrada de Luz Cero, o con cualquier chiste que compartan en privado con sus hijos. Lo importante es que vean que, en efecto, sirve para hacerse una idea.

Y eso, poder hacerse una idea, es muchas veces lo más importante.

 

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