Portada Ciencia y Tecnología Rectificar es de sabios

Rectificar es de sabios

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on TumblrShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someone

Expansión del Universo.
En esta imagen, 1 billón indica 1.000 millones -EEUU-

En el año 2011 la Real Academia sueca de Ciencias concedía el premio Nobel de Física a los representantes de dos equipos que, desde hacía años, competían en una carrera por demostrar que nuestro Universo va frenando su expansión. Pura lógica, pues todos sabemos que los objetos se atraen debido a la gravedad, tal como ocurre cuando saltamos hacia arriba y la Tierra nos devuelve al suelo por la gravedad.

Cabe pensar, pues, que después de la explosión del Big Bang, que lo creó todo y que lanzó en todas direcciones la materia, esta, con el tiempo, fuera frenándose debido a la atracción entre todas sus partes hasta parar, para luego empezar una lenta regresión que la llevara de nuevo  a concentrarse en un punto –de la misma forma en que después de saltar volvemos al punto de partida-.

En esta labor de demostrar lo evidente se empeñaron dos equipos, uno en Estados Unidos liderado por el científico Saul Perlmutter del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y Universidad de California y otro en Australia con el  científico Brian P. Schmidt, de la Universidad Nacional de Australia en Weston Creek, en conjunto con Adam G.Riess de la Universidad John Hopkins de Estados Unidos. Y aunque ambos equipos mostraron los mismos resultados en 1.998, el de Perlmutter comenzó en 1.988, mientras el de Schmidt y Riess comenzó su investigación en 1994.

Efecto Doppler en el sonido.

Efecto Doppler en el sonido.

Ambos buscaban medir el frenado de las galaxias lejanas, y para ello se basaron en dos cuestiones fundamentales: el brillo de las explosiones de supernova tipo IA y el efecto Doppler. En cuanto al primero, el brillo de las supernovas IA, se da la extraordinaria circunstancia que todas brillan con la misma intensidad, con lo que son un patrón de luminosidad. Esta luminosidad disminuye con la distancia, siendo la relación brillo-distancia conocida con toda precisión.

De esta manera, una vez localizada una supernova de este tipo y sabiendo que es lo suficientemente lejana, tendremos una candidata perfecta para ver si está en movimiento y si ese movimiento se está frenando para confirmar la teoría. Es en este momento donde aplicamos el efecto Doppler que todos conocemos, aún sin saberlo ya que es el que hace que oigamos la sirena de una ambulancia en un tono cuando se acerca y en otro, más grave, cuando se aleja. Si la ambulancia acelera hacia nosotros lo oiremos cada vez más agudo y si acelera al alejarse lo oiremos cada vez más grave ya que las ondas sonoras se comprimen en el primer caso y se expanden en el segundo, traduciéndose en nuestro oído como un aumento o una disminución de la frecuencia del sonido. Esto mismo le ocurre a la luz: cuando un objeto acelera hacia nosotros la frecuencia de la luz aumenta, se vuelve más azul, y al acelerar  alejándose se vuelve más roja, ya que baja la frecuencia.

Cuando empezaron a obtener los primeros resultados no daban crédito a lo que estos le decían y no fue hasta confirmarlos e intercambiar información entre ambos equipos cuando, de forma conjunta, en 1998, anunciaron al mundo científico sus conclusiones: la realidad les había demostrado que estaban equivocados. Buscaban la deceleración del Universo y comprobaron que estaba acelerando, tal como si en nuestro salto, en vez de bajar, subiéramos cada vez a mayor velocidad alejándonos del suelo.

Pero, como de sabios es rectificar, este error se convirtió en el punto de partida de una nueva teoría, tan extraña como alucinante y misteriosa. Alguna energía desconocida hasta el momento estaba empujando la materia y acelerando de nuevo su huida del punto inicial del Big Bang. Esa energía era tan desconocida y misteriosa que su nombre no ha podido representarla mejor: Energía Oscura, y no porque sea de las malas, tal como en la famosa saga de películas de George Lucas, sino por invisible e indetectable para nuestros sentidos.

Una posible explicación al origen de esta energía está en algo que profetizó el genial Albert Einstein que, intentando modelar un Universo estático –tal como antes se pensaba que era-, introdujo la llamada constante cosmológica, una fuerza de repulsión (como la gravedad pero de signo contrario) que mantendría el Universo sin expansión ni contracción. Cuando se descubrió que estaba en expansión y que, por tanto, no era estático, Einstein dijo que la constante cosmológica era el mayor error de su vida. Hoy, el mundo científico han vuelto a echar mano de esa  la idea para explicar, con esa fuerza de repulsión, la aceleración del Universo.

Desde su descubrimiento hasta hoy, la comunidad científica ha podido comprobar que la Energía Oscura tiene una presencia enorme en el balance energético del Universo, el 70%. Pero no solo esta energía es oscura, existe otro elemento oscuro e igual de extraño: la Materia Oscura –de la que hablaremos en otra ocasión- y que constituye el 25% del total de la energía y masa Universal. La podemos medir por su efecto gravitatorio en las galaxias pero no podemos verla. Entonces ¿Qué porcentaje le corresponde a nuestra materia, de la que estamos hechos, la que podemos tocar, ver o medir? Solo un 5%, otro gran golpe para la vanidad humana.

Hace nada, todos los seres humanos pensábamos que la Tierra era el centro del Universo y las estrellas, puntitos insignificantes que nos cortejaban cada noche para mayor gloria nuestra. Luego empezamos a pensar que el centro del Universo no éramos nosotros sino el Sol, nuestra estrella, y que aparte de él y los planetas, el resto era puro decorado. Después comprendimos que somos una insignificancia en un Universo que se expande por casi catorce mil millones de años luz de distancia. Y hoy sabemos que toda esa inmensidad, que a día de hoy solo estamos empezando a explorar y comprender, es solo el 5% de lo que hay y que el otro 95% está ahí, pero aún muy lejos de nuestra más simple comprensión.

Nunca antes un trabajo merecedor de un Nobel descubrió tanto ni dejó tanto trabajo a las generaciones venideras, ya que ha planteado el mayor reto jamás propuesto a la Física: arrojar algo de luz sobre tanta oscuridad.

 

Juan José Narváez Rueda

Asociación Astronómica del Campo de Gibraltar, Luz Cero.

2 comentarios

  1. Gracias Juan José por divulgar de forma tan amena los problemas planteados con las mediciones actuales. Es una forma de poner un poquito de luz entre tanta sombra.

Responder

(Spamcheck Enabled)