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El efecto mariposa

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Saludos, terrícolas. Según la Real Academia Española, una de las acepciones del término debatir se basa en la vertiente guerrillera de la palabra. De hecho, este libro magno de la lengua castellana señala que también puede señalar una lucha con resistencia entre dos partes.

El debate sobre el estado de la nación así fue, una pelea entre dos bandos que se pelean por no extinguirse. Un partido de tenis hubiera tenido más argumento para los ojipláticos espectadores. Los balones y los capotazos azotaron al público de manera desmesurada. El pueblo tiene memoria y sabe de sobra que los guiones que leen sus líderes fueron intercambiados después de las urnas. Vuestro presidente, Mariano Rajoy, defendió a capa y espada su buen hacer por el futuro de los españoles. Mientras tanto, Alfredo Pérez Rubalcaba, adalid de la oposición, apuntaba que si su partido llegara al Gobierno, solucionarían todo con una varita mágica que sólo ellos poseen. Me suena ese discurso, aunque sea desde distintas bocas. Para los que se perdieron la conversación, puedo resumirla en “vamos bien”, “vamos mal” y algún que otro “no me considero español”.

Como dice un sabio proverbio africano, cuando luchan dos elefantes, sólo sufre la hierba. En este caso, el follaje está harto de pantomimas y escenificaciones desde los púlpitos. Ven como sus líderes sólo construyen castillos en el aire, muy por encima de sus egos, y estas medidas no repercuten en los monederos y bienestar de los ciudadanos.

Por ello, el 23F se convirtió en un nuevo intento de llamar la atención por parte de la población. Seguramente, los detractores de estas marchas volverán a bajar los números de asistencia y se acogerán a la politización de estos eventos. Las batas blancas, las camisetas verdes y negras se mezclaron con una multitud cada vez más multicolor.

La fecha, que debía olvidarse por el intento de golpe de Estado, volvió con más fuerza y con nuevos subtítulos. Cambiar a los que mandan es la misión, el contexto, las formas y los protagonistas no son los mismos.

Os veo desde arriba, no quiero fijarme en los grandes focos y aglomeraciones de manifestantes. Prefiero quedarme con los pequeños detalles, con esas historias que me hace recuperar la fe en vosotros. Esta semana, dos hombres decidieron luchar contra los bancos cruzándose de brazos. Así de sencillo, no hicieron nada. Este par de sujetos son bomberos, se les obligó que abrieran una puerta de una mujer de más de 80 años. La casa no estaba en llamas ni la anciana estaba en peligro de muerte. La entidad financiera le quería quitar la vivienda. Sólo eso. Los profesionales dudaron y volvieron al camión para esperar su castigo por rebeldía. Desde ese gesto, el cuerpo de bomberos de otras comunidades como Cataluña, Madrid o La Rioja, han seguido sus pasos y se negarán a participar en cualquier desahucio. Un sacrificio, un espaldarazo a tiempo y todo es empezar.

Con este acontecimiento, que roza el calificativo de anécdota, sólo quiero animaros a cambiar desde vuestra casa. Una pequeña modificación que hagáis a título personal, puede ser un ejemplo para otros. Hasta la semana que viene y un abrazo marciano.

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