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Fines, medios, mediocres

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Si el rol de contrapoder saliese a subasta, dos apuntes: en primer lugar, me lo creería perfectamente. En segundo lugar: desata mi curiosidad pensar quién podría ser un buen postor a esta magna responsabilidad. Pienso automáticamente en nombres dignos de periodistas que han demostrado con creces su honestidad y su valía. Pero también en figurantes de la alta economía especialmente interesados en adquirir este papel que, en cualquier país sentido consigo mismo, siempre ha desempeñado la prensa y el periodismo.

Todo viene a cuenta de las palabras de Juan Luis Cebrián, exdirector de El País (eran tiempos mejores) y ahora presidente del mismo periódico. “Solo un periodismo profesional puede servir de contestación al poder”. Cabría preguntar cuáles son las expectativas de este señor de cara a diez, quince o veinte años, cuando el término profesional sea equiparable al de precario. Uno ya se ha echado andar por ciertos derroteros al tolerar una reducción de plantilla de 129 personas, aumentando la sangría de la profesión. Incluso cabría preguntar qué es para Cebrián “contestar al poder”, más allá de informar testimonialmente y por decoro sobre el asunto GAL que tumbó el felipismo hace unas décadas gracias a las embestidas del por entonces incipiente primer rival del diario de Prisa que dirigía (y aún dirige) Pedro J. Ramírez.

Cebrián cree que solo un medio solvente es capaz de considerarse un prolífero contestatario al poder. El problema es cuando se confunden, y parafraseo a Enric González y a sus Memorias líquidas, medios y fines. Durante muchos años, El País no ha sido un fin para ejercer el contrapoder aunque ha sido solvente para ello. Durante muchos años, lo que ha sido El País es un mero medio para lograr que su editora fuese solvente. Por ello, en las páginas del diario de Prisa se promocionan y publican críticas y crónicas de obras asociadas a la empresa, entre otras minucias. Al menos, las llamadas entre las carteras ministeriales y la redacción ya no son tan presumidas como antaño. Definitivamente, eran tiempos mejores.

Si el rol de contrapoder saliese a subasta, un último apunte: asumiría que ya está (mal) vendido. A los mejores periódicos de nuestro país, que padecen y disfrutan de los mismos males y vicios que el resto de la prensa mediocre a la que nos han acostumbrado en España.

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