Portada Ciencia y Tecnología El museo de las (y los) caras de Bélmez

El museo de las (y los) caras de Bélmez

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Hay quien sigue diciendo que el de las “caras de Bélmez” es el mayor misterio paranormal de todos los tiempos. Y en realidad ocurre lo contrario: que aquello que empezó con un rostro de Cristo penosamente garabateado en el suelo de una cocina llegase a copar las primeras planas de muchos medios de la época sólo se explica por el contexto en que surgió y, sobre todo, por la mucha cara que le echaron algunos, desde parapsicólogos de pacotilla a directores con muchas ganas de aumentar la tirada de sus medios. Pero, bien mirado, aquel vodevil de caras mal pintadas, cuentos para no dormir sobre cementerios expoliados y crímenes medievales de pacotilla, voces del Más Allá que preguntaban por una pensión para pasar la noche, actas notariales que dan fe de que precintaron una habitación pero se olvidan de contarnos si pasó algo en su interior, y otras mil escenas más cómicas que trágicas, lo que configuran es una historia más digna de una película de Berlanga que de un trhiller paranormal de M. Night Shyamalan. Y por mucho que aún haya quien quiera resucitar el fenómeno, lo único realmente serio que hubo en todo aquello fueron los intentos de rentabilizarlo, bien visibles desde aquella primera publicación de la noticia en el Ideal de Granada del 16 de noviembre de 1971, en la que la foto más grande es la de María Gómez, la dueña de la casa, armada con un lote de las fotografías que iba vendiendo a los curiosos que acudían a ver su “Santo Rostro”.

La primera noticia publicada sobre las "caras de Bélmez". A la derecha, la foto de la propietaria de la casa con las fotografías que vendía a los turistas por la bonita cifra de diez pesetas de la época.

La primera noticia publicada sobre las “caras de Bélmez”. Arriba, a la derecha, la foto de la propietaria de la casa con las fotografías que vendía a los turistas por la bonita cifra de diez pesetas de la época.

El fenómeno/negocio de las “caras” floreció durante aquellos inicios de los años 70, pero empezó a desinflarse tan pronto como empezaron las acusaciones de que las autoridades locales estaban recurriendo a la superstición más burda para intentar atraer turismo al pueblo. Y cuando Pueblo, el periódico que más había contribuido a difundir el cuento, reculó desmintiéndolo (con una historia casi tan inverosímil como las que había ido publicando cuando aseguraba que se trataba de un fenómeno genuinamente paranormal), las “caras” quedaron relegadas prácticamente al olvido, sin que la esporádica publicación de artículos en revistas “del misterio” o las noticias de la aparición de rostros tan conocidos como los de Francisco Franco o Isabel Preysler (sí, en serio) consiguieran reanimarlas.

Como tampoco lo consiguió la aparición de una nueva “casa de las caras”, un curioso movimiento que probablemente estaba relacionado con el férreo control que los herederos de María Gómez mantenían sobre la antigua. Las noticias sobre la nueva casa aparecieron incluso en alguna televisión nacional, o del apoyo oficioso del Ayuntamiento, pero aquello no llegó a cuajar: la vieja casa al menos mantiene un aire de residuo de la España cañí que le da un cierto encanto nostálgico, pero los turistas que visitaban la nueva apenas podían contener la risa ante el espectáculo de unos supuestos parapsicólogos que escenificaban unas investigaciones de chiste y unas “caras” que dejaron de mantener su forma en cuanto el investigador valenciano Paco Máñez explicó cómo las habían pintado con agua.

Las "caras" de la nueva casa. Sin comentarios.

Las “caras” de la nueva casa. Sin comentarios.

Pero miren por donde, a estas alturas lo de las “caras” vuelve a surgir para intentar convertirse no solo en, como lo califica el periodista Javier Cavanilles, “el misterio paranormal más cutre de todos los tiempos”, sino también el más caro. Y es que, con la que está cayendo, el pasado domingo fue inaugurado el “Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez”, un proyecto con el que el municipio (apoyado por la Diputación) vuelve a apostar por la credulidad y la superstición como gancho turístico. Presidieron el acto el alcalde del pueblo, Pedro Justicia, y el presidente de la Diputación Provincial de Jaén, Francisco Reyes, que posaron muy sonrientes para la foto de la inauguración, con la satisfacción de haber canalizado el dinero público para la financiación del Centro. Quien no estaba, sin embargo, era ningún representante de la Unión Europea, que también debería haber estado allí: al fin y al cabo buena parte de la pasta la han puesto los Fondos Europeos para el Desarrollo Rural, como explica alegremente un tríptico publicado por la propia Diputación.

Procedencia de los fondos destinados al disparate, según la propia Diputación Provincial de Jaén.

Procedencia de los fondos destinados al disparate, según la propia Diputación Provincial de Jaén.

Pero claro, que en plena época de crisis y austeridad forzosa, en un país con una tasa de paro estratosférica y acuciado por escándalos no solo de corrupción, sino también de despilfarro de fondos públicos, cabe suponer que ningún representante europeo hubiese puesto muy buena cara asistiendo a la consumación de semejante disparate. Y, además, tampoco hacía falta que saliera en la foto: como hemos visto, en Bélmez de la Moraleda sigue habiendo caras de sobra.

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