Los sucesos de la Mano Negra

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1878

La Historia de los movimientos sociales en la contemporaneidad, así como el asociacionismo obrero, ha dejado importantes episodios a nivel general, pero también en ámbitos más concretos, como el que voy a analizar, el de los llamados “sucesos de la Mano Negra”, un episodio muy interesante para el conocimiento del desarrollo del anarquismo y el movimiento obrero en España – y más concretamente, en Andalucía-, y la actuación que lleva a cabo el Estado en respuesta a todo esto.

Nos remontamos en este caso a la campiña jerezana durante el gobierno del Partido Liberal, con Sagasta al frente, en un contexto general de la época dela Restauración en España. En esta región, entre los años 1882 y 1883 van a tener lugar una serie de asesinatos y delitos relacionados con la quema de edificios y cosechas, que las autoridades atribuirían a una supuesta organización terrorista, de corte anarquista, llamada “La Mano Negra”. La existencia de esta organización y su relación con los hechos es algo que no está demostrado, pero en cualquier caso, las pruebas presentadas en todo el proceso judicial para mostrar la culpabilidad de los imputados se reducen a unos supuestos estatutos de la organización encontrados en el monte, debajo de una roca, por el comandante dela Guardia Civil, Pérez Monforte. Con el paso del tiempo, se ha demostrado que este documento está falsificado, y que se trataba realmente del reglamento de un Núcleo Popular dela Asociación Internacional de los Trabajadores.

Para entender mejor todo el proceso convendría echar un vistazo a la situación económica y social de Jerez en estos años. En este sentido, nos encontramos con una sociedad marcada por las enormes diferencias entre una minoría terrateniente y latifundista, y una gran masa campesina. Además, la economía se basaba principalmente en la producción y exportación vinícola, que sufre un duro revés a partir del verano de 1882. Todo esto, junto con la subida del precio del trigo y las duras condiciones laborales de los campesinos, con jornadas que podían llegar a durar hasta 14 horas diarias, va a propiciar un descontento del campesinado, y el levantamiento de éste para reivindicar sus intereses.

Nos encontramos, por tanto, ante un clima de conflictividad y protesta social por parte de los campesinos jerezanos, que están viendo cómo sus condiciones laboral y de vida van empeorando, y que encuentran en el anarquismo un medio de asociación y organización para lograr sus objetivos. Frente a la concepción milenarista y espontaneista del movimiento anarquista andaluz, propuesta por autores como Eric Hobsbawm, Temma Kaplan sostiene que se trataba de un movimiento racional y organizado, que lucha por los intereses comunes de un grupo determinado, y como principal prueba de ello documenta la presencia de tentativas de huelga desde momentos muy tempranos.

Esta amenaza de huelga será uno de los principales motivos de preocupación de la burguesía terrateniente andaluza, y conllevará una actuación estatal represiva como respuesta más inmediata. Sin embargo, por primera vez, los medios represivos del Estado van a ser insuficientes, y éste va a encontrarse con una situación que se escapa a su control, de manera que surge una nueva forma de actuación basada en la legalidad. Es decir, el Estado va a recurrir a procesos judiciales para sofocar estos levantamientos. En este caso concreto, se van a atribuir a la  organización “Mano Negra” una serie de crímenes, y se va a castigar a todos aquellos miembros que presuntamente pertenecieran a ella. Pero esta actuación va más allá, ya que se establece una relación entre la “Mano Negra” y la FTRE (Federación Regional de Trabajadores dela Región Española), una organización anarquista y sindicalista, de manera que todos sus miembros pasarían a ser posible sospechosos, y se desataría un ambiente de miedo entre los afiliados.

El proceso se desarrolló a lo largo de tres juicios, en los que se trataban los asesinatos de la Venta Trebujena,La Parrilla, El Alcornocalejo,la Venta de Cuatro Caminos y El Algarrobillo –donde se da el asesinato de Bartolomé Gago Campos, uno de los que tuvo mayor repercusión a nivel nacional-, entre 1882 y 1883, y en los que Pascual Domenech ejerció como fiscal dela Audiencia, con el objetivo de demostrar la relación de la “Mano Negra” con la FTRE y con todo el movimiento anarquista y sindicalista, y acabar así con los levantamientos campesinos. Finalmente, fueron condenados a muerte quince campesinos, siete de los cuales fueron ejecutados en la Plaza del Mercado de Jerez mediante garrote vil.

Pedro y Francisco Corbacho, Cristóbal Fernández Torrejón, Manuel Gago, José León Ortega, Juan Ruiz y Gregorio Sánchez Novoa fueron los ejecutados, pero no fueron las únicas víctimas de la persecución por parte de las fuerzas del Estado, ya que hubo otros casos de acusados que se suicidaron o fueron indultados por enfermedad mental – el caso de José León Ortega, quien, al parecer, se volvió loco durante su estancia en la cárcel- , pero que habrían corrido la misma suerte.

En definitiva, se trata de un episodio que refleja la importante presencia del anarquismo en Andalucía en la época dela Restauración, y como éste, junto a las malas condiciones de vida de los campesinos y la crisis agrícola, va a dar pie a una situación de levantamiento social que supone un gran peligro para la burguesía terrateniente y el propio Estado, que actúa a través de métodos represivos. Pero pronto será consciente de que ya no basta con ello, y utilizará todas sus armas jurídicas para inculpar a una serie de individuos pertenecientes a las asociaciones anarquistas, que supuestamente tenían relación con la “Mano Negra”, y a las que se atribuyeron importantes asesinatos ocurridos en estos años. De esta manera, el Estado sofocaba los levantamientos e intentaba evitar un mayor alcance de estos a través de la huelga.

Con el paso del tiempo, y a raíz de numerosas investigaciones, se ha descubierto que el papel encontrado por Pérez Monforte en el monte no era lo que en principio se dijo, y que el documento fue falsificado, de manera que, si bien no se puede asegurar rotundamente la existencia o no de la organización, al menos sí parece claro que el Estado le atribuyó los crímenes mencionados con el fin de sofocar unos levantamientos campesinos cada vez más frecuentes y que suponían un grave peligro para el propio aparato estatal y las instituciones.

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Licenciado en Historia de raíces algecireñas y con cierta influencia malagueña. Trato de perderme en tiempos lejanos, y otros más recientes, para acercar esa hermosa ciencia que es la Historia al mayor público posible, divagando a veces en mis propias reflexiones sobre el ser humano, su complejidad y su huella en el tiempo y la memoria a través de sus actos. Creo firmemente en la divulgación cultural y su importancia para la sociedad.

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