LUCA

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En un evento como Naukas Bilbao 2012, las jornadas de divulgación científica más importantes de España, es lógico que se hayan pronunciado muchas frases impactantes. Y una de las que más me llamaron la atención la pronunció Carlos Briones, investigador del Centro Español de Astrobiología. La Astrobiología se ocupa del estudio de la vida en el Cosmos, y en ese sentido puede parecer una disciplina no solo exótica sino incluso fuera de lugar, pero nada más lejos de la realidad. Y Carlos Briones lo dejó muy claro a partir de una frase: “a partir de LUCA todo han sido ajustes finos“.

Pero primero vamos a conocer a LUCA, y para eso, como también hizo Carlos Briones, retrocederemos algo más de siglo y medio, cuando Charles Darwin iba atando cabos y dando poco a poco forma a su Teoría de la Evolución. Fue en julio de 1837 cuando, en uno de sus cuadernos de campo, Darwin trazó el esquema de lo que hoy se conoce como árbol filogenético o árbol de la vida, representando la forma en la que la diversidad biológica se fue ramificando a partir de un antepasado común. Darwin lo encabezó con un modesto “I think“, yo creo, pero, aunque los descubrimientos científicos lo han dotado de una mayor complejidad y aunque hoy en día se tienda a emplear otro tipo de representaciones, la idea básica sigue siendo vigente: la mayoría de los científicos están de acuerdo en que todos los seres vivos que existen actualmente, y todos los que conocemos a través del registro fósil, compartimos un único antepasado común. Estaría en ese tronco del que surgen las ramas del árbol de la vida, y es el denominado LUCA, acrónimo de Last Universal Common Ancestor.
Tras LUCA (o de un grupo de organismos, como sostiene un sector científico minoritario) aparecieron los grandes dominios, grupos de seres vivos: bacterias, arqueas y eucariontes. Y, si tienen curiosidad, nosotros nos encontramos en una ramita de este último gran grupo, el reino animalia; justo en el óvalo rojo de la imagen de la derecha. Y sí, es cierto que si nos echamos un vistazo en el espejo no parece que tengamos un gran parecido con una planta o un hongo (que en términos evolutivos prácticamente son nuestros primos hermanos) y, desde luego, no tenemos pinta de ser parientes de las bacterias, pero lo que Darwin supuso por deducción hoy lo sabemos con seguridad: todos los seres vivos compartimos una serie de rasgos comunes que muestran que nuestra ramita procede de ese único tronco en el que se encuentra LUCA, y nuestras diferencias son… bueno, ajustes finos, como decía Carlos Briones. Unos ajustes provocados por la presión evolutiva, pero que no han borrado esos rasgos que todos tenemos en común: nuestro código genético está codificado en cadenas de ADN y se expresa mediante cadenas de ARN, sintetizamos proteínas, empleamos exclusivamente los mismos aminoácidos y solo en isómeros L, obtenemos energía del isómero D de la glucosa… Estos y otros muchos procesos podrían ser igualmente eficaces de muchas otras formas o utilizando diferentes moléculas, pero lo cierto es que son así en todos los seres vivos, lo que nos lleva a concluir que procedemos de un organismo que, por la razón que sea, acabó teniendo esas características.

De modo que, como decía Carlos Briones, probablemente lo verdaderamente interesante sea saber cómo surgió LUCA y por qué tenía esas características; cuáles fueron los procesos que llevaron a su aparición a partir de unas cuantas moléculas inertes. Es muy probable que algunos de sus (y nuestros) rasgos básicos sean prácticamente inevitables: aunque hay alternativas, el átomo de carbono es el más idóneo para formar las complejas moléculas propias de los seres vivos, el agua en estado líquido también es el medio ideal para desarrollar las reacciones bioquímicas, y cualquier ser vivo probablemente necesitará una membrana que separe su interior, donde tienen lugar esas reacciones, del exterior, para lo cual la mejor alternativa es una doble membrana de lípidos. Pero muchos otros rasgos son, por así decirlo, “opcionales”, y el hecho de que LUCA y sus descendientes los compartamos no implica que no pudiera haber habido formas de vida con características diferentes en el remoto pasado de La Tierra. O que no pueda haberlas, incluso en la actualidad, en algún otro lugar del Universo.

Y ahí es donde entra en juego la Astrobiología. Descubrir vida en otro lugar del Universo (tal vez a la vuelta de la esquina, en algún satélite del Sistema Solar como Europa o Titán), o simplemente esforzarse por entender cuáles pueden ser los procesos que lleven a su aparición, no solo es una forma de aprender o especular con la biología alienígena: también, y por encima de todo, una manera de descubrir nuestro propio origen. Y en un mundo que ha hecho correr ríos de dinero -y sangre- defendiendo creencias supersticiosas sobre preguntas como esa de “¿de dónde venimos?” bien merece la pena dedicar algún esfuerzo para intentar encontrar la verdadera respuesta.

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La idea de 'Ciencia de papel' es que la divulgación científica no debe limitarse a mostrar el grano: también hay que separarlo de la paja y denunciar esas creencias parásitas que intentan hacerse pasar por conocimientos científicos. Esperemos lograrlo con la ayuda de ustedes.

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